Deliverance - Weapons of Our Warfare

Enviado por TenzaZangetsu el Sáb, 22/02/2014 - 22:11
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1. Supplication - 1:48
2. This Present Darkness - 2:47
3. Weapons Of Our Warfare - 4:25
4. Solitude – 6:03
5. Flesh And Blood - 7:27
6. Bought By Blood- 3:17
7. 23- 5:49
8. Slay The Wicked- 4:03
9. Greetings Of Death- 2:49
10. If We Faint Not- 4:25

Puede que existan infinidades de agrupaciones que merecían más en sus carreras y por múltiples motivos nunca lo lograron. Eso es algo totalmente entendible y plausible pero no me voy a dirigir a eso con esta reseña. No, señor. Aquí voy a tratar a una de esas bandas que no tenía los elementos para ser un gigante, un puto rey, pero si tenía para hacerse pasar por uno. Y con cierta gracia, si me preguntan. Los norteamericanos y cristianos Deliverance. Un fenomenal impostor de la realeza Thrasher.

Si algo está más que claro, es que la escena Thrash Metal, en 1990, estaba saturada de bandas. Esto puede ser visto como algo bueno o como algo malo. Incluso ambos. Es un asunto de perspectivas, por supuesto. Por un lado, era bueno porque teníamos a algunas decenas de grupos tocando un género de música extrema y agresiva que hace que a un servidor, por ejemplo, le hierva la sangre con una adrenalina sin igual. Como dije previamente, es un asunto de puntos de vista. 1990 también fue un año de consolidación para muchos exponentes de la movida Thrash Metal. Si hablamos de la conglomeración de entes conocida como The Big Four, podemos señalar que, en ese año, los siempre polémicos Metallica estaban preparando el aún más controversial pero solido álbum homónimo, Megadeth se asentaban como hegemonía virtuosa de la escena con el sempiterno Rust In Peace, Anthrax seguían con su carrera alegre y diplomática con el más serio pero certero Persistence Of Time y Slayer alcanzaban el punto comercial más alto de su carrera con el carnal pero enfocado Seasons In The Abyss. Si nos enfocamos en terrenos más “humanos” y underground, los poderosos Testament sacaban su lado “amigable” en la forma del excelente Souls Of Black, Exodus no se amilanaban con Impact Is Imminent, Kreator aterrorizaban a Europa con Coma Of Souls, sus compatriotas Destruction seguían haciendo de las suyas con Cracked Brain, Forbidden acechaban con ese magistral Twisted Into Form, Flotsam And Jetsam aflojaban un poquito con When The Storm Comes Down (los dos primeros son ejemplos de aristocracia metalera) o los siempre batalladores Annihilator del imbatible Jeff Waters con su Never, Neverland. Siguiendo por derroteros más extremos pero sin negar la influencia Thrash, los Death del mítico Chuck Schuldiner seguían su marcha implacable con Spiritual Healing (álbum clave en el porvenir del gurú del Death Metal), Napalm Death estrenaba alineación con Harmony Corruption, Celtic Frost parecían ver la luz oscura con el irregular pero encaminado Vanity/Nemesis y así con una infinidad de bandas. Y todo eso sin mencionar las joyas brutales y desgarradoras que estaban siendo fabricadas en los castillos del horror Thrasher para 1991 por parte de grupazos como Heathen, Overkill, Sepultura, Metal Church, Dark Angel, Morbid Angel y muchos otros, para nuestro disfrute. Un paraíso para cualquier amante de la música violenta pero… ¿Dónde quedan nuestros protagonistas, Deliverance, en esta historia repleta de anti héroes deseosos de ser el personaje principal? Ellos, con una armadura negra como el carbón y un corazón aparentemente “puro”, buscaban su pedazo de cielo metalero. Todos quieren algo de la torta, ¿Por qué uno no puede hacer lo mismo? Y así lanzan al mundo un vendaval de riffs salvajes pero precisos en la forma de este Weapons Of our Warfare. 1990 fue un año clave para el Thrash Metal, género que no pensaba que estaba en su estertor generacional y, ¿por qué no?, musical.

Deliverance habían debutado con un estupendo y arrollador álbum homónimo en el ’89, demostrando a las primeras de cambio su propuesta de degollar y masacrar sin pensarlo dos veces. Ya daban algunas señales de no ser pura violencia con una producción que generaba un bajo audible y una batería clarita, algo poco usual en el Thrash. Si algo los hacía sobresalir, era la naturaleza religiosa de su mensaje lírico pero no de una manera despectiva o peyorativa, resultando en algo de muy mal gusto. No, en absoluto. Lo que hacen estos norteamericanos es usar sus creencias y enfocarse en una temática bélica que puede gustar a más de un agnóstico sediento de violencia. A Tenza le gusta, no sé ustedes. Indiferentemente de lo que hablen en sus canciones, es la música lo más importante y déjenme decirles que Deliverance cumple en ese departamento. Si en su primer álbum mostraban maneras, en Weapons Of Our Warfare alcanzaban su zenit colérico y potente pero de manera más profesional. Aquí impera una metodología de Thrash Metal agresivo y afilado pero beneficiándose de una producción soberbia y una ejecución más técnica. Leí que la banda no estaba conforme con el sonido de la guitarra en el álbum pero desde el punto de vista de un oyente, creo que está muy bien y tiene el suficiente filo para que el metalero de estirpe asienta con placer. El Thrash tampoco se trata de perfección sonora, sino de romper cuellos a altas revoluciones. El vocalista y guitarrista de la banda, Jimmy Brown, posee una voz que puede descender a tesituras más sucias como todo buen Thrasher pero capaz de volar en tonalidades más altas y melódicas, reminiscentes a cantantes como Belladonna, Russ Anderson (de Forbidden) o Godfrey-White (de Heathen), quienes tendían a utilizar un estilo de canto más tradicional y orientado al Heavy Metal clásico. Los instrumentistas tampoco eluden los momentos melódicos y agradables al oído, convirtiendo toda esta experiencia auditiva en algo más íntegro y solo un poco más variado. Porque aquí sigue habiendo tralla de la buena pero aplicada serena y sabiamente. Este tipo de ideología la aplicó Slayer con South Of Heaven y Seasons In The Abyss pero en su vertiente más sangrienta y demoledora. Deliverance no han innovado un carajo, colega. Pero saben hacer una imitación excepcional y te escupen un Thrash demoledor como pocos.

Párrafo aparte se merece la portada, debo decir. Es una de esas imágenes que se te quedan en la cabeza y te incita, te demanda, que escuches su contenido. El hombre con unas escrituras, a punto de ser atacado por una bestia feroz pero siendo salvado por un guerrero alado y cubierto por un manto de luz. Obviamente una referencia a la lucha interna que todos vivimos, donde las emociones negativas y positivas forcejean para ver quién podrá tener el último toque en los latidos de un incesante corazón. Pero desvarío, señores. La versión original del álbum cuenta con una portada similar pero con algunas diferencias. En lo personal, gusto más de esta ilustración porque la siento más colorida y completa. No dictamina la calidad de las canciones pero la presentación es importante.

Luego de haberles recordado una cantidad respetable de clásicos extremos que estaban siendo desencadenados desde las puertas del Rey de los Infiernos, creo que es tiempo de saber que estaba a punto de salir de las Puertas del Paraíso. Tal vez es ese mana sacro que ha estado injustamente sepultado en lo profundo de las arenas del tiempo. Tal vez…

El género se estaba volviendo más complejo y, me atrevería a decir, elegante, por lo que deciden soltar una introducción con mucha clase llamada Supplication. Luego de algunas voces, deciden hacer algo muy a lo Metallica y tocan unas melódicas notas en guitarras acústicas. No tarda en llegar la instrumentación eléctrica y galopar con una melodía muy buena hasta que desemboca en el primer trallazo, This Present Darkness. La batería nos congrega a una de esas fiestas salvajes de pura intensidad y riffs primitivos, recordando lo que era el estilo en sus imberbes comienzos a principios de los 80s. Un tema corto pero estándar, tocando con mucha energía y con Brown cantando en un estilo que no termina de ser agresivo pero tampoco melódico, reminiscente a lo que hacían algunos vocalistas en esos tiempos. Es en los solos donde la canción brilla porque ambos guitarristas se dan gusto con sus seis cuerdas, resultando en el aspecto más intricado y fascinante de la cuestión. Voces de pandilla, riffs gordos y acelerados, batería machacona… Thrash, caballeros. Un buen tema pero siendo sincero, no me vuelve loco. Hay mejores en el álbum, si me apuran a decirlo.

La cosa empieza a mejorar con el tema título, tomándose su tiempo en despuntar pero con un gran pozo técnico en toda la cuestión. Están esperando el momento para dar ese golpe fulminante para acabar contigo. Y ese riff solitario lo delata, resultando en el inicio del festín de mosh. Brown canta con malicia y Hyde sigue destrozando la batería. Fenomenal estribillo melódico, con un agudo por ahí suelto. Cabe señalar que Ochoa está en estado de gracia en todo el trabajo, haciendo lo que desea con su guitarra en los solos. Un tema que bebe del Thrash pero no se avergüenza de herencia Heavy. Los solos son buenos y siguen una cierta estructura, sin sacrificar la pericia o la potencia. Aquí, con esta pieza, ya la cosa se muestra más interesante. Ojo a ese “huh!” tan Warrior de Celtic Frost. Muy bueno.

La cuarta munición es Solitude y muestra a la banda marchando por derroteros más elaborados, terminando en un corte de lo mejor que han hecho. Inicia agitada pero se vuelve más lenta en las secciones vocales, donde Brown realiza una fenomenal interpretación y no carente de gancho, si me preguntan. Una canción hecha con muy buen gusto y diseñada para ser ese nexo entre lo extremo y lo melódico. Un Anthrax más serio, señores. Grandes harmonías de guitarras por parte de Brown y Ochoa en las guitarras. Hyde sigue con el doble bombo y no parece detenerse en ningún momento. Este es un corte donde impera la técnica sobre la testosterona y el salvajismo. Una de las mejores creaciones del álbum y de los mismos Deliverance. Acaban la cosa como si fuera un concierto; no sería una mala opción para finalizar dichos actos.

Flesh and Blood inicia con deseos de arrancarte la yugular y no carente de la influencia de Exodus, mostrándose como el corte más duro hasta ahora. Ese riff solitario es usado en toda la obra y dependiendo de tus gustos, puede llegar a ser algo cansón. El vocalista sigue volando por encima de las bombas extremas que salan sus camaradas y no puede evitar ser algo muy atrapante. Más voces de pandilla y ritmos trepidantes, llenos de adrenalina. Todos los clichés del Thrash Metal son aplicados aquí pero con buenos resultados, sin aburrir al oyente. A mediados del tema, la cosa cambia en un giro de 180 grados con un solo calmado y lleno de sentimiento, con cierto deje Iron Maiden. Eso no dura y vuelven al asalto con solos que Kerry King y Jeff Hanneman de Slayer hubieran deseado haber creado. Gran corte, lleno de riffs portentosos y fuertes. El álbum aquí comienza a alcanzar su máximo potencial: en su ecuador.

Del tema más longevo vamos a uno más corto, ambos vinculados por la temática de la sangre. Bought By Blood es una ametralladora de violencia metalera, pero que no termina de despuntar en algunas partes del mismo. Francamente, me parece de lo más descartable del álbum. La mejor parte son los solos y podemos ver algo más de Hyde en la batería.

Siempre he tenido la percepción de que todo grupo de Thrash que se respete de ser parte de este parroquia tan particular, debe tener su propio Fade To Black. Los Deliverance encuentran la suya en la forma de 23. Los inicios entre acústicas y guitarras eléctricas sentidas no distan en absoluto de lo que hicieron las huestes de Ulrich y Hetfield en el ’84 pero está más que claro que Brown tiene una voz más que adecuada para atreverse con estas tesituras. Hyde muestra que no es puro doble bombo y puede aclimatarse a diferentes estilos. El estribillo es brillante y pocas bandas de esta vertiente se han atrevido con una canción de esta calidez y sentir. Uno de esos temas que te hace apreciar la entereza del espectro metalero y te demuestra que no todo debe ser tralla brutal para probar que tienes un Heart Of Steel. Nuestro frontman se atreve con las notas altas más de una vez y prueba que está cómodo en este escenario más meloso y agradable para los oídos suaves. La segunda parte, dejan salir todos esos solos que han estado conteniendo en toda la canción con una inquietud pasmosa pero no menos precisa, complaciendo a un servidor. Retornamos a los sectores acústicos y preciosistas, donde empezó esta joyita del underground. Final apoteósico pero calmado. No siempre lo mejor es lo grandilocuente o violento, sino lo elegante y sentido.

Con más voces pregrabadas, la banda vuelve a la matanza con Slay The Wicked. Si 23 les pareció pura cursilería comercial, esta canción deberá emocionarlos una vez más. Aquí Brown canta con desdén y la batería llega a una velocidad remarcable en el estribillo. Los riffs son pesados y soltados, mientras que el bajo de Khairullah se mantiene por su cuenta por debajo de las seis cuerdas. Que voz la del vocalista, señores. Así si provoca trabajar y reseñar. Cambio de ritmo brutal en los solos, donde aumentan las revoluciones y dejar ir su lado más primitivo y simplón. Eso sí, simplón del bueno. Al final acabaras gritando desafinado “SLAY THE WICKED!!!!”.

Greetings Of Death era parte de su demo de 1986 y se nota porque su espíritu y forma de ser empleada es 100% salida de ese año glorioso para el Thrasher de corazón. Una granada brutal y sin ningún tipo de gesto técnico ni nada por el estilo. No, aquí impera la potencia y el musculo guitarrero en toda la cuestión. Empieza salvaje y acaba así. Fenomenal corte para el que este más sediento de sangre.

Yo soy un sujeto que piensa que los álbumes deben acabar con un bombazo, una gema de esas que te dejan toda la cuestión con buen sabor de boca y con una impresión positiva del trabajo que acabas de catar. If We Faint Not trata de lograr esos objetivos y por algunos momentos pienso que lo va a lograr pero no sé, nunca me ha terminado de convencer. Es una pieza prometedora y se nota como el combo la toca con el alma pero, paradójicamente, siento que se están conteniendo. Este es el momento donde deberían dejarlo ir todo y romper cuello, pero no lo hacen. Una canción irregular pero no dudo que gustara a más de un adicto de la buena tralla.

Bueno… debo decir que mis reacciones luego de escuchar Weapons Of Our WarfareDeliverance no innovaron nada en relación a lo que el género estaba manufacturando en esos tiempos pero eso no les resta un ápice de calidad, en lo absoluto. Aquí tenemos una buena compilación de riffs agresivos, baterías directas y vocales capaces. Un excepcional recordatorio de lo bueno que era el Thrash antes de alcanzar su inminente saturación, que no estaba muy lejos de llegar luego de la salida de este trabajo. Si ya estas harto de escuchar a los grupos que he mencionado, te estarías haciendo un favor al darle una oportunidad a estos norteamericanos, en especial a este álbum, donde volaron muy alto y casi alcanzaron el Reino de los Cielos.

Afortunadamente, contaron con un video musical del tema título. Aquí está. Disfruten.

Cuatro cuernos (Medios) para Weapons Of Our Warfare. Uno de esos trabajitos underground que lo hacen feliz a uno. Tremendo año, ese 1990. Good times, good times…

• Jimmy P. Brown II – Vocales, guitarra
• George Ochoa - Guitarra
• Chris Hyde - Batería
• Brian Khairullah - Bajo

Sello
Intense Records