Deep Purple - Stormbringer

Enviado por El Marqués el Mié, 08/04/2015 - 20:22
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1. Stormbringer
2. Love Don´t Mean a Thing
3. Holy Man
4. Hold On
5. Lady Double Dealer
6. You Can´t do it Right
7. High Ball Shooter
8. The Gypsy
9. Soldier of Fortune

Como pasa con la mayoría de las obras de arte que ha creado el ser humano, no es muy difícil contextualizar la creación de “Stormbringer”, noveno disco en la carrera de Deep Purple y último que registraron en la década de los 70 con Ritchie Blackmore al frente.

El Mark II se había roto con la salida de Ian Gillan y la expulsión de Roger Glover en 1973. Sus sustitutos, aquel joven caballero inglés desconocido de frondosa melena al estilo dios vikingo o Robert Plant que respondía al nombre de David Coverdale, junto al ex frontman de Trapeze Glenn Hughes, habían cogido muchísima fuerza en el engranaje del quinteto con su contribución en la época “Burn”, hasta el punto de amenazar el liderazgo, prácticamente indiscutido hasta entonces, del Hombre de Negro.

Como decía Jon Lord, por mucho que Blackmore hubiera manejado el timón desde que se pusiera al frente de la nave y la llevara a la cima a partir de “In Rock”, era demasiado colega, y desde hacía demasiado tiempo, del teclista y de Ian Paice como para limitarse a darles órdenes sobre cada nueva dirección, sobre el rumbo a tomar con cada nueva aventura. Su carácter mandón por lo tanto habrían de sufrirlo los nuevos, pero David y Glenn demostraron desde el principio, como lo han seguido haciendo a lo largo de los últimos cuarenta años, que habían nacido para ser líderes, y no sólo le salieron respondones al creador del riff de “Smoke on the Water” en lo personal, sino que en lo musical también iban a causarle un buen número de dolores de cabeza al inundar su terreno con estilos como el Soul y el Funk Rock, en los que ambos se desenvolvían como no se había visto antes en el mundo del Hard Rock.

No es que a Blackmore le asustara experimentar, me vienen a la cabeza los inevitables inicios psicodélicos, y sobre todo aquel buenísimo y pseudo country “Anyone´s Daughter” que escribió para “Fireball”, y que recuperaría para la gira del “Battle Rages On” en plena década de los 90, pero no cabe duda que el enfoque Sam Cooke//Wilson Pickett/Sly Stone/James Brown que habían traído dos maestros, pese a su juventud, como su bajista y su cantante, terminaron por abrumarle haciéndole tomar la decisión de largarse para montar una banda en la que pudiera plasmar libremente todas sus ideas musicales. En esa banda habría de tratar con individuos “sin personalidad” como Ronnie James DIO, Joe Lynn Turner o Graham Bonnett el amigo, pero vaya, esa es otra historia.

Hughes llegó a confesar que era tal el desinterés de Ritchie hacia los nuevos temas que en uno en concreto, “Holy Man”, se le sugirió que interpretara sus partes a la guitarra con el slide, y que Blackmore respondió echando una mirada a las herramientas desparramadas por el estudio, tomando un destornillador que deslizó por el mástil a modo de slide. Genio y figura una vez más no sabía actuar de otra manera, y de hecho aún en los peores momentos su carácter es tan fuerte que se las arregló para que ninguna de esas canciones que se alejaban de lo que él entendía debía ser la línea a seguir por Purple entraran en el repertorio para el tour en directo.

Entrando en el contenido musical, y sin atenernos al orden original de los tracks, “Love Don´t Mean a Thing” y “You Can´t Do it Right” son los dos temas más abiertamente anti Purple Mark II. La primera cuenta con una ambientación muy suave, light incluso, pero es una delicia escuchar la alternancia de las dos voces, Coverdale más reposado y sensual, Hughes ardiente, formando una dupla insuperable, al estilo cualquiera de las poderosas gargantas del Hard 70´s británico y americano. Tenemos en el centro unas incisivas notas de algo parecido a un talk box, y solo al final Ritchie parece desmelenarse un poco con un punteo más fiel a su estilo acompañando el elegante cierre de la canción.

Con “You Can´t…” nos encontraremos más adelante, es una canción con un ritmo muy vivo que recuerda a la inmortal “Trampled Under Foot” de Zeppelin, que escucharíamos algo después, y un marciano solo de teclados con los que Lord disfrutaba como un enano. Pese al vigor del riff, es el tema en que Blackmore está más ausente.

“Holy Man”, la del destornillador, es otra maravilla más próxima a unos Roxy Music que al universo púrpura, con coros soul, percusiones de platillos y escobillas, notas de guitarra que parecen gemir y ambiente general de madrugada en un ático acristalado mientras las burbujas suben dentro de las copas de cristal de bohemia. El punteo central es sublime. Adelantándose en 20 años al trovador real en que se convertiría hacia 1995, Ritchie aparece entre los arbustos al estilo Cyrano para susurrar con sus notas a los amantes lo que tienen que decirse.

Y “Hold On”, el tema que el Hombre de Negro admitió que odiaba, es el mejor de este bloque de canciones dominada por el nuevo espíritu classy de la banda inglesa. La sensación global que transmite es que estamos ante una impresionante tonada del mejor Rock, con nuevo intercambio en las voces para entonar unas estrofas que suenan a gloria, un final de órdago con otro solo de Lord al que sigue Coverdale cantando con la fuerza de un auténtico soul man sobre los omnipresentes coros, sencillos pero envolventes como pocos habremos escuchado, y por encima de todas las virtudes de este temazo, el solo central de Ritchie, que grabó con la misma desgana con que hizo todo el álbum, pero en una sola toma y logrando un resultado abrumador: Es una de las mejores interpretaciones a la guitarra solista que he oído, de esas que cuando escuchabas por vez primera, sin haber entendido ni logrado entrar todavía en el disco, te hacía constatar que no habías tirado el dinero.

Estas son las cuatro canciones que se salen más claramente del estilo más recordado y celebrado de los Purple de Gillan y Glover. Apuntando a aquel terreno, al del Mark II, está la dinámica y merecedora de todo elogio “High Ball Shooter”, con el bigotudo teclista y Coverdale erigiéndose en amos y señores absolutos, y las cuatro obras de arte restantes.

El title track, con su texto inspirado en la figura del héroe de la literatura fantástica Elric de Melniboné, y “Lady Double Dealer” son dos trallazos dignos de figurar en lo mejor del set list global de esta banda, “The Gypsy” es una portentosa pieza en la que se aúnan el Coverdale que encontraremos cientos de veces en el futuro al frente de Whitesnake, y el Blackmore que crea como nadie esas filigranas de rock medieval que igualmente trabajará a conciencia en Rainbow a la hora de componer piezas como “Sixteenth Century Greensleeves”, “Snake Charmer”, “Self Portrait”, “Lady of the Lake” y demás.

“The Gypsy” sí pasó a formar parte del repertorio en vivo, y de manera oficial podemos oír una extraordinaria versión en el directo de París que se editó en 2001 y se ha reeditado hace nada como el último show de Purple con su iracundo guitarrista al frente. La banda suena, en especial entre los minutos cuatro y cinco, como si de un batallón de artillería en pleno combate se tratara, pero Blackmore se asegura de no tomar prisioneros ni siquiera entre las líneas amigas, y comerse con la stratocaster a sus cuatro compañeros.

Por si todo esto fuera poco, el tema que quedó para el final es otro de los grandes momentos en la vida de cualquiera que ame este tipo de música, a Jon Lord, a Blackmore o al legendario líder de la Serpiente Blanca: “Soldier of Fortune”, la balada hard por excelencia junto a “Stairway to Heaven”, “Love to Love” y “The Temple of the King”: El tono de epicidad en el mejor y más maduro de los sentidos es magistral una vez más, el sentimiento pone los pelos de punta, la melodía vocal un prodigio, y las capas a modo de orquesta que crea Lord hacia el final eran privilegio de los más grandes. Esto te lo hacía Brian May en “Killer Queen”, y muy pocos más.

El resto es historia. La gira posterior rayó como de costumbre a un nivel extraterrestre, unos Blackmore, Lord y Paice llevaban sin parar de hacer música, grabarla e interpretarla por toda la esfera terrestre desde 1968, y de los shows en varias ciudades europeas en la primavera del 75 salió el “Made in Europe”, un directo con cinco temas que durante décadas fue, junto al también sencillo “Live in London”, lo único que pudimos disfrutar en audio del Mark III sobre las tablas. Posteriormente han aparecido cientos de grabaciones, el show en la ciudad austríaca de Graz por ejemplo, celebrado el 3 de abril de 1975, hace estos días cuatro décadas, es el cuarto volumen de la serie “Official Deep Purple (Overseas) Live Series” que venimos disfrutando desde 2012, y lo cierto es que una música que nunca se cansa uno de escuchar.

Hasta hace pocos años muchos fantaseábamos con la posibilidad de que este line up de leyenda se juntara para hacer algunos shows puntuales, el histórico mal rollo entre Gillan y Blackmore hacía pensar que si un día The Man in Black decidía volver a tocar rock duro bien podía ser al volante de este Lamborghini, pero con la muerte de Jon Lord hace tres años ya todo se fue al garete.

Una putada, toda vez que Hughes y Coverdale estaban dispuestos, y según el bajista hasta Ritchie habría mostrado cierto interés. “Cuando vea el contrato por escrito”, dijo el viejo Jon Lord, una de las últimas lecciones de sabiduría que impartió el mejor teclista de todos los tiempos con permiso de Jerry Lee, Keith Emerson y Rick Wakeman.

David Coverdale: Voz
Ritchie Blackmore: Guitarra
Jon Lord: Teclados
Glenn Hughes: Bajo, Voz
Ian Paice: Batería

Sello
EMI