Death - The Sound Of Perseverance

Enviado por DevilSeed el Mié, 05/01/2011 - 04:36
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Hace ya 9 años que el mayor genio que ha podido parir del death metal nos dejó tras una ardua lucha contra el cáncer en la que lejos de parar su actividad, siguió trabajando y deleitándonos con sus magníficas creaciones.
Sin embargo el genuino Chuck Schuldiner se ocupó personalmente de dejarnos un legado abundante y muy rico, para que su arte congelado en el tiempo pudiese ser degustado y compartido por cualquier persona, en cualquier momento.

Este legado incluye desde los demos de su primera banda Mantas hasta su etapa más tardía y progresiva con Control Denied, pasando por sus colaboraciones con el supergrupo Voodoocult y todos sin desperdicio, pero cuando resuena el nombre de Chuck por alguna parte a todos se nos viene a la cabeza una banda, una historia, una gran influencia… todas bajo un mismo nombre: Death.
Y es que Death supone gran parte del legado imperecedero que este músico nos dejó. Supone también una banda que definió en su momento lo que hoy conocemos como death metal con grandes trabajos como ‘Scream Bloody Gore’ o ‘Leprosy’, y que lejos de estancarse en el mismo (como paso con otras grandes influencias para el estilo como fueron Morbid Angel) consiguió llevarlo a otros niveles explorando por diversos parajes musicales nunca vistos hasta entonces.
Esta acertada y exitosa evolución de la que muchos grupos hoy en día deberían aprender, culminó con el último disco de estudio de la banda en 1998, un tal ‘The Sound Of Perseverance’ que sirvió para que los fans se percatasen de que el señor Schuldiner era capaz de dar otro paso más en su exploración deathmetalera hacia nuevos horizontes.

Estos nuevos horizontes de los que hablo, no son ni más ni menos que elementos experimentales que venidos de otros estilos musicales fueron fusionados magistralmente por el gurú de las 6 cuerdas. Estilos e influencias venidos de la finura del metal progresivo o la sofisticación y majestuosidad del Jazz, hacen que este trabajo sea de muy enriquecedora escucha.
Y es que en esos elementos reside la verdadera importancia del disco, tanto la musical como la histórica.
La musical viene dada por la fusión impecable y sin prejuicios de dos géneros tan diametralmente opuestos como pueden ser el death metal y el jazz, para dar lugar a una fértil obra llena de matices donde explorar. Es digno de admiración el que alguien pudiese llegar a incluir componentes tan dispares en una misma música y hacerlo de forma tan exitosa.
En cuanto a la importancia histórica del disco es evidente. Desde la aparición de ‘The Sound Of Perseverance’ han surgido numerosos grupos emulando la arriesgada apuesta de Death que comenzó en ‘Human’ y se vio culminada en el disco que tenemos entre manos.

Pese a todo esto, ‘The Sound Of Perseverance’ no sólo se limita a ser la continuación lógica del camino que Death empezó a emprender con su disco ‘Human’ (que sirvió como punto de inflexión entre las dos etapas diferenciadas de la banda) allá por el año 1991, sino que además de eso es un disco que implicó una serie de cambios respecto a obras anteriores.
Aparte del completo cambio de formación como venía siendo costumbre en Death, el mayor cambio respecto del álbum anterior y del resto de su discografía, fue el cambio de registro vocal por parte de Chuck Schuldiner. El líder del grupo pasó de un gutural muy suave y accesible en ‘Symbolic’, a una voz prácticamente gritada y muy afilada, que venía de perlas tanto como para darle una nueva perspectiva a las nuevas composiciones, como para acompañar a los nuevos y enrevesados pasajes musicales que Chuck nos tenía preparados para este disco.
Este nuevo enfoque vocal cambia la fiereza de obras anteriores por una maldad palpable a lo largo de todo el disco que permitiría al líder de la banda dar un profundo toque oscuro y muy reflexivo al bombardeo sónico que supondría ‘The Sound Of Perseverance’. Y así es como debía ser, porque si hay un carácter intrínseco en esta obra magna es el de reflexión, crítica y sobre todo mucho nihilismo.

Con todo lo dicho alguien podrá pensar que el disco es un completo muermo filosófico, nada más lejos de la realidad.
En este disco encontramos la dosis de ira, fuerza y agresividad como venía siendo normal en Death. Riffs galopantes y cortantes, ritmos de batería vertiginosos y cargados de vigor y melodías bellas hacen del álbum una completa amalgama de experiencias y sentimientos que surgirán desde nuestros adentros gracias a esta mastodóntica pieza.

Esto es a rasgos generales lo que Chuck nos presentó como su última gran obra bajo el nombre de Death, sin embargo pudiendo tener el lujo de indagar un poco más en el disco, sería un delito el quedarse aquí con un análisis insustancial.
Y es que pese a que en el álbum se muestran una cantidad de matices y rasgos destacables que nos llevaría horas identificar y que supondrían una ínfima parte de lo que Chuck quiso plasmar en el disco, merece la pena pararse a reflexionar un poco más sobre el mismo.

Empezando por lo más primario de todo: la portada y el título.
Pese a ser una portada algo sencilla, llama bastante la atención por lo bien que refleja el título del álbum. En ella se ve a un grupo de hombres intentando escalar una especie de montaña e intentando alcanzar la cima alentados por alguna extraña fuerza que no se ve: la perseverancia, probablemente de ahí el acertado título. ¿Realmente la portada y el título fueron concebidos de esa forma? Quién sabe, sólo es una posible interpretación.
Sin embargo, lo que sí parece curioso e inexplicable es la extraña relación que existe entre el título y la situación que por desgracia le tocó vivir a Chuck un año más tarde, y es que sin duda para luchar contra un cáncer hace falta una perseverancia sobrehumana.

Pasamos al disco en sí y nos topamos con el primer tema: ‘Scavenger Of Human Sorrow’.
Un tema que como adelanta el título, habla sobre como determinadas personas pueden aprovecharse y vivir a costa del dolor y miseria ajenas.
Estas líricas de crítica son acompañadas con furia por los instrumentos desde el primer momento en el que la batería se torna a ritmo de metralleta y los riffs se suceden asesinos, mostrándonos una realidad que a nadie gusta ver pero que sin duda existe.
La melodía baila desafiante e imponente ante nuestros oídos, acompañada por la voz iracunda de Chuck en un tema donde son muy pocos los momentos de serenidad y en donde la locura toma nuestra mente para no dejar ni un solo pensamiento cuerdo a su paso.
Sencillamente genial.

Mucha más tranquila y sosegada entra ‘Bite The Pain’ y con cierto tono melancólico a ratos en donde Chuck nos describe sus instintos más misántropos como venía siendo casi una constante en Death.
Una canción cambiante, toda una demostración de poderío musical en pocos minutos con esos riffs serpenteantes y cargados de distorsión como grandes alicientes para el tema.

Y aquí llega la que para mí es la canción más genuina del disco (que ya es decir), ‘Spirit Crusher’.
Devastación y majestuosidad se ven unidos aquí. Este tema es prácticamente como si leyésemos un buen libro, nos traslada de pleno hacia parajes dispares (algunos mucho más rápidos, otros más lentos y apesadumbrados) pero todos igual de magistrales, los cuales van buscando constantemente el estribillo en el que Chuck alza su tosca voz para invocar a ese espíritu malvado del que tanto habla, un espíritu que al igual que la canción, arrasa con todo a su paso sin piedad alguna.

Curioso tema el que viene ahora, ‘Story To Tell’.
Sin duda, uno de los más escurridizos del disco y es que esto es Death, aquí no hay tregua… tu oído no se ha hecho a una melodía determinada cuando el maestro ya ha preparado otra descarga para tus oídos, todo muy pero que muy vertiginoso.
En tónicas generales, un tema parecido a ‘Bite The Pain’ en cuanto a velocidad y ritmo se refiere, pero mucho más cambiante y laberíntico que este último, e incluso con una cierta aura misteriosa a la altura del estribillo que no posee el segundo track del disco.

De repente suenan unas guitarras, que nos advierten a modo de sirena de la que se nos viene encima, exacto estamos ante ‘Flesh And The Power It Holds’, la cual tras un minuto escaso de calma tras las “sirenas” hace comenzar la carnicería.
Una carnicería de lo más dinámica en donde la batería de Richard Christy suena galopante en todo momento hasta que toda esa matanza se para en seco alrededor del ecuador de la canción. Ecuador que sirve para que Chuck nos haga una demostración de sus habilidades a las 6 cuerdas dándonos un solo totalmente esquizofrénico y vertiginoso, para más tarde volver a retomar la masacre.

Pero no todo iba a ser velocidad, pegada y melodías asesinas. También en ‘The Sound Of Perseverance’ encontramos un oasis de tranquilidad y sosiego entre tanta ira, y como todo oasis que se precie es de gran importancia pese a que sólo comprenda una pequeña parte del desierto. Efectivamente, estamos hablando de ‘Voice Of The Soul’.
Aquí sobra todo texto, no hay vocales y ni siquiera hacen falta porque si hay algo que caracterice esta canción es que las guitarras hablan (o incluso lloran) por sí solas.
Hablan creando una melodía bella, triste y profunda… sacada de lo más profundo del sentimiento humano y capaz de conmover (o al menos captar la atención) del más insensible.
Porque todos tenemos alma pero pocos saben captar su voz y plasmarla musicalmente de forma majestuosa.
Y cada vez que me asalta la duda de si el señor Schuldiner era tan bueno como para tenerlo en semejante altar (mente muy escéptica la mía), me pongo la canción que tenemos entre manos y se me despejan todas las dudas… efectivamente era un verdadero genio.

Llegamos al tramo final del disco con dos temas ‘To Forgive Is To Suffer’ y ‘A Moment Of Clarity’.
El primero más cañero y directo con un solo memorable y con un final desatado en locura.
El segundo sin ser el tema más destacado del disco también tiene alicientes que lo hacen especial, como ese tono templado pero sin tregua, ese guitarreo incesante y llamativo o incluso ese final con cierto tono místico apagándose entre el silencio.
Es quizás la canción del disco que más me recuerda al titánico ‘Symbolic’ ya que compositivamente tiene un aire al mismo.

Y llegamos al último plato de ‘The Sound Of Perseverance’, un cover de ‘Painkiller’ de Judas Priest.
Desde siempre había visto más a Death haciendo covers de Slayer (joder como hubiese molado escuchar ‘Raining Blood’ de mano del señor Schuldiner) o grupos así, por eso me sorprendió bastante el encontrarme con una versión de un tema de los Judas y encima uno cañero a rabiar.
¿Qué decir? No voy a sostener que supera la original, pero le da un enfoque único. Evidentemente Chuck no llega al tono de Halford, y ni falta que hace, ya que se marca una versión de tres pares de narices.
El tema suena como si Rob Halford estuviese agonizando a lo largo de la canción y con un tono tremendamente diabólico acompañase a unas melodías más que destructivas, apocalípticas que vienen de la mano del resto de los músicos, en concreto de Rcihard Christy que hace un trabajo bestial.
Si ya la versión es acojonante, cobra más valor si pensamos que las vocales las interpreta un cantante de death metal, el cual lleva toda su carrera musical haciendo voces guturales.

Y así concluye ‘The Sound Of Perseverance’ habiendo sido analizado a grandes rasgos.
Una verdadera obra de arte, la última del mítico grupo Death en donde se da el paso definitivo de la mano de Chuck Schuldiner para progresar hacia un death metal totalmente alejado de los canones habituales pero conservando su identidad.
Todo un vendaval de ritmos vertiginosos, furia y mucha pero que mucha sangre. Todo esto unido a una madurez más que palpable y a un deseo de progresar hacia nuevos horizontes, deseo que se vio truncado por un desafortunado (y sobre todo desmerecido) destino.

Por todo ello, 5 cuernazos bien grandes.

“Support music, not rumors” (Chuck Schuldiner).

Chuck Schuldiner: Voz y guitarras
Shannon Hamm: Guitarras
Scott Clendenin: Bajo
Richard Christy: Batería

Sello
Nuclear Blast