Death - Scream Bloody Gore

Enviado por stalker213 el Mié, 26/01/2011 - 21:00
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En corto: ‘Scream Bloody Gore’ es uno de esos casi inexistentes trabajos que integrando el 00,01% de discos que jamás hayan existido, pertenece de per se a la imposible categoría de “piedra angular que define un género”. Eso es así y no me andaré por las ramas a la hora de juzgarlo, de modo que sin el menor margen a la duda, afirmo sin tapujos como nos hallamos ante un particularísimo espécimen perfecto de esos que a pesar de las adversidades que encuentre en su camino, por siempre más sobrevivirá a cualquier adaptación al medio por salvaje y despiadada que esta sea. Hablamos de un clásico. Sí, un clásico, pero mucho ojo que con ese -a veces- despectivo término no estamos explicitando únicamente el hecho de que sea viejo, sino más bien algo que al fin y al cabo termina por definir lo que es un clásico.

Señores, se lo comunico a ustedes así de claro: Un clásico es algo que jamás pasa de moda. Nada más y nada menos. Luego ¿qué duda cabe? las opiniones van y vienen del mismo modo en que van y viene las modas (¿quién las necesita? Pues los encantadores de serpientes y los cabezas huecas, claro), pero algo tan fútil y despreciable (como las modas) jamás fue ni por tan solo un segundo algo relevante en la mente de un hombre diferente llamado Charles Schuldiner que, al frente de sus bíblicos DEATH, paso cinco universos de las modas imperantes en cada época que le tocó vivir, anteponiendo siempre su expresión artística a la aprobación de los demás o el ridículo hecho de vender un solo disco más.

Juzgar este disco es tan absurdo como lo es intentar contar de cuántas gotas se componen los océanos. No tiene ningún sentido. Como no lo tiene tampoco el hecho de afirmar como éste o aquél tema es el mejor de todo el conjunto. Eso no tiene ni pies ni cabeza, por que esa burda minucia es algo que tan solo podemos opinar sobre un disco ordinario. En ‘Scream Bloody Gore’, la canción lo es todo, así como en su también seminal ‘Leprosy’, y es que como hemos venido diciendo tantas y tantas veces, los mejores, los purasangres, no tienen ningún mérito más allá del que supone escribir buenas canciones, porque con tiempo, esfuerzo y dedicación eso podríamos hacerlo hasta nosotros. Pero con Schuldiner y sus DEATH, eso no cuadra ni hubiera cuadrado jamás por más que el hombre lo hubiera intentado. Como si a Angus Young le pidieras que te escriba un riff malo, vaya.

Escuchando las demos de MANTAS, uno procura descifrar qué cojones intentaban tocar aquellos zumbados aporreando los instrumentos de aquella desaforada manera como si les fuera la vida en ello, e incluso uno podría llegar a afirmar que por aquel entonces Schuldiner todavía no dominaba completamente su instrumento (pedir un ‘Human’ en 1984 es algo que solo hubiera podido hacer un imbécil), pero nada más lejos de la realidad. Sabía muy bien lo que hacía, y es que todo tiene su momento. Para él y lógicamente también para el resto del mundo, salvo por una ‘pequeña’ razón que a mí se me antoja capital: Chuck –no me preguntéis porqué- vivió constantemente caminando como cinco pasos por delante del resto, y eso no es mucho ni poco. Simplemente es un abismo jodidamente insondable.

Explicar porque fue el mejor de todos, supone un debate tan arduo como esperpéntico, y a las pruebas me remito, o por así decirlo: a una de las siete pruebas, porque cualquier disco de DEATH se cepilla con la punta del nabo a cualquier otro disco coetáneo a su existencia. Pero como decía, ser el mejor tampoco tiene demasiado mérito después de todo, porque si has nacido con un resorte en la cabeza que te hace ver cosas que el resto no es capaz ni de imaginar, eso no es al fin y al cabo por obra directa del implicado, sino antes por el capricho burlesco de la naturaleza que sin venir a qué bendice con un particular don a unos poquísimos escogidos y proscribe a todo el resto a ser tan sólo “buenísimos”. Conjugar los máximos niveles de extrema brutalidad y salvajismo con los propios de calidad y virtuosismo es tarea prácticamente imposible para cualquier mortal sobre la faz de la tierra (algunos se acercan, es cierto), pero eso es algo que Chuck, durante su corta vida, repitió hasta la saciedad con la misma naturalidad que nosotros podemos masticar una jodida avellana.

‘Scream Bloody Gore’ es como hemos apuntado, un trabajo que come aparte. Chuck y su cerebelo privilegiado podrían haber hecho de ello (y sobradamente) una innegable realidad, pero no fuéramos a obviar un hecho que no es cualquier tontería. Además de con su indiscutible capitoste, “Evil” Chuck, DEATH contó para la grabación de su primer álbum con otro de esos “mancos, tontos y sin ideas” de la escena, y es que señores, estamos hablando nada más y nada menos que de Chris Reifert (entre otras cosas, el papá de los dioses AUTOPSY) y en definitiva de otro de los capos sagrados del género, que sin despeinarme digo que es uno de los diez personajes más influyentes en la historia del Death Metal. Evidentemente, el resultado no pudo ser sólo una obra maestra (término que resulta insultantemente escaso para describir la gloria del disco) sino en definitiva: La obra que junto al ‘Seven Churches’ de POSSESSED, es aclamado como el principio de un género que ya casi ronda las tres décadas de existencia.

No nos confundamos. Trabajos mejores que ‘Scream Bloody Gore’ los hay (mi opinión), aunque tampoco vamos a decir gilipolleces, ya que después de todo tampoco son tantos. A lo que voy al fin y al cabo, es a la cuestión de cómo este disco encarna como ningún otro (insisto, sólo con el permiso del primero de POSSESSED) a la más pura esencia del género, y es que aunque ‘Left Hand Path’, ‘Altars of Madness’ o el fungoso ‘Symphonies of Sickness’ también aporten una parecida cuota, ninguno como ‘Scream Bloody Gore’ ejemplifica el paradigma canónico de cómo debe ser un disco de Death Metal. Como remate final, ahí reposará majestuosamente y por siempre el grotesco arte del maestro Ed Repka, dando vida eterna a esos cuatro entrañables zombis, que por los restos de los restos empuñarán una vez tras otra ese cáliz lleno de sangre (“the goblet of gore” como reza la incomparable ‘Zombie Ritual’) para brindar impenitentemente por la magna celsitud de los dioses DEATH y por la memoria del loco chiflado, Charles “Evil Chuck” Schuldiner.

Que nadie me venga con la estúpida cantinela de que el disco podría haber sonado mejor así o asá, porque eso son sólo mierdas. Son vacuas mierdas a las que uno puede recurrir cuando habla de discos normales, pero eso no vale con éste, amigos. ‘Scream Bloody Gore’ es una reliquia única por la que hay que dar gracias eternas por su simple existencia. Suena como suena y no hay que buscar tres pies al gato. Después de todo, cuestionar la perfección es solo cosa de necios, y estirar más el debate me da una pereza que ni os cuento. Me perdonaréis el hecho de no haber entrado al detalle en un solo tema, pero es que ‘Scream Bloody Gore’ es un álbum que sencillamente está por encima de una vulgaridad como esa. No hay un tema mejor. Tampoco peor. Todo es pura, cruda e inmisericorde perfección. No hay más. Si te gusta el Death Metal y no tienes este disco en vinilo y CD es que no vales nada...

Discutir qué hubiera sido de Chuck de no haber sufrido la cruel enfermedad que se lo llevó a la tumba es un debate sencillamente estéril que no lleva a ningún lado. El hombre hizo infinitamente más que la mayoría sin apenas alcanzar los 35 años, luego está de más opinar que hubiera sucedido si… La historia es la que fue y no hay que darle más vueltas. Chuck Schuldiner fue, es y será por los restos una leyenda. No hay vuelta de hoja.

Y es que encima va y se muere joven como LOS MÁS GRANDES ¡Vaya tío!

Valoración: Puntuar a este disco con menos de un 10.00 es un broma de mal gusto.

Chuck Schuldiner: Voz, Guitarra & Bajo
Chris Reifert: Percusiones

Sello
Combat