Death - Leprosy

Enviado por Winam el Sáb, 11/07/2009 - 00:54
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El disco que nos ocupa tiene la virtud de ser todo un clásico dentro de su género, un estilo de música con una escena tan amplia dentro del Metal y también tan incomprendido por miles de personas, el llamado Death Metal, surgido de las entrañas más oscuras y renegridas del Thrash y que salió a la luz en la segunda mitad de la década del 80 luego de estar escondido durante un tiempo en los rincones y sombras de Florida.

El génesis de todo comenzaba allá por el distante 1983 cuando un joven y autodidacta Chuck Schuldiner, o como lo llamaban en su círculo de amistades, “Evil Chuck”, practica intensamente en el garage de su casa para pasar a formar un tiempo después lo que posteriormente pasaría a ser Death, instruido por bandas de Hard Rock, Jazz, Rock Progresivo y grupos pertenecientes a los movimientos del New Wave of British Heavy Metal y de la Bay Area.

Death es la máxima precursora de su género, un estilo que heredaba su denominación a raíz de la banda misma y que los ubicaba en el centro de la lupa, no sólo por su perfil e identidad, sino porque realmente era capaz de transmitir todo un despliegue de destreza y ferocidad muy idiosincrásico, combinando brutalidad primitiva con una profesionalidad y cordura evidente.

Chuck, impulsado solo por la música y sin interés de liderar ningún movimiento que le fuera característico, siempre compuso al servicio del Metal sin más, no se consideraba una autoridad ante el resto de bandas de su mismo estilo, lo que es un claro reflejo de su modestia, pero lo cierto es que su influencia fue fundamental y decisiva para el Death Metal: Guitarras feroces con aires malévolos, ritmos frenéticos, letras sanguinarias y catastróficas y lo más importante o sugerente, el uso de la voz gutural. Aquellos berridos prácticamente no existían en aquella época. Así, es en 1987 cuando Death debuta con su primer disco, una pieza clave que sentaría las bases musicales para este sucesor, que aparece en 1988.

La cabeza de la banda y toda su esencia es el mismo Chuck, sin más. No solo porque fue el que montó y llevó adelante todo el proyecto desde el principio y porque siempre fue la cara principal y líder indiscutible del grupo, sino que además siempre se encargó de estampar todo su carácter en él, siendo siempre el principal impulsor y la médula de Death. Lo certifica el hecho de que para éste álbum Chuck ahora contaba con un grupo de músicos de sesión completamente diferente a los que habían participado en el álbum debut, y sin embargo, el sonido usual de la banda se mantenía prácticamente igual que siempre, sin grandes cambios significativos aparte de ciertos avances en la composición de los riffs y las estructuras.

Leprosy es un disco con mejor producción que su predecesor Scream Bloody Gore, que parecía íntegramente grabado dentro de una mazmorra, lo que era parte de su grandeza, aunque la diferencia solo se puede notar muy claramente cuando se escuchan juntos un tema de cada disco; el sonido aún no era del todo corpulento como después llegaría a ser con Human, aunque éste último no resultara ser un álbum tan caótico y potente como éste, que es uno de los discos más pesados de su carrera. Los temas en este disco son muy similares todos entre sí, por lo que a las primeras escuchas no es muy sencillo distinguir fácilmente uno de otro una vez que está escuchado, aparte de que son más extensos que antaño, con una duración promedio de 4 minutos. No es tremendamente difícil de escuchar o digerir, como sí suelen ser la mayoría de álbumes de este sub-género, lo que sucede es que en conjunto es uniforme, así que requiere que se lo deguste un poco. A pesar de mantener intacta la esencia y el sonido, el estilo de Chuck evoluciona ligeramente, dirigiéndose muy de a poco al lado más técnico, aunque el cambio se haría más importante en Human. Con éste álbum el estilo seguía siendo Death Metal de la vieja escuela, en su estado más puro y primitivo, con toda su esencia. Las letras se alejan de ser reflexivas o críticas como sí lo serían más tarde, el espíritu que impregna al álbum es el de la miseria, la muerte y la tragedia.

El arte de tapa es obra de Edward Repka, quien también fuese el padre de las vistosas portadas de From Beyond (Massacre), Evil In The Night (Merciless Death), Game Over (Nuclear Assault), Beyond the Gates (Possessed), Eternal Nightmare (Vio-Lence), Peace Sells... But Who's Buying? y Rust in Peace (Megadeth). Esta es una de las mejores que han salido de su pluma, con esas familias de leprosos exiliados como escoria a algún recóndito y desolado desierto arropado con ese tórrido y abrasador crepúsculo color magma. Una de las mejores y más míticas portadas del Death Metal, de lo más atractiva y fulgurante como nos tiene acostumbrado este artista.

Schuldiner comandó este álbum al igual que lo había hecho con el anterior, se encargó de interpretar las voces, guitarra y bajo. En los créditos figura el nombre de Terry Butler como el encargado del bajo, pero lo cierto es que Chuck solo lo incluyó por cuestiones de amistad ya que en el estudio fue él quien cubrió aquellas pistas. Como guitarrista demuestra mas o menos los mismos dotes que antes, se aprecia un poco más de precisión al fin y al cabo. Sus alaridos son otros de los ingredientes fundamentales para identificar al disco como una masa de brutalidad y horror sin fin. La voz gutural de Chuck es especialmente particular, pues se encontraría en un término intermedio, ya que no es extremadamente grave ni aguda, es algo completamente feroz y desgarrado, pero que se puede soportar perfectamente, ciertamente inconfundible.

A diferencia de Scream Bloody Gore, que tenía solo a Chuck en la guitarra, en este álbum Death ya contaba con un guitarrista adicional, Rick Ross, que seguía las mismas líneas que Chuck, desmarcándose ambas guitarras solo en el momento de los solos.

Quien esté detrás de la batería ahora sería Bill Andrews, en reemplazo de Chris Reifert, quien se había marchado para formar su propia banda, los Autopsy, otros grandes pioneros en esta rama. La percusión en este disco suena bastante más portentosa y precisa que en el Scream y es uno de los puntos más fuertes del mismo. Chris no lo hacía nada mal tampoco, pero todo su mejor potencial se desplegaría en el Severed Survival de Autopsy del siguiente año, en el que hace una labor magnífica y para envidiar. Bill Andrews le otorgó más solidez a la bateria en Death, haciendo gala de un uso estupendo del doble bombo, que va apareciendo siempre en el momento justo. Sus aporreos le van como anillo al dedo al cuerpo de los temas y sirve para llevar el desenfreno al máximo.

El torbellino de brutalidad abre comienzo con la homónima Leprosy, que comienza con un tempo pausado pero lleno de furia, para que rápidamente Chuck emita un feroz gruñido que rompa con todo y automáticamente las guitarras se aceleren para machacar al oyente; la pesadilla está comenzando. Al ritmo de una bateria imparable, guitarras sobrecogedoras y gritos desgarrados se nos narra la atroz vida de un grupo de leprosos recluidos de la sociedad, viviendo como engendros en algún paraje alejado de la civilización, quienes deberán vivir el horror por siempre y esperar lentamente a la muerte. Una preciosura, vamos, como para levantarse a la mañana y alegrarse el día. Cuentos aparte, el tema tiene una enorme fuerza de principio a fin, con un par de solos de guitarras de lo más chillones y caóticos. El álbum se abre de esta manera con muy buen empuje.

El segundo corte, Born Dead abre con un riff marca de la casa, de innegable influencia para todo lo que vino después, en cosa de segundos muta en un segundo riff más agresivo y a lo largo del tema se van alternando con otros. La caña es imparable, se bajan momentáneamente los decibeles de velocidad para el estribillo y luego sigue la descarga. Van apareciendo solos tenebrosos que se mezclan con una fuerte línea de bajo que se destaca sobremanera en el primero mientras la sacudida de la guitarra rítmica continúa con toda la fuerza.

Llega el que para mi es el mejor tema del disco, Forgotten Past, que tiene uno de los riffs más pegajosos y memorables, bien machacón y acelerado. El canto de Chuck va impulsado por su guitarra, todo parece fluir solo. Los cambios de ritmo llegan en el momento justo y son bestiales, que van acompañados por una percusión fuertísima que le da todavía más vitalidad, con un doble bombo cabalgante y unos golpes a la caja que parece que van a destrozar la batería y poco más, acompañado de un bajo que marca presencia a la par de la guitarra. La parte central es un frenesí, los solos se van sucediendo y finalmente pasados los tres minutos vuelve el riff principal, con Chuck bramando con más fuerza que nunca.

Left to Die sigue la tónica general, introducción, múltiples cambios y gritos estremecedores, esporádicamente más agudos y estridentes que en el resto de la canción y el disco. La letra abarca más sufrimiento al igual que el resto, en esta ocasión contando como una persona muere por voluntad de otros.

Ya a la mitad tenemos otro de los platos fuertes del álbum, Pull the Plug, con unos riffs tremendos sucedidos uno tras otro y una vez más un trabajo sobresaliente de Bill Andrews a las baquetas, destacándose en todo momento. En 01:42 tenemos un violento y repentino cambio de ritmo y la banda pone quinta a fondo, luciéndose todos fugazmente, para que luego en 02:13 se detenga el desenfreno y Chuck libere un exquisito riff mucho más lento y oscuro que va acompañado de un buen solo. La letra pretende reflejar los deseos de un alma agónica de morir al depender solo de una máquina que lo mantiene vivo, pidiendo todo el tiempo que “desconecten el enchufe”. Algo así como en One de Metallica, quienes habían tratado también este tema de la eutanasia ese mismo año.

Open Casket es otro de esos temas con una colección de riff difíciles de recordar a la primera, bastante buenos pero algo liosos. Bill le pega con dureza a su instrumento más notablemente en la secuencia que va después del solo, marcándose ritmos muy creativos.

Visiones de caníbales se hacen presentes en Primitive Ways, con una introducción fugaz de batería y guitarras que revientan en menos de un par de segundos, ocasionando un frenesí imparable. Los riffs son buenos, con un toque siniestro por momentos.

Se cierra con Choke On It, canción que emana desesperación y crueldad a partes iguales. Chuck escupe sus versos narrando como algún sujeto se ahoga hasta la muerte mientras se marca una serie de riffs bestiales y hasta intimidantes por momentos. Hay un momento en 02:34 en el que aparece un riff especialmente carnicero, que podría compararse un poco con el sonido que posteriormente pasarían a tener discos como el infame Butchered at Birth. La brutalidad sigue hasta el final y finaliza con Bill descargando todo lo que le quedaba por descargar en otro de esos despliegues de energía y fuerza.

Leprosy es uno de esos discos inolvidables, su título de clásico a veces es rebatido cuando algunos sectores señalan que llega a ser muy repetitivo, y si bien es cierto que es un redondo uniforme, todos los riffs que se componen están llenos de pericia, además de ser indudablemente influyente. Como sea, indispensable, una obra con pureza, potencia y un gran toque de tormento que lo envuelve de principio a fin, lo que le otorga identidad.

Chuck Schuldiner – Guitarra, Bajo (No acreditado), Vocales
Rick Rozz – Guitarra
Terry Butler – Basjo (Acreditado como tal pero no participa en el álbum)
Bill Andrews – Batería

Sello
Combat