Death Dealer - War Master

Enviado por Bloodbath el Sáb, 06/07/2013 - 21:54
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1. Death Dealer
2. Never to Kneel
3. War Master
4. Children of Flames
5. Curse of the Heretic
6. Hammer Down
7. The Devils Mile
8. Liberty or Death
9. Heads Spikes Walls
10. Wraiths on the Wind

Imaginad un híbrido entre los Judas Priest de ”Painkiller”, Helstar, retales de Crimson Glory, los antiguos Queensrÿche y fugaces toques de Manowar. Sumamos ligeras ondas Helloween, primeros Running Wild, incluso en ocasiones Mercyful Fate, King Diamond… o del propio Halford en solitario. Es decir, Heavy-Power Metal clásico, pero de corte actual, potente, y con un vocalista cuyos timbres recuerdan a grandes como el Metal God, Ripper Owens, Geoff Tate, James Rivera, Midnight, sin ser copia de ellos. Resultado: Death Dealer. Y siempre, por siempre, eternamente, planeará la sombra de Iron Maiden, como buenos metaleros de libro. Ante semejante panorama, alguno ni se molestará en buscar el trabajito de marras.

Ross the Boss, guitarrista que con el trabajo desarrollado en “Hail To England”, “Sign Of The Hammer” y “Fighting The World”, ya había pasado a los altares del Heavy Metal (ni siquiera haría falta mencionar el tardío, pero para muchos, definitivo, “Kings Of Metal”), se embarca en este proyecto, rodeado de buenos músicos, cargados de experiencia y solventes. Mike Davis, Rhino, Sean Peck, Stu Marshall… no son nuevos en estas lides. Han decidido autoeditar este trabajo, bajo el estandarte de un proyecto “All Stars” y con el sello Steel Cartel.

El nombre de la agrupación (deudor del guerrero de Frank Frazetta), ya lo usaban otros grupos con anterioridad, por lo que se deduce que poco les importa, o nada. Funciona y punto. La producción es bastante buena. Todo muy comprimido, pero suena moderna y potente.

La portada, cabalga entre el “realismo” tipo Warhammer 40.000 y la onda cómic más modernilla. Está realizada por el artista Marc Sasso, conocido por sus trabajos para diferentes bandas. Hubiera preferido ver al guerrero cuyo icono "apadrino" últimamente… menos da una piedra. Buen protagonista, cabreado y aplastando enemigos a placer.

Multitud de influencias, para nada escondidas, se dan cita aquí. Por eso, es inevitable hacer una comparativa inequívoca, a lo largo de todo el trabajo. Pero de forma descarada. Analogías inherentes imposibles de obviar, que por otra parte, y aunque produzca un poco de sana risa, no le restan méritos… porque en el fondo, se lo curran. Podrán gustar más o menos, pero lo hecho, hecho está.

“Death Dealer”, tema para abrir boca. Speed Power Metal con trazas thrashers. La verdad es que empiezan a tope, una declaración de intenciones. El término “original” es el más inapropiado, pero no impide que este track sea ampliamente disfrutable. Vocales potentes, guitarras cortantes y densas, base rítmica ametrallante. Ni un silencio por el camino. El estribillo extraerá varias sonrisas, al recordar al Metal God del 90… lo dejamos ahí. Tema cañero, perfecto para introducirse.

“Never To kneel”, con su intro de batería, y sus toques a lo “Montsegur”, es un buen medio tiempo. “El “Hell Patrol” del disco, que de nuevo nos devuelve a los Maiden del tema citado al comienzo del párrafo. Pero también a algún himno de Manowar. Melodías guitarreras, Tipton-Downing, adornan a la perfección. Gritos Halford total, incluso Ripper, para finalizar. Tema entretenido, sin más.

“War Master”, con su intro a lo Crimson Glory, incluso con semejanzas a “Forbidden Evil”, se transforma en Power Metal veloz, mostrando un estribillo con aires a Lizzy Borden del año 86. Muy buenos solos de guitarra y diabluras de Mike Davis, en su onda de siempre. Sí, Lizzy Borden sigue flotando en el ambiente. El final, desgañite puro, es lo más true que has podido escuchar últimamente.

“Children of Flames”… aquí ya no sabemos sin suenan los Maiden de “Wasting Love”, los Judas de “Angel Of Retribution”, los Metal Church de “Watch The Children Pray”, Scorpions y su mega silbido de “Winds of Change” , los Metallica de “Fade to Black”… todo con una voz aderezada en salsa de la marca “Geoff Tate”. Claro, comienza el tema, power ballad, y “Silent Screams” (Halford) se lleva la palma, aunque todavía rezuma algún ligero eco a los Maiden de “Out of the Shadows”.

“Curse of The Heretic”: parecen sonar los Nasty Savage de “No Simpathy”, Helstar… buenas lineas vocales, potentes hasta la extenuación. Solo el timbre de Sean Peck le libra del plagio. Sí, esta es una de sus armas, porque aún así, la voz del tipo tiene su gracia. Posiblemente abrase demasiado en la zona de agudos, pudiendo llegar a cansar. Pero aún hay más… si no fuese porque aquí dice “War Master”, partes de este corte parecen pertenecer a King Diamond, Andy LaRocque, Mercyful Fate… vamos, el mismo saco.

“Hammer Down” se introduce con un riff que parece extraído de “Abigail”, directamente. De hecho, hasta podemos “oír” al master King en el grito inicial. Un tema a medio tiempo, de trazas hímnicas, y sonidos Priest-Jugulator-Diamond. Sorprende la subida de tono, en 2:52, acompañada de buenos solos de guitarra y voces Ripper total.

“The Devils Mile”: nada más empezar, una cosa viene a la mente “DE-FEN-der” (nótese la separación silábica y adjúntese el vozarrón de Orson Welles). Seguro que la mayoría lo capta. Una voz casi aguardentosa introduce la primera parte, baladística, para pasar de repente a estar ¿escuchando? a los mismos Running Wild de “Branded And Exiled” con los Priest de “Ram It Down”. Si nos ponemos nostágicos, hasta el “Fuera de la Ley” de Ángeles del Infierno (3:39, en una pequeña parte del tema que cuenta con la voz más “Death” del trabajo, pero incluso antes también). Y ya sabemos que Gallardo y los suyos bebían de Halford & Company. Velocidad, Speed Power, melodías punzantes y solos Heavy Metal en plan Priest del año 1988.

“Liberty of Death”, parece mostrar cierta onda Maiden-Manowar (en su parte rítmica, por un lado, y en las melodías, por otro). Otro medio tiempo, de gran viveza y continuidad, con melodías vocales portadoras de trazas progresivas. Dobles punteos y solos evocadores, traen a la mente la época gloriosa de Ross the Boss, a pesar de que las tareas solistas se reparten. La voz sigue mostrando altas cotas mediante sus agudos, en ocasiones rozando el límite. Y ecos de “Gods Of War”, no deben faltar en un buen mejunje true.

“Heads Spikes Walls”, con entrada thrasher (muy similar al rasgueo de "Raining Blood” o “From the Past Comes the Storm”), devuelve el buen ritmo al trabajo. Sean Peck se empeña en demostrar que le sobra caudal vocal, a riesgo de habernos dejado sordos, en lo que llevamos de escucha. A pesar de todo, se lleva bastante bien, teniendo en cuenta la peculiaridad del tipo en cuestión y la escuela a la que está sometido. “Loki God of Fire” (Manowar), también anda por aquí escondida, por lo menos eso destilan ciertos ecos en uno de los riffs. Gran interpretación, que cuenta con una escueta parte solista de Mike Davis, acompañado por la batería. Parte final muy cañera, perfecta para culminar el track.

“Wraiths On The Wind”, es introducida por Davis. “We are, Wraiths On The Wind”… reza Peck… la presencia de Manowar (“Thor, The Powerhead”) flota en el ambiente, al oír las voces dobladas por el vocalista. Rítmicamente, también se evoca a los americanos, aunque el trabajo global difiere lo suficiente, o más bien, lo justo. Una canción reiterativa, a medio tiempo, de imaginación escasa, pero no exenta de fuerza. El solo de guitarra pellizca, está realizado al “toque”, mediante una toma en la que la espontaneidad puede frente diseño estratégico, claramente. Otro solo incisivo, termina el corte, acompañando al repetidísimo estribillo.

Y se acabó. Es extraño, escribir impresiones de esta forma, pero Death Dealer lo han puesto a tiro.

Tal vez, todo lo que he escuchado de esta banda, haya sido producto de mi imaginación, aunque posiblemente, me haya quedado corto. Hay días en que las cosas nos suenan a algo conocido, o contienen ligeras referencias a material clásico… pero esto en un escándalo. ¿Alguien esperaba otra cosa? Pues lo lleva claro. Originalidad: cero patatero. Captar adeptos, simplemente, un público determinado, y quien sabe a cuántos “incautos” más…

Ahora, si algo es evidente, es que a pesar de que ni un solo tema suene a algo propio, se trata de un disco muy disfrutable. Lo cortés no quita lo valiente. Ya les gustaría a los Manowar de 2012 haber parido semejante artefacto, mantener este espíritu y fuerza, un cañonazo entretenido y ejecutado con buen nivel. Tres cuernos, porque la historia estaba trilladísima y no daba para más, aunque por la actitud, se merezca cuatro. Ahora bien, si esto cuaja, sería conveniente tratar de buscar ideas propias, de lo contrario, la anécdota graciosa pasaría a ser un mal chiste. Clones, por favor, los justos. Una y basta.

Sean Peck: Voz
Ross the Boss: Guitarras
Stu Marshall: Guitarras
Rhino: Batería
Mike Davis: Bajo

Sello
Steel Cartel