David Bowie - The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars

Enviado por Stoned el Lun, 11/01/2016 - 15:07
834

El 20 de julio de 1969 el módulo lunar “Eagle” de la misión Apollo 11 se posaba gracilmente sobre el Mar de la Tranquilidad perteneciente a nuestro satélite, ese mismo que ha causado fascinación a los seres humanos durante milenios. Pocas horas después, el comandante Neil Armstrong descendía hasta la superficie lunar ante la mirada alucinada de toda la Humanidad y pronunciaría aquellas palabras que han quedado grabadas en el imaginario colectivo de todo el planeta.

Sólo unas semanas antes, David Bowie había lanzado, a modo de adelanto de todo ello, el single “Space Oddity”, que aparecería en el álbum homónimo editado en noviembre de ese mismo año. En él Bowie ralataba la historia del Mayor Tom, un astronauta extasiado por la visión desde su nave espacial mientras flota etéreamente por el espacio decidiendo cortar toda comunicación con la Tierra y quedarse eternamente sumido en ese delicado balanceo espacial. Fue el primer número uno de Bowie en el Reino Unido.

Después, dos discos exitosos –The Man Who Sold The World (1970) y Hunky Dury (1971)- en los que Bowie ya contaría con la presencia de su mejor socio, Mick Ronson, uno de los guitarristas más infravalorados de la historia y fallecido a causa de cáncer, al igual que el propio David. Su productor habitual, el prestigioso Tony Visconti, hace tiempo que abandonó la nave y el inquieto y ambicioso Bowie se prepara para componer el que sería su quinto álbum.

David Bowie comenzaría entonces con la concepción de un personaje que sería el protagonista de ese mismo trabajo: Ziggy Stardust - un alienígena que aterriza en la tierra para salvar el mundo de su propia autodestrucción a base de la fuerza unificadora del rock – y su banda The Spiders From Mars. Pero Bowie no ha pasado a la historia “sólo” por hacer música y fue más allá: él mismo sería Ziggy. Se transformaría directamente en él, se comportaría como él, pensaría como él. Y casi acaba destruido como él… por otra parte, la banda de David con Ronson a la cabeza – junto con Bowie han sido indudablemente una de las parejas más carismáticas y demoledoras de la historia del rock – aparecerían transmutados como una especie de crueles drugos multicolor que dominarían los escenarios ingleses justo después de la salida del álbum en una improbable almagama de vestidos imposibles, maquillaje y guitarras eléctricas: el glam rock en su máxima expresión.

“The Rise And Fall Of Ziggy Stardust And The Spiders From Mars” (1972) es simplemente uno de los mejores discos de la historia. Cuesta entrar en él, es cierto. Pero no sólo eso: deberás pelearte literalmente con sus surcos, sus sonoridades, sus atmósferas. A lo mejor terminas sangrando (e incluso llorando como un niño) después de duros enfrentamientos a puñetazos con Ziggy y sus Arañas, pero cuando ellos decidan, y ni un momento antes, claro, te aceptarán para siempre. Te adoptarán. Y ya no serás capaz de vivir sin ellos el resto de tu vida. Y es que algunos de los discos que más disfrutamos nos costaron al principio, ¿verdad? Nadie dijo que fuera fácil. Y poner de nuestra parte siempre es más satisfactorio cuando, al fin, obtenemos la merecida recompensa y ese disco hace “click” en algún punto indeterminado de nuestro cerebro, como si las reticencias que este causase con respecto a la música hiciese que desapareciesen para siempre.

“Ziggy Stardust” comienza con “Five Years”, composición trágicamente bella que anuncia el colapso del mundo en sólo cinco años, y la Humanidad es plenamente consciente de ello. La poesía nítida de Bowie empapa toda la composición, que comienza con una solitaria batería a la que se le une una lánguida guitarra acústica – una de las mejor grabadas que escuché jamás, aunque por otra parte todas las de este álbum, al igual que el sonido general está maravillosamente producido por Bowie y Ken Scott – para terminar en un clímax con diferentes arreglos orquestales. Si el fin del mundo tiene un sonido, es indudablemente este.

En “Soul Love”, quizá el corte más flojo (para mi gusto, claro) de todo el disco, Bowie continúa con su tono contenido. Nos cuenta además, que todavía hay una esperanza para la humanidad: el amor.

Y por fin irrumpe Ziggy en “Moonage Daydream”: se muestra ante la Humanidad como único salvador de esta, y se ofrece a hacerlo a golpe de rock and roll; el riff es absolutamente demoledor en los dedos de Mick Ronson, que está dispuesto a cualquier cosa mientras blande peligrosamente su Gibson Les Paul; Ziggy se ofrece para ser nuestra “rock and roll bitch”, o sea, nuestra zorra del rock. Esta es, simplemente, una de las mejores canciones del disco y de toda la carrera de David Bowie. Y una de las más rockeras.

Otro de sus grandísimos éxitos es “Starman”, legendaria composición que cualquier aficionado al rock debería reconocer al escuchar su intro a base de disonantes guitarras acústicas; Ziggy Stardust, ya en la Tierra, se dirige por primera vez a sus habitantes: su mensaje cala hondo y la esperanza retorna al mundo. Pero el propio Ziggy se dará cuenta que no será nada fácil, tal y como narra en “It Ain’t Easy”, que trata sobre las dificultades de triunfar en el mundo del estrellato a ritmo del mejor glam rock.

Pero como ya dijimos, Bowie, y por ende su álter ego Ziggy, era un hombre ambicioso que no se rinde jamás. Y en la bella y decadente “Lady Stardust” nos lo confirma: Ziggy comienza a travestirse en el escenario y el público caéra rendido a sus pies irremediablemente. Para cuando suena el siguiente corte “Star” nuestro extraterreste es simplemente eso: una estrella.

Así que después de seguir con cuidado y esmero el camino de baldosas amarillas, Ziggy ha llegado por fin al estrellato, pero todos sabemos que éste suele asentarse sobre un terreno generalmente inestable, traicionero, como esas arenas movedizas dónde metes un pie y cuando quieres reaccionar estás hundido hasta las caderas y cada movimiento que realizas no hace más que hundirte con más vehemencia. Y eso comienza a ocurrir: “Hang On To Yourself” nos muestra a Ziggy y sus Spiders en la más absoluta cima, pero sin apenas darse cuenta están cayendo en una peligrosa espiral que amenaza con alejarlos de su tarea crucial. El hedonismo inherente al rock and roll comienza a devorarlos…

Nuestros mayores temores son confirmados en la maravillosa “Ziggy Stardust”, uno de los máximos exponentes del glam rock guiada por la punzante guitarra de Ronson donde Bowie nos cuenta como Ziggy termina por romper con sus Spiders después de numerosos excesos: el sueño del rock and roll se acabó.

Todos los seres humanos solemos perseguir la redención en esas ocasiones en las que metemos la pata hasta el fondo: en nuestra naturaleza humana está el mejorar y evitar repetir los mismos errores del pasado. Pero Ziggy no es humano, no es de este mundo, y en “Suffragette City” continúa sin tregua su espiral decadente, sin la más mínima intención de redimirse en uno de los cortes más rockeros de todo el disco.

Al final Ziggy pagará por todos sus pecados según nos cuenta en la gran “Rock’n’Roll Suicide”: acaba siendo fagocitado por su propio éxito, tocando el fondo más profundo que jamás imaginó. Como curiosidad, los primeros versos están influenciados por nuestro Manuel Machado, hermano de Antonio.

Después del lanzamiento del álbum, la consguiente gira fue acaparada por los incondicionales de Bowie, que en aquel momento estaban bastante lejos de ser legión; todo cambió en el momento en el que David y su banda aparecieron en el popular programa musical “The Top Of The Pops” interpretando “Starman”. Ni que decir tiene que fascinó a adolescentes y jóvenes ingleses de la misma manera que escandalizó a sus padres: Bowie parecía efectivamente un extraterrestre, lo nunca visto en una televisión británica curada supuestamente ya de espanto después de casi una década mostrando melenudos y guitarras eléctricas en pleno prime-time entre miradas y comentarios reprobatorios de los sectores más conservadores. La gota que colmó el vaso fue la interacción de David y Mick Ronson: hasta los más ingenuos captaron que la sexualidad latente en los gestos de Bowie hacia su compañero se alejaban demasiado de la varonil camaradería deseable por los protectores progenitores que observan la escena preocupados, más aún viendo las miradas fascinadas de sus inocentes retoños…

Así pues, la citada gira fue un éxito absoluto (unos jovencísimos Freddy Mercury y Roger Taylor asistieron a varios shows asegurando posteriormente que les cambió la vida radicalmente) llegando Bowie a conquistar EEUU y de paso el mundo entero. Pero al igual que Ziggy, nuestro héroe comenzó a sucumbir ante el lado oscuro y peligroso del rock and roll… así que decidió sacrificar en público al sufrido Ziggy en un memorable recital en el legendario Hammersmith Oddeon londinense a mediados de 1973, que por fortuna fue además registrado en vídeo.

Es así como Bowie y su álter ego Ziggy conquistaron los corazones de todos aquellos freaks e inadaptados que vieron en su autor y en este álbum una fuente de consuelo ante su aislamiento, una voz reconfortante que les susurraba que no estaban solos en el mundo. Al menos hasta hoy, día en el que David ha fallecido y se lleva con él a Ziggy, a Aladdin Sane o el Duque Blanco. Hoy el mundo es un lugar más triste, peor, pero por fortuna tenemos sus discos: Bowie no dejaría que nos sintiésemos solos nunca.

“Ziggy Stardust” tenía en la contraportada de sus primeras versiones en vinilo la leyenda “TO BE PLAYED AT MAXIMUM VOLUME”, que es como se debe escuchar, aunque por desgracia en mi versión remasterizada en CD no lo indica; aún así ahí está, sonando en el equipo al máximo volúmen. Y ahí se quedará, me temo, sonando muchos días. Por David.

David Bowie: Voz, guitarra, saxo, piano
Mick Ronson: Guitarra, piano, coros
Trevor Bolder: Bajo, trompeta
Mick Woodmansey: Batería

Sello
RCA