Dark Moor - Dark Moor

Enviado por Marcapasos el Dom, 15/10/2017 - 00:02
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1. A Life for Revenge (05:48)
2. Eternity (04:23)
3. The Bane of Daninsky, the Werewolf (05:30)
4. Philip, the Second (06:45)
5. From Hell (03:51)
6. Cyrano of Bergerac (07:41)

-Attila-
7. Overture (02:48)
8. Wind like Stroke (05:16)
9. Return for Love (04:19)
10. Amore venio (00:55)
11. The Ghost Sword (04:53)

12. The Dark Moor (08:36)

*Bonus track*

13. The Mysterious Maiden (04:51)

Podríamos decir, en cierta manera, que hay para los madrileños Dark Moor un antes y un después marcados por la salida de su vocalista, Elisa C. Martín, y del guitarrista Alberto Maroto y el batería Jorge Sáez en el año 2003, año en que muchas cosas cambiarían para la banda, que entraría en una nueva fase en su historia. Pero no nos engañemos, vaya por el rumbo que vaya, Dark Moor siempre será Dark Moor, y es por eso precisamente que Enrik García es tan gran capitán de su propio barco.

Con The Hall of the Olden Dreams y The Gates of Oblivion (clasicazos de nuestro feudo) el camino ya estaba más que hecho, y aunque no fueran tan populares como Rhapsody o Sonata Arctica (por aquél entonces, al menos), Dark Moor eran un grupo puntero del Power Metal europeo de principios del siglo XXI y en el año 2003 estaban preparados para dar el siguiente gran paso y editar su ambicioso cuarto álbum de estudio. Sin embargo, las cosas no iban a estar servidas en bandeja.

Como decíamos, la formación sufrió una fuga triple por parte de su batería, guitarrista rítmico y vocalista, quienes buscaban crear un proyecto propio al que bautizaron como Dreamaker.
El hueco dejado por Maroto y Sáez fue, al poco tiempo, ocupado por José Garrido (guitarrista de los míticos Arwen) y Andy C. (actual baterista de Lords of Black) respectivamente. Pero el mayor marrón venía dejado por la búsqueda de un nuevo vocalista, que resultó en una búsqueda más difícil de lo que habitualmente llega a ser, ya que resulta que el nuevo disco ya estaba listo y preparado, siendo un trabajo compuesto y pensado originariamente para ser interpretado vocalmente por Elisa C. Martín. El nuevo cantante tendría que sentarle cual guante no solo al resto de miembros del grupo sino a adaptarse a los requisitos necesarios para que el larga duración saliera a buen puerto.

De entre los veinte aspirantes a ser la nueva voz de Dark Moor, destacó un joven gaditano llamado Alfred Romero (este nombre os suena más, ¿verdad?), quien dejó asombrados en la audiencia a unos Kaddouri y García que, sin pensarlo dos veces, tenían claro quién sería el nuevo cantante de Dark Moor, recibiendo el bueno de Romero la grata noticia unos días más tarde de su presentación.

La producción del álbum (a cargo de Luigi Stefanini) prosperó en diversos estudios de Italia y vio la luz del mercado en el mes de noviembre de aquel 2003 portando, como título, el mismo nombre que la banda que le ha dado vida: Dark Moor.
En primera instancia, vemos en un álbum homónimo como éste la obra más personal del grupo, y en este caso damos en el clavo, estamos hablando de un trabajo especial dentro de su discografía por muchas razones (una de ellas, adelanto, es su duodécimo y último track, pero ya llegaremos a ese punto en su debido momento…). Aparte, Dark Moor propone ciertos cambios a la tónica en que los de Enrik García habían desarrollado su música desde Shadowland hasta The Gates of Oblivion, sin que ello repercuta en el espíritu musical del grupo.

La consecuencia final se establece en un disco de Power Metal más maduro y menos pomposo, sin que conlleve a perder su identidad en el proceso. Esto lo vemos en la canción inicial, A Life for Revenge (que relata la historia de El conde de Montecristo de Dumas), con la que los riffs y la intensidad del bajo se sienten con más fuerza y aspereza que nunca, aunque el alma Power y sinfónico sigue contando con una gran presencia, Enrik García deleita con su porte neo-clásico y Alfred Romero se estrena cual dios al micrófono.

Se nos brinda la oportunidad de ser presentados ante los Dark Moor de siempre en canciones como la cálida Eternity (Power Metal Neo-clásico de gran nivel, como la banda acostumbra a componer), la magnífica progresiva Philip, the Second (donde nos metemos a fondo en la turbulenta vida del rey Felipe II de España entre telones orquestales, narraciones corales y melodías repletas de movimiento y dramáticos cambios de ritmo) o la espléndida From Hell (un clásico de la banda, Power Melódico y teatral compuesto de muchos matices, más de los que usualmente ofrecen los singles de turno), mientras que otros muy distintos como The Bane of Daninsky, the Werewolf nos sumen en una negrura casi total, cubierta por un aura tétrica y oscura que va agilizando y purificando la marcha con la que los teclados y la actuación de Romero sientan perfectamente.

Una de las mejores pistas del recorrido es la sexta, la titulada Cyrano of Bergerac (en referencia al histórico escritor francés), nuevamente, todo un regalo para los sentidos, y es que es una genialidad el mero hecho de conglomerar armoniosamente tantos factores que separados ni tendrían que verse entre sí, ni de lejos, ¡pero Dark Moor lo consiguen! Contrastan hasta formar un uno las pesadas guitarras y esa dulce flauta que revolotea en el estribillo; la voz de Alfred Romero (magistral muestra de canto elevadísimo) acogido por un coro femenino; y la participación de la soprano Beatriz Albert frente al ciclón de solos de Enrik García.

Ahora bien, uno de los mejores apartados del track list reside en la saga que dedica al legendario conquistador Atila el Huno, dividida en cinco partes, una canción por cada una de ellas. Comienza su historia con Overture, la cual nos introduce con un minuto de música puramente orquestal, pero cuidado, sus últimas pulsadas de arpa serán la calma que precede a la tormenta… ¡y qué tormenta! Pillándonos en banda los Dark Moor arrollan todo a su paso con una Wind like Stroke, más thrasher y agresiva en sus riffs, más furiosa en sus melodías… una auténtica tralla de Power Metal Sinfónico cañero (para que luego digan que todo en el Power es Happy Happy Metal).
Tristemente, es entonces cuando tocamos uno de los (afortunadamente escasos) puntos flojos, no solo del álbum, sino de la etapa más prematura de Dark Moor: Return for Love, un tema que, si igual no es malo, supone un medio tiempo que brinda momentos interesantes, pero definitivamente es menos resultón que todo lo escuchado anteriormente y se le nota la falta de chicha. Por otra parte, tras toparnos con Amore venio (una deliciosa y breve pieza de música barroca) encontramos otra joyita del CD, The Ghost Sword, o lo que es lo mismo, guitarras y teclados que estallan en energía pura mientras Anan Kaddouri al bajo dibuja la melodía que sirve de timón a esta perfecta composición de Power Metal épico, dando así fin a la saga de Atila… pero no del álbum, pues aún queda la guinda de todo el pastel.

Dentro de ese universo que es el Power Metal, Dark Moor, al igual que At Vance o Rhapsody, han ganado la reputación de ser grandes a la hora de convertir al Metal míticas obras de la música clásica, ejemplo de ello son Dies Irae (que toma como base el Requiem de Mozart), The Moon (la 5ª sinfonía y la Sonata del Claro de Luna de Beethoven) o Swan Lake (El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky).

Sin embargo, muchas veces obviamos el inmenso potencial de Enrik García como compositor, como si él fuera un artista aparte de aquellos a los que él ha rendido tributo en tantas ocasiones. Así pues, es al final de este álbum donde se nos descubre a ese verdadero genio de la música que es García, ni más ni menos que en la última gran canción cuyo título parte del mismo nombre que la propia banda: The Dark Moor, ocho minutos en los que la música Metal y la clásica alcanzan perfecta armonía en su máximo esplendor, es la historia de un poeta atormentado por el pecado que anida en su corazón, el acontecimiento que abre las puertas a una ópera del horror, un vals maligno y encantador, una danza de la luz y lo macabro, una voz de las tinieblas que nos canta la sinfonía del mal. En defintiva, toda una experiencia musical que hay que vivir y de la que tan solo podría desvelar la mejor actuación que hace Alfred Romero en toda su historia con Dark Moor (junto a las de The Moon y Swan Lake, eso sí), la escena de la romántica balada, la fabulosa participación de Beatriz Albert y los más grandes solos de guitarra de Enrik García, sobre todo el segundo de los mismos (personalmente, se trata de uno de los momentos cúlmenes de Dark Moor en toda su historia). En fin, el caso es que gracias a la mano de Mozart, Beethoven, Bach o Vivaldi, Dark Moor han rendido grandes odas y tributos a la música clásica, pero The Dark Moor proviene todita de la mente de este señor, Enrik García. G-E-N-I-O, así, en mayúsculas, y no hay más.

Este, el cuarto álbum de los grandes del Power Metal de Madrid, les dio renombre internacional a Dark Moor, por primera vez su música se vendía como churros fuera de Japón y miles de melómanos de Europa y América, así como la crítica especializada escrita de dispares puntos del globo, alabaron el trabajo y el talento de la banda. Irónicamente, la obra ha acabado siendo con el tiempo su LP menos valorado, viéndose opacado y ensombrecido por Tarot o Autumnal, una injusticia, si se me pregunta. Como decía, Dark Moor es uno de los discos más especiales y personales de la banda, un heredero sonoro sublime del The Hall of the Olden Dreams, un preámbulo obligatorio para el exitoso Beyond the Sea y una antesala ideal para otra maestra indiscutible como Tarot.

Si te gusta Dark Moor y el Power Metal Sinfónico y Neo-clásico, te estoy recomendando, entonces, un esencial del género en España.

Ahora, antes de cerrar con la sentencia, cabe mostrar una buena forma de alargar la vida del álbum mediante el bonus track que contenía la edición japonesa, una bellísima balada llamada The Mysterious Maiden que, más que Power, parece estar orientada más hacia el Doom/Gothic Metal. En conclusión, otra gema de este gran trabajo que no debería pasar desapercibida.

Cuatro cuernos bien altos (9/10) son los merecidos para la cuarta obra de Dark Moor, de esos álbumes de los que pocos siguen produciéndose hoy día.

Alfred Romero / Voz
Enrik García / Guitarra
José Garrido / Guitarra
Anan Kaddouri / Bajo
Andy C. / Batería

*Artista invitada*

Beatriz Albert / Voz soprano (tracks 6, 10, 12)

Sello
Arise Records