Dario Mollo/Tony Martin - The Cage

Enviado por TenzaZangetsu el Mié, 16/04/2014 - 22:51
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1. Cry Myself To Death - 4:11
2. Time To Kill - 4:40
3. The Cage/If You Believe - 6:22
4. Relax - 4:31
5. Smoke and Mirrors – 4:43
6. Infinity - 5:46
7. Dead Man Dancin’ - 5:38
8. This Kind Of Love - 4:09
9. Stombringer (Deep Purple cover) – 4:15
10. Soul Searching - 5:52

Si hay algo que llena al Heavy Metal más que cualquier otra cosa son los mártires. Ustedes saben a quienes me refiero: esos individuos que luchan y perseveran ante todas las calamidades y penurias que el cruento destino les ha encargado. Es como una cruz de acero que deben cargar por el resto de sus torturadas carreras hasta que tengan un horrendo y cruel desenlace. Bufones designados y obligados de un castillo que simboliza la decadencia de un género que a veces pienso que vive demasiado anclado en el pasado –mi persona siendo parte del problema en muchas ocasiones.

¿Por qué hablo de vivir anclado en el pasado? Porque no es ningún secreto que somos un cúmulo de individuos y oyentes que solemos padecer graves casos de nostalgia. No es nada extraordinario –todos sentimos eso en algún momento de nuestras vidas- pero, como todo en la vida, se puede llegar a un punto de exceso. Hay momentos donde todo lo que hacemos es sentirnos afligidos o desilusionados porque todo lo que una vez conocimos y amamos no son ahora más que retazos de una realidad que en antaño comprendimos y quisimos como nadie más. Somos seres de hábitos y nos arraigamos a nuestras costumbres; así estas sean benignas o malignas, buenas o malas, cielo o infierno. El ser humano tiene una habilidad innata para acostumbrarse a lo malo como ninguna otra criatura que yo haya conocido. Yo no digo esto con prepotencia o con tonos de denso y arrogante porque esas equivocaciones las he cometido también, por lo que entiendo lo difícil que puede ser aceptar que nuestro presente dista mucho de esos días donde todo era más fácil. Pero la vida no termina donde más nos conviene y hay que seguir a pesar de las complicaciones que se nos han enviado y superarlo. Yo creo que si no hubiera personas que perseveraran en escenario de esa naturaleza, no tendríamos ningún ejemplo para triunfar en la vida. Porque, a mi juicio, los verdaderos héroes son aquellos que dan lo mejor de sí a pesar de no conseguir ningún reconocimiento o recompensa. Y en ese selecto grupo incluyo a Tony Martin.

Para los menos adoctrinados en el género, el señor Martin fue el vocalista de los fundadores Black Sabbath desde mediados de los 80s hasta el ecuador de los 90s –con una breve excepción el trabajo del ’92, Dehumanizer, con el eterno Ronnie James Dio en el micrófono. Es bastante sencillo asimilar y teorizar que los trabajos de Tony con los creadores del Metal no fueron bien acogidos por el sector de la parroquia que no solo quería a Ozzy o al Elfo en las vocales. Lo mismo le había pasado a dos gigantes como Ian Gillan y Glenn Hughes bajo el inmenso moniker que es Black Sabbath; dos jodidos Deep Purple no llenaron las botas. Y es realmente de pena que un sujeto como Martin fuera tratado y repudiado como fue en la escena metalera. Porque, siendo subjetivo como fan que soy de todas las eras de Sabbath -al final del día, reseñar no es más que un ensayo subjetivo con ciertos matices de objetividad-, trabajos como The Eternal Idol, Headless Cross, Tyr o Cross Purposes encarnan e incorporan algunas de las mejores composiciones que la orfebrería tenebrosa y oscura de Tony Iommi nos ha entregado. Todo eso con su tocayo en el micrófono como uno de los principales baluartes y artífices. Creo que Martin, contra todo los pronósticos, logró erigirse como la tercera era más exitosa de la banda, si vamos a enfocarnos en el tema musical que es lo que más nos importa a los aficionados. Y todo esto sin tener el prestigio o recursos de los vocalistas previos puesto que entró a la banda en un momento precario a nivel fama, personal –la vida de Iommi sufría altibajos- y artístico. Eso no lo logra cualquier loco.

Pero la vida suele ser bastante cruel con el sujeto que trata de hacer todo bien por el camino más duro; pareciera ser que se enfrasca con el sufrimiento del hombre en cuestión. Martin fue colocado al costado para la reunión con Dio y luego, cuando esta no fue fructífera, traerlo de vuelta para el genial Cross Purposes. Luego llegaría ese mediocre y cuasi vomitivo Forbidden que obviamos con mucho gusto. La reunión con Ozzy se volvería un hecho y esto serviría como una salvación financiera para la banda y un regreso glorioso para los aficionados de la alineación clásica de los 70s. Un final de cuento de hadas. Pero, ¿qué pasó con el bueno de Martin? ¿Cuál es su recompensa por defender el nombre tan emblemático y simbólico de Sabbath luego de tantos años? Nada. En absoluto. Tony –me atrevo a llamarlo por su nombre hablando de Sabbath- es un luchador y ahora sería el héroe sin discusión. ¿Iommi piensa que le irá mejor con Ozzy? Pues que lo haga. Martin, en el mundo underground, hará su propio retorno glorioso. Se aliaría con el genial guitarrista italiano, Darío Mollo, y juntos harían un proyecto que combinarían múltiples pasajes de la carrera de Martin con algunas influencias del seis cuerdas. Así nacería este proyecto, The Cage, y su trabajo homónimo debut que nos agracia. Pues yo apoyo al bueno de Martin en esta cruzada imposible. Me pongo mi camisa de la gira del Cross Purposes y marchados a la guerra. El resurgir del héroe.

La cosa inicia con muchas ganas con esta genial y guapa Cry Myself To Death. Con ese título, uno piensa en una balada delicadita pero es un medio tiempo potente y duro. Martin suena majestuoso y con esa voz cristalina de antaño; no ha perdido ni un ápice de calidad. Hay pasajes que les recordará a una mezcla de The Eternal Idol y Cross Purposes. Mollo es un gran fan de Blackmore y se nota en su estilo de tocar que guarda un par de reminiscencias con los otros gigantes de Deep Purple. El solo está lleno de talento y vertiginosidad, mostrándose aún más como un discípulo aventajado del Hombre de Negro. Me gusta este tema como primero del trabajo con esa mezcla de Heavy elegante y Hard Rock más descarado. Un gran comienzo, si me preguntan.

Destaco la ayuda que Mollo le da a Martin porque este trabajo es más una colaboración que un esfuerzo solista y ambos se benefician del aporte del otro. Si habían iniciado bien, un trallazo metalero como Time To Kill nos rompe el cuello de tanto sacudir la melena. Martin suena tan bien como en cualquier trabajo con Sabbath y se le bien; con el hambre intacta y el registro intacto para deslumbrarnos. Siempre he sido fanático de los temas más rápidos y este es uno que me gusta y mucho. Mollo hace múltiples efectos guitarreros hasta hacer un solo magistral y un tanto peculiar en comparación a los que he escuchado; luego llega un pasaje súper melódico que te atrapa de una. Un gran ejemplo de técnica en las seis cuerdas en pro de la calidad de la canción. Un final de lo más abrupto con todas esas barbaridades en el guitarra pero llega Martin con una performance que coloco entre las mejores de su carrera. Gran canción para conocer a la banda. Estupendos.

The Cage/If You Believe se muestra con un comienzo casi sinfónico y luego gana tonalidades de balada donde Martin se roba el show. Algo que siempre me ha gustado de su forma de cantar es como parece darlo todo y tiene un sentimiento a la hora de interpretar que es bastante peculiar. Felicitaciones a Don Airey, quien hace un gran trabajo en los teclados en este trabajo. Una canción un poco Hard Rock, un poco épica; pero genial en su entereza. Sutiles punteos de guitarra los de Mollo aquí que son muy atractivos. Luego viene Relax y baja un poco el nivel. Es una canción algo promedio y me parece que desmerita un tanto la excelente labor de las tres canciones previas. Lo que venía siendo una marcha victoriosa fue detenida por un medio tiempo casi ochentero que no termina de capturar esa magia que Martin está tratando de invocar con una performance más que decente.

Martin y Mollo nunca sonaron tanto a Deep Purple hasta que llegaron a tocar el tema Relax. Parece una versión más metalera de lo que los británicos estaban haciendo en los tiempos de la irrepetible Mark III y su mítico Burn. Aquí el futuro miembro de la maquinaria purpura, Airey, hace un trabajo remarcable con ese colchón de órgano y Martin suena como el mismo Coverdale pero sin perder su propia esencia. Tal vez soy un gran fan de Purple pero este tema me gusta mucho. Martin canta muy bien y lo que Mollo es fenomenal; definitivamente un vocalista que merece más atención. El baterista, Secomandi, hace una buena labor emulando el trabajo de Ian Paice. El estribillo es básico pero tiene su punto y encanto. Infinity es un medio tiempo donde Secomandi vuelve a ganar protagonismo en la batería como el hijo perdido de Paice y Martin canta como el crack que es. Uno tiene que enfatizar una y otra vez en sus vocales porque es la estrella en la gran mayoría de las canciones. Un medio tiempo denso pero de buen gusto. The Cage se basa mucho en el sentimiento y la pasión; uno puede percatarse de eso a las primeras escuchas.

Dead Man Dancin’ es una canción que mezcla el Hard Rock ochentero con lo que Martin hizo en Sabbath con gran cierto pero con menos oscuridad. Es una canción más alegre y alborotada, si quieren verlo así. Hay mucho aporte de los instrumentistas aquí y dejan a Tony en segundo plano. Está más que comprobado en este punto del álbum que Mollo es un pedazo de guitarrista pero igual deja un poco de espacio en el temita para hacer lo que desee con la guitarra mientras que es apoyado por Secomandi con las baquetas. Menuda horda de italianos talentosos con las que juntó Martin.

La epítome de la influencia ochentera en el sonar de la banda es expulsada mediante la atractiva y guapa This Kind Of Love. Lo admito: es raro escuchar a Martin en estas tesituras y ambientaciones luego de haberlo escuchado en algo como Nightwing o Heaven In Black pero hay que reconocer que lo hace muy bien. Mollo hace riffs que son arquetipos de la década de las melenas cardadas y el Secomandi sigue en plan Paicey pero haciéndolo bastante bien. Es una buena canción; de esas que tal vez no sea un derroche de virtuosismo –exceptuando el solazo de Mollo- pero que tiene mucho gancho y nivel de principio a fin. El momento de la verdad llega cuando Martin, Mollo y sus huestes se atreven con una de las piezas más poderosas de nuestra música: la legendaria Stormbringer. Si antes habían hecho varios guiños al legado Purple, aquí fueron con todo. La versión es bastante fiel a la original; exceptuamos esa introducción de guitarra nueva de Mollo y las harmonías vocales de Martin en el magistral solo que el italiano calca de Blackmore menos el final del mismo, que es alterado para algo más metalero. Martin lo hace estupendamente y logra hacerle justicia a un gigante como Coverdale y mantener su propio tonal –que hay que reconocer que tiene una que otra reminiscencia al líder de Whitesnake. Me he encontrado escuchando este cover una y otra vez. No se acerca a las versiones en vivo de los 70s de Purple pero es la mejor que he escuchado sin tener a ningún miembro de la Mark III en ella.

El epitafio idílico de esta más que soberbia demostración de buen Rock/Metal es con Soul Searching. El comienzo de la canción con esa guitarra acústica es hermoso y la voz de Martin brilla más que nunca; y no hay que desmerecer el estupendo solo que nos brinda Mollo en esta pieza. Aquí se encuentra la razón por la cual merece más reconocimiento este señor: tiene una pasión a la hora de cantar que siempre me sorprende. El estribillo es 100% Martin y deja el corazón a mediados de la canción. Más que una pieza, es el máximo pertrecho de Tony a todos sus detractores. No quiero generar polémica pero simplemente me parece algo criminal el hecho de que algunos no deseen reconocer lo genial que es este vocalista.

En definitiva, este es un trabajo notable que, tristemente, vio la luz en una era inhóspita para los de su clase. Algunos temas flojean pero con una actuación vocal de primera y unos instrumentistas notables, creo que es seguro decir que estamos lidiando con un muy buen esfuerzo colectivo. Sé que he hecho énfasis en Martin y Mollo pero músicos como Secomandi o Airey no son fáciles de encontrar.

Cuatro cuernos (bajos – medios) para The Cage. No hay que vivir en el pasado; Tony Martin no lo hizo.

• Tony Martin – Vocales
• Dario Mollo – Guitarra
• Fulvio Gaslini – Bajo
• Ezio Secomandi – Batería
• Don Airey – Teclados
• Elio Maugeri – Voces de fondo

Sello
Dream Catcher Records