Danzig - Danzig II Lucifuge

Enviado por El Marqués el Mié, 02/03/2011 - 01:17
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Nosotros tenemos en el noroeste esa bella tierra que es Galicia, con maravillosas mujeres de ojos claros y acento musical, excelente vino blanco y marisco. Jóder, el marisco… Galicia es tierra de mitos. Las aguas del Atlántico bañan la Costa de la Muerte. Y en un rincón casi secreto, oculto por los bosques que han alimentado durante siglos la creación de leyendas, está la ermita de San Andrés de Teixido, “que tiene que ir de muerto quien no va de vivo”, te cuentan los gallegos.

Se dice que en ese lugar cada ser vivo es un gallego reencarnado que tiene que cumplir con la visita que no hizo en vida. Por ese motivo hasta el más diminuto insecto es respetado en San Andrés de Teixido. Yo fui, y una meiga me vendió unas rosquillas entrelazadas en una hebra del “árbol del amor”. No es coña, en aquella tierra de salvajes olas y abruptos acantilados todo tiene significados ocultos.

Ahora bien, una vez que el zorro de ojos de fuego, el halcón o la nutria han cumplido y visitado el santuario ¿qué es de ellos? ¿Desaparecen sin más? ¿O se reencarnan en una nueva criatura? Yo soy de esta última teoría. Es muy poco probable que Glenn Danzig, el cantante nacido en New Jersey, antiguo vocalista de los Misfits y líder de Samhain, haya pisado alguna vez los bosques de Galicia, pero de lo que no cabe duda es de que la esencia de la raposa, el lince y el cárabo que ulula en la noche corren por sus venas, conformando las aristas de una personalidad artística lobuna, animal y primitiva, que aflora a través de las canciones que este hombre lleva entregando desde el principio de los tiempos del Heavy Metal.

Glenn Danzig es el lobo asesino que, cansado de estar vivo, recorrió un largo camino desde el infierno, se rodeó de las serpientes de Cristo, se negó a ser un juguete del diablo y, a costa de sangre y lágrimas, consciente de que era el número uno, ignoró el dolor en el mundo y se plantó ante su chica para cantar a sus negras alas.

En 1988 debutó como cantante en solitario con el homónimo “Danzig”, un pedazo de rock visceral que contenía temas como “Mother”, “Twist of Cain” o “Am I Demon”, que se convertirían en sus primeros himnos. Poca gente lo tiene en cuenta, pero en “Twist of Cain” intervino haciendo coros nada menos que James Hetfield. No en vano, Metallica habían grabado ya una versión que fundía los temas “Last Caress/Green Hell” de The Misfits, osea que algo de admiración debían sentir por este hombre.

La banda, integrada por tres pequeños incubos aspirantes a posar bajo el ala del Satán de New Jersey, a saber: John Christ a la guitarra, Eerie Von al bajo y Chuck Biscuit a la batería, constituía el respaldo perfecto para nuestro fornido licántropo, que en la foto interior del disco posaba de pie sobre ellos en una impactante imagen semihundida en tinieblas, coronada por una cita del Evangelio según San Juan que alertaba sobre la lujuria del diablo.

Y es que a Danzig siempre le gustó el oscurantismo, la luz del sol no parecía ir con él, los amaneceres eran sólo el momento de retirarse a la cripta y dejar que un sirviente colocara sobre su cuerpo la tapa del ataúd.

Este es el único tío sobre la Tierra del que me atrevo a decir que sería capaz de inquietar al mismísimo Tony Iommi. Atención al riff y a la ambientación global de “Pain in the World”, con ese impresionante acelerón final, o a la entrada de esa guitarra furiosa y cargada de diabólico feeling que parte en dos “777”.

Escuchad cómo la lujuria de su padre, Lucifer, le mueve a cantar “Girl”, o como juega con esas prodigiosas cuerdas vocales en “Devil´s Plaything”. El peligroso y traicionero mamífero que aúlla en las noches de luna llena aparece en “Killer Wolf” –ojo al impacto de ese arrastrado riff-, mientras que en la insinuante “I´m the One” es una garduña traviesa , y en “Blood and Tears” el coyote que ha esquivado al cazador y trata de hallar serenidad oculto en la maleza mientras se lame las heridas. Menuda canción. Vaya balada para la medianoche más fúnebre.

Para “Long Way Back from Hell”, “Snakes of Christ” y “Her Black Wings” se transfigura en el águila imperial, pues pocas veces su arte habrá volado tan alto, su sonido tan poderoso. La primera, en concreto, abre el disco y te propina una patada en la cara, la cornada de un ciervo, un latigazo en tus sentidos. Este es el hijo no reconocido de Elvis y Jim Morrison, y en “Danzig II – Lucifuge” alcanzó los mayores momentos de inspiración en toda su salvaje existencia.

No se qué más decir. Hay plenilunio y he encerrado a los perros. La última vez los dejé sueltos y uno de ellos apareció destrozado, con las marcas de las fauces del lobo en todo su cuerpo.

Glenn Danzig: Voz
John Christ: Guitarra
Eerie Von: Bajo
Chuck Biscuits: Batería

Sello
Def American Recordings