Cynic - Focus

Enviado por stalker213 el Mar, 20/07/2010 - 15:36
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Lejos, muy lejos, de cualquier otro disco Death Metal que se haya podido grabar antes, existe un pequeño e infinito tesoro que responde al sucinto nombre de ‘Focus’. Pocos datos los aportados hasta aquí (justo acabamos de empezar), pero mucha, muchísima, tela la que los norteamericanos CYNIC (Miami, Florida 1987) se despacharon, allá por los cayos, en aquel caluroso verano del año 1993. Paso a continuación a aportar una telegráfica retahíla de datos y tan pronto como termine, tendremos la ecuación que al punto nos permitirá entender (o como mínimo, empezar a intentarlo) como nos hallamos delante de una de las obras cumbre del género.

1993, Death Metal, Banda americana, Generación Tampa Bay (Florida), ex-miembros de DEATH (no cualquiera tocaba allí), Roadrunner Records, Scott Burns, Morrisound Studios.

Bien, hasta aquí uno -mínimamente ducho en la materia- sabría entender como tan solo podría hallarse ante un disco con las mínimas garantías que le permitieran estar hablando de un producto cinco estrellas, pero en el caso particular que nos ocupa hoy, estimados colegas, pensar que nos encontramos tan solo ante un sobresaliente álbum queda a años luz de la realidad inmutable que tras diecisiete años sigue admirando a este primer trabajo de los CYNIC como una de la maravillas definitivas y el pináculo en cuestiones técnicas de la música Death Metal. Y es que, señores: La fama que desde hace ya años persigue a estos individuos y que los acredita como la banda más técnica de toda la historia del género no es precisamente gratuita o sencillamente porque sí. Una pista: Como ya he apuntado antes, dos miembros de la formación habían grabado hacía tan solo dos añitos junto a DEATH su obra cumbre ‘Human’ y no hace falta que diga, que estoy hablando de los señores Paul Masvidal y Sean Reinert (o como lo llaman por ahí: el mejor percusionista que jamás conoció la escena). Así pues, tras la frustración de saberse fuera de la mayor banda de la escena en su mejor momento (trabajar con Chuck nunca fue fácil, ni tan siquiera para él mismo y sus enfermizos niveles de exigencia), el dúo no vio otra salida posible que la de reactivar la banda que ya seis años antes habían levantado, allá por 1987 cuando practicaban algo bastante más rudimentario. Sencillamente, los astros se alinearon correctamente, las estrellas se ubicaron en el lugar adecuado y CYNIC parió la que estaba llamada a ser una de las mayores bellezas jamás erigidas, no tan solo al rudo y malsonante Death Metal, sino por extensión a la toda la música en general.

Tras los primeros segundos de ‘Veil of Maya’, cualquiera pudo adivinar de buenas a primeras como aquello a lo que se estaba exponiendo no era algo trivial, y mucho menos todavía cuando las robóticas voces a cargo de Masvidal (pasadas por un filtro vocoder) empezaban a desparramarse por el tema junto a las incomprensibles líneas del bajo de Malone, al punto que los toms del kit de Reinert hacían estragos entre los oídos y los pantalones del personal. Los inexplicables cambios de ritmo, el enganche demencial de unas secciones con las otras, el engarzado no-euclidiano de cada una de las pulsaciones de Reinert, como fluye todo sin que uno entienda por qué, como el todo conlleva más que la suma de sus partes, todo… Todo cobra una dimensión tan, pero tan, exageradamente descomunal, que uno no podía por más que pensar que aquello que se había colado en los Morrisound en aquel asfixiante junio del ’93, no eran cuatro jovenzuelos sino una pandilla de marcianos tocando las coplas regionales de su planeta.

De igual modo, ‘Celestial Voyage’ y ‘The Eagle Nature’ (con su sección final de sobrecogedora belleza) muestran a una banda que se fusiona, palpita y respira como una sola entidad, y es que tampoco vamos a dejarnos atrás a Malone y Gobel, pero es definitivamente el binomio Masvidal-Reinert el que inequívocamente propició que ‘Focus’ se convirtiera desde el mismo instante de su nacimiento en una de las obras magnas dentro del género. ‘Sentiment’ empieza a gatear bajo unas coordenadas más New Age que otra cosa, y es que amiguitos: el que se piense que estos aprendieron a tocar en el garaje hasta que les salió algo están fatalmente equivocados. Por el contrario, aquí lo que tenemos es a unos músicos instruidos en escuelas de jazz y esto uno puede oírlo claramente sin tener que esforzarse demasiado; La insana polimetría de los ritmos de Reinert no es flor de un día. El tema discurre por senderos únicamente concebibles para mentes clarividentes y la verdad: Empiezo a plantearme si llamar a esto Death Metal, no es quedarse corto. ‘I'm But A Wave to...’ transita por páramos similares, no siendo hasta (01:25) cuando la maquinaria de destrucción masiva abre a todo trapo sus motores con un Sean Reinert pletórico y creo yo: sin ser demasiado consciente de la atroz brutalidad que estaba llevando a cabo. Aplastante sin más; El uso descomunal de los dobles pedales y la alucinante distorsión de las guitarras era algo simplemente inaudito.

‘Uroboric Forms’ es de las pocas que al punto de arrancar, nos echa ya por encima a los caballos, aunque no hay que olvidar algo muy importante: Cuando CYNIC tocan tranquilos algo de salvaje sigue presente en su música, mientras que por otro lado, cuando avanzan en plan bruto tampoco pierden jamás la pátina de belleza que recubre a cada uno de los segundos de los cuales se componen todas y cada una de sus creaciones. Muy posiblemente, nos hallamos ante el tema más potente y violento del disco (de las voces Death se encargaría el teclista de estudio, Tony Teegarden), por lo que el tema que le sucede, comporta un significativo cambio de registro que después de todo tampoco va a extrañarnos en unos locos chiflados como estos irrepetibles CYNIC. En este sentido, la elocuentemente titulada ‘Textures’ presenta un infinito entramado compuesto de millones de matices que sencillamente no están al alcance de cualquiera. Algunas de las secciones del tema son directamente Jazz sin tapujos, aunque la verdad, los tipos tocan con la misma naturalidad que yo me corto una raja de sandía en la cocina, y de verdad: Escuchar como Malone, literalmente, vuela con el bajo o como Reinert fantasea como un niño, experimentando con su juguete y viajando al infinito, pone la piel de gallinácea como pocas cosas.

Con ‘How Could I’ alcanzamos el fin del túnel, al punto que llegamos al clímax del álbum y a la que sin duda es su mejor composición bajo mi modesto punto de vista. Desde los filtros de bajo con los que despega el tema hasta los rescoldos finales con los que el fuego se apaga lenta y agónicamente, todo lo que acontece durante sus cinco minutos y medio es pura ciencia ficción que por momentos se despega del simple concepto de música para replegarse, darse la vuelta y deslizarse por una brecha imaginaria que conduce a una cuarta dimensión donde las cosas no tienen colores ni forma pero son cegadoramente hermosas. Los recursos de la banda, sencillamente es no tienen fin (02:40) y para acabar de rematarlo, asomaros a la ventana cósmica desde la cual puede divisarse el riff de Gobel en (03:51) para definitivamente caer rendidos a unos músicos y un disco que simple y llanamente: jamás tuvieron rival en las arenas del circo Death Metal. Lo dejo muy claro: Existen discos Death Metal mejores que ‘Focus’ (mejores en términos de género), pero entrar a valorar el hecho de si alguien ha sido capaz de acercarse jamás a sus cotas de talento es un debate sencillamente ridículo. La tierra es redonda, el hombre estúpido y CYNIC es la banda de más talento que nunca jamás dio el Death Metal en toda su historia. Tanto, que incluso arrebata los sentidos a muchos de los que detestan y denuestan al género sin saber una mierda al respecto.

Completamente en las antípodas de todo lo anteriormente conocido, nos hallamos -sin el menor margen de duda- ante una de las 25 obras más relevantes, aunque no representativas, de un género genuinamente underground como el Death Metal. ‘Focus’ es muchas cosas: Talento, fuerza, imaginación y ¿por qué no decirlo? Una palabra que todavía no existe.

Valoración: 9.8

Jason Gobel: Guitarras & Sintetizadores
Sean Malone: Bajo & Chapman Stick
Paul Masvidal: Voz, Guitarras & Sintetizadores
Sean Reinert: Percusiones acústicas/electrónicas & Teclados

Sello
Roadrunner