Control Denied – The Fragile Art of Existence

Enviado por TenzaZangetsu el Vie, 27/02/2015 - 16:57
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1. Consumed - 7:24
2. Breaking The Broken - 5:41
3. Expect The Unexpected - 7:18
4. What If…? – 4:30
5. When The Link Becomes Missing - 5:17
6. Believe - 6:10
7. Cut Down - 4:50
8. The Fragile Art Of Existence - 9:38

Tremendo putadón que me jodió el día fue esa noticia devastadora de que Bruce Dickinson, vocalista de Iron Maiden e ídolo para millones para cualquier que no sepa, padece de cáncer. Lo positivo –si es que se puede tomar algo positivo de esto- es que el tumor localizado debajo de su lengua fue detectado temprano y ya lleva siete semanas en un proceso de quimioterapia que está funcionando muy bien, según las noticias de La Doncella. Es bastante obvio que la banda de Harris ha pospuesto toda ocupación en este año en pos de la salud de Bruce. Desde aquí, los mejores deseos para el Air Raid Siren y a sus seres amados. Entonces comencé a pensar en tantas figuras que hemos perdido en nuestra música a causa de esa desdeñable enfermedad y dos quedan por encima de todos: la voz del Metal, Ronnie James Dio, y el gurú y patriarca absoluto del Death Metal, Charles Michael Schuldiner. O Chuck Schuldiner para los amigos.

La suya fue una carrera meteórica, magistral y siempre progresando para ascender con criterio y sapiencia hasta alcanzar un grado de maestría único en su clase. Desde sus comienzos imberbes y básicos con esos Mantas tan primigenios en 1.983, Schuldiner fue cultivando esa mezcla de brutalidad, morbosidad y lasciva que sería el Death Metal clásico hasta formar a ese grupo seminal llamado Death, que significaría el comienzo de un idilio musical que llevaría al joven de Florida en convertirse una leyenda de la música metalera como sus ídolos Steve Harris, Glenn Tipton o Kerry King. Debido a su fascinación por los grupos más extremos de la época como Slayer, Celtic Frost o Venom, el sonido de su debut, Scream Bloody Gore, sería el álbum “manual” para muchos grupos que entrarían ese cúmulo de salvajismo y locura sangrienta que era el Death Metal en sus comienzos. Luego, con los años de experiencia y lo consagrada de su figura, Chuck iría mejorando el sonido y técnica de la banda hasta convertirse en una de esas agrupaciones visionarias, innovadoras, influyentes y solitarias en el mundo del Metal. Death es Chuck; Chuck es Death. Todos los miembros que pasaron por ese grupo solo fueron instrumentistas que cumplieron con la labor de plasmar los conceptos de un genio como Evil Chuck. Para le eternidad quedarán los siete álbumes de Death con obras como Human, Individual Thought Patterns o The Sound of Perseverance como favoritas personales de un servidor. No tengo ningún temor decir que la discografía de este grupo no tiene ni un solo punto bajo, NI UNO SOLO.

En 1.999, justo antes de que el cáncer hiciera de las suyas para arrebatarnos a una de las figuras más grandes de la historia del Metal, nuestro protagonista dejaba descansar a su criatura luego de aquel legendario The Sound of Perseverance -que sería a posteriori un epitafio memorable- para dedicarse a un proyecto que había fundado un par de años atrás en otro sabático de su grupo principal: Control Denied. Luego de haber hecho el que muchos consideran el mejor trabajo de su carrera con sus Death, Symbolic, en 1.995, el líder de la banda decidió suspender al grupo por un tiempo para crear un proyecto donde pudiera explayar a sus anchas su amor por el Metal de corte más clásico. Fanático sin remedio de grupos clásicos como Iron Maiden, Judas Priest, Raven o Manowar, ya estaba un poco cansado de los estigmas y preceptos vocales del Death Metal por lo que quiso montar otra banda donde pudiera dejar fluir esa visión más melódica que tenía en mente. Luego de un par de maquetas en ese período, volvería con sus Death en 1.998 y volvería a la carga con su proyecto luego del trabajo previamente mencionado. La alineación de Control Denied contaría con los mismos músicos que tocaron la segunda guitarra y la batería en el The Sound of Perseverance -Shannon Hamm y Richard Christy, respectivamente-, además de la inclusión de un antiguo miembro de su otra banda, el infame Steve DiGiorgio, en el bajo y un vocalista poco conocido como Tim Aymar en las vocales. Chuck declararía por esa época que quiso trabajar con Warrell Dane de Nevermore en las vocales, pero no pudieron por problemas de ocupaciones.

Una máxima que impera siempre en estos proyectos paralelos es la siguiente pregunta: ¿Qué diferencias tiene este proyecto a la banda principal? Pues la primera, y tal vez la más importante, son las voces limpias de Aymar, que marca un gran contraste con los guturales y estruendosos chillidos de Schuldiner. Quienes estén esperando Death Metal ultra gore y brutal, pueden retirarse. Aquí predominan melodías atrapantes, riffs entrecortados, cambios de ritmo incesantes y harmonías vocales entre el propio Aymar y un Chuck que lo apoya en las voces de fondo. Debe ser el trabajo más técnico de la carrera de Schuldiner y les puedo asegurar que es también el más inaccesible puesto que luego de múltiples escuchas aún no se pueden atrapar todos los detalles. La crítica por parte de quien suscribe es que el toque más duro y pesado de los Death aquí se ha ido, por lo que no podemos disfrutar con algo de la intensidad a la que nos tiene acostumbrada este artista, aunque eso ya se había vislumbrado un poco con The Sound of Perseverance.

Describir canción por canción es un esfuerzo fútil si consideramos la infinidad de riffs, solos, líneas de bajo o patrones de batería que fluyen por este The Fragile Art of Existence. Es un trabajo extenso y que va a requerir muchas escuchas para que el oyente se sienta atrapado por la propuesta que aquí se planta. Favoritas personales son la directa Believe con unos riffs bastante buenos y un Aymar pletórico, What If… con su enfoque netamente Progresivo y unos cambios de ritmo impensados, además de una joyita como When The Link Becomes Missing donde Chuck y Shannon sueltan unos riffs bastante pesados y directos hasta entrar a esos pasajes sosegados semi acústicos o la épica Breaking the Broken que muestra algunas influencias que tal vez vislumbraban un nuevo enfoque músico para nuestro otrora guitarrista Deather, pero también siendo la más intensa y mostrando al mismo tiempo algunos rasgos de sus últimos trabajos. El álbum como tal es bastante homogéneo y las composiciones incluso pueden llegar a ser confundidas entre sí, por lo que es bastante claro declarar que no es un álbum diseñado para todos –por si no se habían dado cuenta ya- y donde no hay melodías fáciles o coros pegajosos para enganchar al oyente. Nada más, ni nada menos. Este trabajo es lo que es y si quieren disfrutar con una musicalidad del más alto nivel, con unos instrumentistas de clase mundial, pues aquí tienen a Control Denied.

The Fragile Art of Existence iba a ser el primer paso de Chuck para alejarse de la movida Death Metal para seguir experimentando con el Metal más melódico y las voces limpias. Tanto fue el respeto por sus fans que no publicó este álbum con el moniker de su grupo principal puesto que sabía que más de uno se sentiría hastiado u ofendido por el cambio musical que había hecho esta vez. No quiso cruzar esa línea para mantener cierta integridad. De todas maneras, poco más se puede decir de un músico irrepetible que, mientras vivió, nos regaló retazo tras retazo musical que, combinados, se convertía en una gran obra musical que es su carrera. Un ejemplo magistral de cómo hacer joyas sin parangón e ir evolucionando constantemente, sin perder la visión o la ambición. Nunca le rindió cuentas a nadie; cada álbum era un catarsis de quién era en ese momento e incluso se metió en problemas con antiguos compañeros por lo reacio que era a compartir su música o visión, pero la verdad es que siempre supo lo que quería y nunca hizo concesiones para ser lo que quería ser. Un señor que vivió por y para el Metal sin perder un ápice de la humildad o el amor por esta maravillosa música que a millones nos encanta. Un músico y hombre de una categoría encomiable que no necesita ser encumbrado por nadie ya que su carrera hizo eso por él mismo. Un humilde reseñista no puede atrapar en meros textos lo que fue la carrera de Charles Michael “Evil Chuck” Schuldiner. Maestro, desde aquí, mi humilde tributo para usted.

Cuatro cuernos (bajos) para The Fragile Art of Existence. Tal vez el cáncer nos quite a nuestros ídolos, pero jamás podrán quitarnos los recuerdos que éstos nos han hecho con su música y su obra vive eternamente para recordarnos que ninguna muerte es realmente permanente.

• Tim Aymar – Vocales
• Chuck Schuldiner – Guitarra, voces de fondo
• Richard Christy – Batería
• Steve DiGiorgio – Bajo
• Shannon Hamm – Guitarra

Sello
Nuclear Blast