Children of Bodom - Hatebreeder

Enviado por Hawkmoon el Lun, 25/07/2011 - 23:13
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1. Warheart
2. Silent Night, Bodom Night
3. Hatebreeder
4. Bed of Razors
5. Towards Dead End
6. Black Widow
7. Wrath Within
8. Children of Bodom
9. Downfall

Una sabrosa mixtura, parida entre acotaciones Power, Black, Heavy y Death (melódico), es lo que regalaron Children of Bodom a la parroquia con su debut de 1997, "Something Wild". Un primer paso en estudio que bastó para que la formación liderada por Alexi Laiho se hiciese con un nombre en un panorama, el del Death melódico, que cada vez captaba más y más adeptos, sobretodo gracias al "boom" que provocaron In Flames, dueños y señores del feudo.

Pero las influencias de Laiho y los suyos no se basan únicamente en plagiar una y otra vez un disco como "Slaughter of the Soul" de At The Gates o el "Jester Race" de In Flames. Para nada. Los "Bodomitas" van más lejos y a todo el cotarro se le une el sentimiento clásico, recargado, barroco. Pero nunca, bajo ningún concepto, se iba a carecer de fuerza, de empuje, de cojones, en el reino de los Children of Bodom. La premisa era que había que sonar altamente melódicos, por eso de atraer a las masas. Pero sin perder garra. Se tenía que ser certero en el segundo disparo. Tanto o más que con el primero. Para eso llegó ante nosotros un disco como "Hatebreeder". Para aniquilarnos. Para hacernos papilla a golpe de riffs cortantes, teclados de ensueño y baterías machaconas (totalmente deudoras del Power)...pero, ante todo, sin duda, había que gustar. Children of Bodom, y más en especial su líder, vocalista, compositor, letrista y guitarra, Alexi, todo un futuro icono del movimiento (se quiera ver o no) sabía y tenía claro hacía dónde quería dirigir sus pasos. Y no era un lugar en el que éxito brillase por su ausencia. Como buen metalhead, como devorador de todo tipo de material en el reino, Alexi sabía qué era lo que funcionaba y lo que no. Amante tanto de W.A.S.P (de ahí su mote, "Wild Child"), de Maiden, de Priest, como de Metallica, Slayer, At The Gates, Accept o King Diamond. Si sabes como cocinar un plato con un montón de ingredientes que, a priori, no casan, es que eres buen cocinero. Y Alexi nos iba a demostrar como cocinaba. Y como se dejaba los huevos por hacer de su banda uno de los estandartes del Metal del nuevo milenio.

¿Te vienes a vivir el disco verde de los Children? Venga, colega. No me seas tontín. ¿Que un montón de crios escuchan a la banda y no te apetece dejarte llevar por que es la banda predilecta del emo subnormal que tienes por vecino? ¿Por esa gilipollez te los vas a perder? Metallica y Maiden también son devorados por millones de entes y tienen material la mar de molón. Venga, quítate el espíritu True y tira directo para "Hatebreeder", que te va a enganchar. Si te mola el rollete añejo del Heavy, la energía adrenalítica y veloz del Thrash, la onda Yngwie Malsteem, la pegada intensa del Power y las voces "noruegotas", bienvenido. "Hatebreeder" viene dispuesto a todo. Y Alexi, desde luego, también.

"Warheart", el primer guadañazo, se abre con un bajo danzarín para, en nada, empezar con la pesadilla "riffero-tecladística" que ya acotaron en su primera obra. Velocidad, caña, movimientos ígneos en las cuerdas, a veces con un marcado aura Thrash, una voz muy deudora del material de Ancient Rites y demás "Euronymusianos" de élite. Se nota, además del rollo clásico, presente en casi cada track de la banda, un saborcillo a Heavy-Thrash. Ancient Rites, Helloween, Manowar, Kreator y el espíritu de Mozart viviendo juntos. Impagable. Alexi apunta en todas direcciones con tal de hacer llegar su movida.

"Silent Night, Bodom Night", "Hatebreeder" y "Bed of Razors" (atmósfera, potencia y elegancia. Genial tributillo inicial, entre lineas, al "Alice in Hell"), tres tracks que nos muestran que el camino de Children of Bodom pese a ser predecible es todo un cañonazo, una bomba de relojería, y más para el quinceañero de turno que se cansa ya de Maiden o de Helloween, reivindica el espíritu híbrido. Aquel que no se sonroja en fusionar movidas que, a ojos de muchos, puede parecer una blasfemia. Thrash sonando a Black, con aura Heavy-Power y teclados. Cierto es que Joey DeMaio se indignaría con tanto mestizaje. Pero gracias a Crom no somos Joey y podemos disfrutar de las movidas bien hechas. Y ésta, del todo, está más que bien parida. Los músicos que acompañan a Alexi son realmente jóvenes, como él. Sorprende ver tanta calidad, técnica y saber hacer en peña tan poco curtida. Se nota que van a por algo grande. Su material puede sonar light a ojos de aquel que alucina con el "Hammer Smashed Face" de ciertos caníbales de Forida. Pero nadie les quita a los fineses lo bien que nos estampan contra un muro. Potencia y melodía. Ira y brillo. Los Helloween del inframundo.

"Towards Dead End", que con un chirriante guitarreo y un teclado que sirve de mástil, haciendo sonar tres guitarras dónde solamente hay dos, hace que nos sea imposible no mover el cuello hasta dejarlo al borde de la rotura. Alexi combina sus dos voces, la más Black junto a la "borracha", y se apuntan otro disparo de perfecta ejecución. Tanto te pueden emocionar (con cierto toque "Spiritual Black Dimensions" de Dimmu Borgir) como te hacen ser un bicho sediento de sangre. Hambre riffera. Si Mozart hubiese tenido, aún no sé cómo, acceso a Iron Maiden o a Priest, os digo yo que habría acabado metiéndose en una onda a lo Children. Descarao. Uno de los mejores temas del disco del 99, sin duda. La naturaleza de la banda se muestra tal y como es, sin trampa ni cartón, a modo resumen, perfectamente estampada con un tema como "Towards Dead End". Tema que, por cierto, ya estaba grabado de cara a su debut, pero que por azares del destino acabó en el segundo trabajo. Mejor. Así "Hatebreeder" luce más.

"Black Widow" (martillazo total), "Wrath Within" (un tema que podría pasar desapercibido, si no fuese por la voz de Alexi, en un disco de Yngwie) y "Children of Bodom" (otro descarte de "Something Wild", aunque molón) nos sirven de antesala a "Downfall". Turno de la última afrenta del segador misterioso. Inicio genial, muy poderoso, que se asemeja al comienzo de los mejores temas ochenteros, y de los mejores combos, esos que te hacen poner el puño en alto solamente sonar el primer acorde, para ir mutando, a medias con el compañero del teclado, a ente de ensueño, tan potentorro como misterioso, tan abrasivo como bucólico. Todo a doscientos por hora. Todo cocinado con pasión. Me encanta el fin de disco. Me encanta el disco entero, qué coñes. Discazo.

La triada inicial de los Bodomitas ("Something Wild", "Hatebreeder" y "Follow the Reaper") es la mejor que han escupido jamás. Y como disco que tiene el honor de pertenecer a la mejor era del combo, "Hatebreeder", el disco verde, el más misterioso de todos ellos, merece puestos de honor. Aunque sea desde que tienes quince años hasta los veinte. Pero los merece.

4 cuernos (medio-altos) para Alexi y su incansable búsqueda del trono. Guadañazo genial.

Alexi Laiho: Voz y guitarra
Alexander Kuoppala: Guitarra
Henkka T. Blacksmith: Bajo
Jaska Raatikainen: Batería
Janne Warman: Teclados

Sello
Spinefarm Records