Celtic Frost - Vanity/Nemesis

Enviado por stalker213 el Lun, 06/05/2013 - 22:49
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1. The Heart Beneath (3:50)
2. Wine In My Hand (Third From the Sun) (3:29)
3. Wings of Solitude (4:36)
4. The Name of My Bride (4:32)
5. This Island Earth (5:50) *
6. The Restless Seas (4:41)
7. Phallic Tantrum (3:29)
8. A Kiss Or A Whisper (3:05)
9. Vanity (4:26)
10. Nemesis (7:49)
11. Heroes (3:47) *

Tras la tormenta –dicen- viene a continuación la calma, y especialmente cuando echamos la vista atrás y oteamos a lo lejos el triste y aciago destino que hubieran de padecer los dioses CELTIC FROST, tras el ciclópeo descalabro que supuso su maldito ‘Cold Lake’ de 1988, se pregunta uno si en esta ocasión lo que sobrevino no fue ya la calma, sino la “calmísima” (si se me permite el uso de tamaño palabro) en vistas a que tras la publicación de su cuarto álbum de estudio, aquello que tuvo a bien el destino para con los suizos no fue sino indiferencia y, hasta si se me permite el atrevimiento, menosprecio para un notabilísimo trabajo que únicamente el tiempo se ha encargado de poner en su merecido lugar. Porque si indiscutiblemente ‘Cold Lake’ es y será por los restos el hermano tarado de su divino catálogo, éste ‘Vanity/Nemesis’ es y será también, aunque afortunadamente cada vez menos, el gran desconocido. Y es que los 90’s asomaban el hocico y con él turbios aires de cambio…

A las claras está, el cómo todavía la parroquia tenía muy presente la infame e insalvable “traición” que Fischer y los suyos cometieran dos años antes, al echarse entonces al ruedo con un extravagante y sui generis ‘Cold Lake’ colgando del cinturón junto al resto de jodidos tótems sagrados integrantes de su incomparable discografía, y es que con la de cosas que hay en este mundo que -de facto- son imposibles, qué dificilísimo resulta a veces el hecho de perdonar (incluso a aquellos a los que más quieres) cuando eso es algo tan necesario ¿Verdad?

No obstante, el perdón definitivo para las huestes del Guerrero no llegaría sino tras casi veinte infinitos años de lenta y sufrida agonía (dieciocho para ser exactos), después de la edición de su tortuosa y caleidoscópica pesadilla llamada ‘Monotheist’ de 2006. Ahora bien, ni para ‘Vanity/Nemesis’ o -ni os cuento ya- para su indescifrable experimento bautizado ‘Prototype’ lo hubo de tipo alguno. Eso sí, que la historia fue la que conocemos y que nada ya podrá cambiarla es algo que invariablemente es así. No en vano –creo- lo que es irrefutable no debe privarnos de ver otra distinta, aunque innegable, realidad. Y es que aunque cubierto por una kilométrica y lúgubre sombra de olvido y oscuridad, ‘Vanity/Nemesis’ se delata al punto como un extraordinario y complejísimo trabajo que, incluso en una época tan crítica como fueron los albores de los 90’s para el Thrash, únicamente podía ser concebido en el seno de una banda de escogidos (¿No fue alguna vez el Rey de los Infiernos también un ángel caído?), siempre a la vanguardia del movimiento.

Y es que a decir verdad, éste es un disco que aunque sí es cierto que navega por océanos insospechablemente remotos a los anteriormente surcados por su predecesor, ‘Cold Lake’, sin duda guarda al fin y al cabo ciertas analogías con aquél, siendo la producción y sus arreglos el mayor punto equidistante entre ambos; Y apuntillo aquí mi argumentación al respecto: Su cercano recopilatorio ‘Parched With Thirst Am I And Dying’ iba a encargarse de demostrar esto que digo, porque indiscutiblemente sus particulares versiones tanto de ‘Juices Like Wine’ como sobretodo de ‘Downtown Hanoi’ no vendrían sino a demostrar que en función del enfoque y la densidad que uno otorgue a un trabajo, sus efectos pueden ser unos u otros bien distintos, a pesar de que las partituras fueran en los dos casos las mismas. Por eso recalco una vez tras otra, el cómo ‘Cold Lake’ resulta una cosa y no otra si se descifra correctamente, siguiendo unas muy concretas coordenadas. Aunque hoy no es ese el caso, ya que el que nos ocupa ahora mismo es ‘Vanity Nemesis’, y en resumidas cuentas un gran trabajo infinitamente aprovechable –en ocasiones quizás demasiado barroco y abarrotado- si se sabe interpretar a su vez desde un prisma que no todo el mundo es capaz de aplicar.

Porque mira que Tom es un tipo con un par y bien gordos. Ya que si después de todo, el nuevo disco de su banda debía ser un gesto de cara a la galería para hacerse perdonar tras la ofensa, no va el tío loco y se me descuelga ya no tan solo con un cover de Bryan Ferry, sino también con otro –prácticamente irreconocible, la verdad- del inquietante y complicado David Bowie. Flipante quedaría corto para ilustrar el ridículo riesgo que el chiflado frontman decidió correr tras la histórica debacle de su anterior retoño, pero el Trono del Metal no es un lugar para cobardes, y Fischer iba a encargarse de demostrar quién era y de lo que era capaz.

En ese sentido, precisamente, ‘The Heart Beneath’ no es que busque perdonarse ya desde lo que sería el principio, porque al margen de que arranca con un susurro femenino que no nos pone nada en situación, el guitarreo no es que diste eones del anteriormente facturado en ‘Cold Lake’. Ahora bien, del mismo modo es sintomático cómo el riff que abruptamente fluctúa en (00:40) no es tampoco lo mismo, y ni os cuento ya el registro vocal del guerrero que, aunque igualmente lejos del cerval furor de antaño, se adivina harto más beligerante del quejumbroso y medio aplatanado de su anterior placa. Y es que insisto: Aunque aquí el asunto no llegue al nivel de desparrame de una ‘Jewel Throne’ o menos siquiera de una ‘Into the Crypts of Rays’, el cañón de apertura del trabajo del ’90 no es precisamente uno apocado. En cierto modo, a los suizos se los ve todavía algo redomados y cautelosos ante cada uno de sus pasos, aunque si la cuestión fuera sobre indagar en aquello que estaba cociendo entonces en el mundillo Thrash, sin duda el de los FROST era de lo más interesante, a pesar de su empecinado y militante vanguardismo; Que dicho sea de paso, existió irrefutablemente ya desde sus inicios cinco años antes, si bien parecieren muchísimos más. Además ¡Qué coño! Tu ¡UH! Sigue estando ahí, luego cualquier otra consideración está de más.

‘Wine In My Hand (Third From The Sun)’, en cambio, entra distintamente desplegando sus alas a lo grande, dejando meridiano él como esta vez las probaturas iban a ir controladas con muchísimo más rigor y -no digamos ya- pulso, para no alterar a la parroquia más de lo necesario. Con tal propósito, las rítmicas marcan un ritmo difícilmente insertable a nada presente en su previo ensayo, siendo por tanto entendible el cómo tanto su intro, los versos, los estribillos, los puentes o sus solos discurran con la suficiente contundencia como para preparar el terreno de lo que va a significar la primera parada en seco. Así pues, la bajada de revoluciones de ‘Wings of Solitude’ es tan obvia como elegante, y es que aquí uno aprecia a unos FROST tan accesibles como punzantes, dejando patente la clase en su pomposo aunque enorme estribillo, y donde el aporte de Uta Günther a los coros se antoja no poco acertado.

Sigue ‘The Name of My Bride’, así como queriendo volver a subir una marcha, y de nuevo tenemos a todo el batallón tirando a marchas forzadas, logrando resultados lejos de nada que no fuera brillante. El tempo, firme y resuelto, no llega por ni tan solo un segundo al legendario muro de sonido levantado para gloria y recuerdo de un coloso llameante como ‘To Mega Therion’ ¡Vender otra cosa sería un chiste de mal gusto! Aunque ciertamente esta nueva metamorfosis de los suizos, así como medio gafapasta-pseudo-intelectualoide tampoco les cae mal del todo. De hecho, les funciona y muy bien, ciertamente. Justo como sucede con el cover de Brian Ferry, que a pesar de no pegar ni con cola sobre el papel, se ajusta como guante de seda a un conjunto general en el cual no desentona en lo más mínimo. Aquí, por eso, sí se siente algo más aquella aura gótico-depresiva de ‘Cold Lake’ en las torturadas voces de Fischer, aunque ¡Oye! También flotaban aquellas en la apabullante ‘Mesmerized’ del ‘87 y entonces no pareció que molestara tanto, si bien levantó alguna que otra ampolla, que la verdad, me la paso por el forro. Si no le permites una excentricidad a un genio ¿A quién cojones de la vas a tolerar entonces? Por cierto, apuntad lo siguiente, y es que por el solo que se marca al final del tema, a Bryant le perdono los tirantes, el careto de maricona de la foto de ‘Cold Lake’ y lo que haga falta.

Por su parte, ‘The Restless Seas’ vuelve a las andadas, embistiendo con virulencia ya desde sus primeros compases, dejando patente –por si no lo estaba ya- que para ser un virtuoso con tu instrumento no tienes porque ser más veloz que un jodido cometa o freírle la puta cabeza a nadie más de media hora con un absurdo e insufrible solo, ya que haciendo aquello tan simple que hace Fischer cuando descarga unas rítmicas como éstas, queda más que testado. De hecho, cualquier otra pieza anterior demuestra aquello que quiero ahora traer, y es que queriendo volver a sus raíces -fallando o no- CELTIC FROST consiguieron con el presente volumen aquél más complejo que hubieran grabado hasta la fecha (hecho todavía más notorio en su abismal ‘Monotheist’ de 2006), a pesar de que en muchas ocasiones no lo parezca tanto; Aunque una cosa no quita la otra: Rascando y rascando sobre la difícil superficie de ‘Vanity/Nemesis’, aquello que termina encontrando uno, no es sino un fantástico conglomerado de complejísimas composiciones, aunque no por el mero hecho de pretenderlo, como sucede en el caso del farragoso ‘… and Justice For All’ de los californianos METALLICA, sino bastante antes porque aquél se desenvuelve con una fluidez y una naturalidad que no viene sino a hablarnos de la aplastante visión y capacidad de sus autores.

‘Phallic Tantrum’ sigue sin bajarse del carro de combate, y aquí hay que volver a detenerse un segundo y reflexionar, para reconocer algo que al punto se me antoja de libro: A mí y a todos y cada uno de los viscerales devotos de la banda nos hubiera gustado que Martin Eric Ain se hubiera involucrado más en la composición del álbum, pero así como en ‘Cold Lake’ a Curt Victor Bryant se lo lapidó a saco por los motivos que ya todos conocemos (o debiéramos conocer), sin duda en ‘Vanity’ debieran tornarse aquellos en una cerrada ovación, porque tanto a las seis como a las cuatro cuerdas, firma una faena que raya más cerca del excelente que del notable. Y lo vuelvo a repetir las veces que haga falta: Un tema es un tema y eso nada ni nadie lo puede cambiar; Ahora cuidado, porque en función del enfoque que tú le apliques, será una cosa u otra bien distinta; y es que ¡Sí! ¿Por qué no? ‘Phallic Tantrum’ podría haber visto la luz junto a bomboncitos irresistibles como ‘Blood On Kisses’, ‘Cherry Orchards’ o ‘Juices Like Wine’, aunque la pesada e irascible producción de ‘Vanity’ nos dice tozudamente lo contrario. No en vano, la advertencia no quedaría sino en papel mojado al hacer la misma prueba con ‘A Kiss Or A Whisper’, porque a pesar de lo delicado y sutil de su engañoso título, aquí no se oculta otra cosa que aquello que todos reclamábamos. Tom y sus FROST vuelven concluyentemente al redil, demostrando como todavía rebasada la gloriosa década de los 80’s, el gran señor de la guerra y sus secuaces eran todavía capaces de prender la corona de emperador y ceñírsela sin el menor rubor, cuando ya casi todos los hijos pródigos del bendito Thrash andaban en la faena de hipotecar su leyenda, al punto que engrosaban sus cada vez más jugosas y apestosas chequeras. ‘A Kiss Or A Whisper’ es como apuntaba antes, uno de los ases ganadores que indudablemente llevan en volandas a ‘Vanity’ para ser el gran disco que innegablemente es, aunque me atrevo a decir que en dicha misión, se presume harto más capital la arrolladora ‘Vanity’ con su apocalíptico y automáticamente apoteósico break en (01:56), presa de un tufo a majestad y pedigrí de la más pura estirpe de príncipes, que tumbaría de espaldas hasta al más pintado.

Por si no habíamos tenido suficiente ya, ‘Nemesis’ despega, evocando algo que cualquiera que presuma de llamarse metalhead debería reconocer ipsofacto, para ir a colisionar contra el cautivador solo que Ron Marks nos regala en su primer minuto, hasta que aquél queda salvajemente mutilado por las descarnadas rítmicas del maníaco Fischer y su enésimo, pre-cámbrico y brutérrimo ¡UH! Y es que volvemos a tenerla liada, señores. Aquí yace aletargado, parece, el corte más extenso y rico en matices del álbum, aunque la crudeza y la visceralidad tampoco le son ajenas, y para piedra de toque, ahí queda ese cavernoso pasaje en (04:33), rematado para gozo del adicto frostiano con la ensalada de machetazos por cuenta de Marks en su fragmento final.

Y llega ‘Heroes’, donde el emperador de la vanguardia metálica hace los honores a su homónimo en los reinos del Rock. Choque de trenes camaleónicos, donde infinitas gamas de colores salpican al oyente, dejándolo absorto. Ciertamente no de las mejores del pack ¡Aunque mucho cuidado! Que ello no es un desdén o menos un reproche, sino mucho antes el más claro síntoma de la grandeza del disco ante el cual nos encontramos. Yo, personalmente, me quedo con la revisión del clásico de Ferry, aunque la del Duque Blanco tampoco es cosa de olvidarse. Gran broche de clausura para un trabajo encomiable, aunque posiblemente quizás no el que yo hubiera entendido como mejor. Aunque ¿Así lo quiso Tom? Pues así lo acepto y sin rechistar.

Tras su publicación, posiblemente, fueron muchos los que pensaron el cómo la bestia no tardaría en volver para reclamar su trono, más aquel reclamo quedó en nada. Así como por capricho del destino, de nuevo sus majestades volverían a sumergirse entre las insondables arenas de los tiempos, dejando entrever el cómo ‘Vanity/Nemesis’ figuraría para la posteridad como el digno epitafio de una formación irrepetible. Y es que los caminos del Señor son del todo inescrutables, ya que aquellos no vendrían a cristalizar sino dieciséis años más tarde con la inesperada erupción de un leviatán de indescifrable oscuridad bautizado como ‘Monotheist’. Aunque esa es ya otra historia que contaremos en futuras entregas y a su debido tiempo.

Valoración: 8.9

Tom G. Warrior: Voz, Guitarra & Bajo
Martin E. Ain: Bajo
Curt Victor Bryant: Guitarra & Bajo
Steve Priestly: Percusiones

Sello
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