Celtic Frost - Live at the Hammersmith Odeon 3.3.89

Enviado por TenzaZangetsu el Vie, 13/06/2014 - 15:41
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1. Human (Intro) – 0:41
2. The Usurper – 4:05
3. Seduce Me Tonight – 3:01
4. Mexican Radio – 0:46
5. (Once) They Were Eagles – 3:10
6. Little Velvet – 3:33
7. Jewel Throne – 4:02
8. Juices Like Wine – 3:55
9. Cherry Orchads – 4:26
10. Pretty Obsession – 4:33
11. Blood On Kisses – 3:57
12. Into The Crypts Of Rays – 4:06
13. Return To The Eve – 3:54
14. Downtown Hanoi – 3:53
15. Circle Of The Tyrants – 4:02
16. Roses Without Thorns – 2:38
17. Dethroned Emperor – 4:45

Todo gran emperador es recordado por su habilidad y clase para atravesar los más tumultuosos escenarios y salir victorioso. ¿Por qué triunfan en lugares inhóspitos y contra eminencias que los superan en todos los aspectos? Muy sencillo: la idea de salir victorioso. Sin eso, colega, no eres nada en este mundo. Puedes ser el más guapo, el más fuerte, el más listo, el más talentoso, el más señorial, PERO –y este “PERO” pesa mucho- si no tienes la expectativa de vencer en el momento clave, no eres más que un desperdicio de huesos y órganos. Thomas Gabriel, bastión y líder de uno de los monolitos cumbre de todo el espectro metalero, Celtic Frost, sabía, en pleno 1989, el significado del título de su canción Dethroned Emperor (<). Aquella corona de acero negro inoxidable y esotérico no era más que un tormentoso recuerdo de lo enorme que una vez fue y de lo risible que era ahora. Pero nos estamos adelantando a los hechos; hay que hacer remembranza para aquellos menos adoctrinados con la historia de este gran conquistador blasfemo de antaño.

Tom Warrior no nació para ser un mero músico de Metal extremo. Muchas personas, ingenuamente, catalogan lo hecho por Tom y sus inseparables Celtic Frost como música brutal y potente, cuando es más que obvio que abarca mucho más que eso. Ciertamente, el aura principal de la banda había sido así y siempre será considerada como extrema y brutal; no soy nadie para contradecir esa hipótesis. Pero aquí yo planteo mi visión de que Celtic Frost eran un edificio inamovible de cómo hacer música sin ningún tipo de restricciones y rompiendo cualquier cliché que se haya estipulado para el infortunio de sus contrincantes y coetáneos. Y es que con solo escuchar ese Stonehenge de oscuridad e intensidad que es To Mega Therion de 1985 sabemos que Warrior, con una perspectiva utópica y cuasi épica del oscurantismo típico de la época, estaba en un plano superior. La música, sin un ápice de técnica, rebosaba de un talento y una rabia que pocas bandas han ostentado en el extenso historial metalero, contrastado con algunas de las mejores letras que un servidor haya tenido el placer de leer en su vida. Yo vendo a mi hermano mayor para poder escribir poesía del nivel del gran Tom. Ya con dos EPs (además de aquella eterna demo como Hellhammer) y un devastador debut que hasta los propios Metallica mencionaron como influyentes (cuando Lars y James jugaban en la liga metalera), Celtic Frost, y por ende Tom, en 1987 deciden atreverse a apuntar más alto con sus proezas musicales y así nació uno de los trabajos más eclécticos de la década –tal vez el más ecléctico- bajo el nombre de Into The Pandemonium. El salvajismo tan particular de Warrior ahora era mezclado con una habilidad de surcar por otros estilos musicales de una manera tan descarada pero tan seductora. Solo hay que escuchar cortes como Mesmerized, Tristesses de la Lune o Rex Irae Requiem para saber que estamos tratando con una banda que no conocía los límites de su habilidad y creatividad, a pesar de no tener tantos recursos técnicos.

¿Qué pasó entonces con ese indetenible emperador que una vez arrasó con todos los reinos que visitaba y destruía a diestra y siniestra con su avasalladora espada céltica? ¿Ese rey que se plantaba glorioso ante sus huestes con la bandera negra de su ascendente imperio? Bueno, solo digamos que, mientras el éxito artístico se consigue, hay tentaciones que uno, como un mero mortal, no puede resistir. Y Tom G. Warrior, para el infortunio de más de un seguidor sin remedio de la banda, era un mortal. Cierto, todos en la escena underground no eran más que plebeyos ante la orfebrería poética y salvaje de Celtic Frost, pero el mainstream los eludían como una rata a un león enfurecido. Porque es que eran demasiado desatados y descontrolados para una audiencia acostumbrada a una perspectiva más mansa del género. Pero Noise Records, aquellas serpientes en el necro paraíso de nuestro anti-héroe, deciden prometerle el cielo metalero si solo cede un poco. Solo un poco, Tom, no seas malo. Te pondremos unas camisas de lo más linda y te acomodaremos ese desastre que tienes en la cabeza (aunque no hacemos milagros con tu cara). No ayudaba que la banda cambiara de miembros y que el propio Warrior estuviera involucrado felizmente con una mujer que lo incitaba a cambiar su revolucionaria propuesta por una más “melódica” y aceptable por la sociedad. Me hubiera gustado haber estado ahí, señores. Me hubiera gustado haber estado en primera fila para contemplar con mis propios ojos como uno de los mayores gurús de la historia de nuestra música se dejaba controlar tan ingenuamente por las aborrecibles disqueras y una mujer que quería su parte del pastel. Bueno, tampoco hay que ser tan tontos y decir que Tom fue una pobre víctima en todo esto; Celtic Frost siempre se ha movido a su ritmo y él decidió aquel funesto movimiento que cambiaría su carrera por siempre en 1989. Estoy hablando, por supuesto, de ese Cold Lake.

Nunca hay que subestimar el rol que jugó Cold Lake en el devenir de la banda. La agrupación dejaba atrás sus pintas grotescas y metaleras por laca y una actitud que supuestamente debía hacer reminiscencias con bandas como Poison, Ratt y derivados. La música, lo que era la vida misma de nuestro protagonista, debía ser torcida y domada para los intereses de aquellos que solo quieren chupar hasta la última gota de sangre de los cadáveres artísticos de los músicos. Pero hay que señalar algo muy importante: Cold Lake no es un álbum para “venderse”; Cold Lake es un engendro de dos visiones que se contradecían en todo. Ese álbum pudo haber sido Glam hasta la médula, pero si se escucha sin saber cuál banda es, podremos comprender que era algo más relacionado a un estilo bizarro e incompleto que no terminaría de gustarle al fan de Whitesnake como al de Bathory. Todos estamos aquí teorizando y yo pienso que Tom, a sabiendas del terrible error que estaba cometiendo, redujo en cierta medida los elementos más Hair del álbum tratando de que fuera un cambio menos descarado y que la parroquia más extrema no lo quemara vivo. No fue así, obviamente. Todos cagaron en el moniker Celtic Frost y al mejor estilo hooligan quemaban las copias del álbum que su ídolo había fabricado para traicionarlos (esto último no sé si pasó, pero no hay que negar que era interesante). Ya no había trallazos como Jewel Throne; en cambio teníamos “cosas” como Pretty Obsession o Little Velvet. No hay comparación que valga, señores.

Pero el suizo, herido en su orgullo y dignidad artística, decide lanzarse en una gira no exenta de problemáticas en la logística pero que debía servir como una disculpa con la parroquia; bueno, supuestamente ese era el concepto pero la mente de Tom no estaba del todo estable en esos tiempos. El problema principal de Cold Lake es que no acaba de decantarse por un estilo y acaba en tierra de nadie, causando que ni los extremos ni los más Hardrockeros se sientan atraídos por el álbum. Sin ánimos de sonar grosero u ofensivo, este álbum fue como una suerte de transexual musical. Vamos a enfocarnos en el directo en cuestión para dejarnos de comentarios u análisis innecesarios.

Con una alineación que nunca debió haber continuado el legado Frost y con una álbum masacrado desde casi todos los frentes, Warrior, el glorioso emperador de otrora, marcha a otra conquista en el legendario Hammersmith Odeon en el ’89. La cosa no pintaba bien, pero hay que confiar en alguien que supo ganarse a los fans de lo oscuro en el pasado. Tal vez el último trabajo no guste, pero en directo vamos a gozar de lo lindo con el directo. No importa lo que yo diga en la reseña, Tom, te toca a ti demostrar que aun tienes con qué.

Lo que tenemos aquí es un directo que acaba por dejarme totalmente confundido cada vez que lo escucho. No se ve mal y ciertamente no se escucha mal, pero las canciones carecen de esa intensidad que hacen a los clásicos de la banda tan especiales. Tomemos algo como el primer corte, The Usurper, por ejemplo: una canción ejecutada como debería ser, pero carente de esa potencia extra que hace que te vuele la cabeza. Cabe destacar que Amberg, principal bastión a la hora de estructurar el último álbum, no es el más adecuado para llevar a cabo estos clásicos de ultratumba porque no los toca como debe de ser. Solo hay que verlo –y escucharlo- cuando llegamos al final de la canción y comienza a revolotear por el escenario sin siquiera despacharse un solo de nivel. No ayuda que las pintas de la agrupación sean la de una bizarra mezcla entre Thrashers y Glammers de una manera tan perturbadora. Solo hay que ver la cara de Warrior durante todo el concierto para saber que estaba pensando “Dios santo, ¿qué estupidez acabo de hacer?”.

A pesar de que el directo está en compuesto en su mayoría por temas del defenestrado último trabajo, quiero destacar que al menos estas cargan algo más de crudeza y esfuerzo guitarrero por parte de los músicos; en otras palabras, suenan un poco mejor. Claro, temas como Seduce Me Tonight o Blood On Kisses nunca serán joyas ni en el feudo Glam como en el extremo pero ganan algo de nivel con la intensidad del plano de directo. Destaco la única canción del Cold Lake que me ha llegado a gustar y que aquí se ejecuta muy bien: (Once) They Were Eagles. Aquí tenemos una manera diferente de tocar de la banda y que te engancha de buena manera. Sólo que no es suficiente. ¿Por qué digo que no es suficiente? Porque si luego Amberg te masacra temazos y joyas eternas del género como Jewel Throne, Circle Of The Tyrants o Into The Crypts Of Rays con una técnica mierdosa, y me disculpan la expresión. Celtic Frost nunca fueron los más habilidosos del montón pero tocaban con una actitud y descaro que te compraba absolutamente. Aquí tocan mecánicamente y sientes que la propia banda –en otras palabras, Warrior- están avergonzados del logo blasfemo y corrosivo que tienen detrás de ellos en toda la velada.

Es una lástima que los temas que uno más disfruta en el concierto son los de Cold Lake. Sólo debemos escuchar Juices Like Wine o Downtown Hanoi para que entiendan de lo que estoy hablando y comprendan el estado de ambivalencia que ostentaba el combo por esos años.

Para acabar una noche de lo más bizarra y perturbadora para nuestros ojos –y oídos-, tenemos el clásico de la banda, Dethroned Emperor. El oscuro emperador de todo lo morboso y épico de antaño, ahora curtido en vestimentas de lo más “lindas”, decide despedirse con una canción que encarna a la perfección el estado de derrota que experimentaba en lo más profunda de su alma. No ayuda el hecho de que Warrior insiste en cantar esos temazos con su “nueva” voz que aplicó en su nuevo trabajo porque sólo empeora toda la cuestión; no digo que fuera Bruce Dickinson antes, pero el tipo tenía carácter y personalidad. Ahora ni eso tiene. La interpretación es bastante pobre y sirve como un eterno recordatorio de cómo eran estos antiguos Dioses del underground más brutal y repugnante en su apogeo y cómo se convirtieron en una tortuosa parodia de sí mismos. Concierto completo.

Y lo más triste, lo más shakesperiano de toda esta historia, es que Tom jamás se recuperó de esta herida mortal que sufrió por ése Cold Lake. Sólo contaba con una herida incurable que le recordaba cada maldito día de la traición que había cometido a la parroquia que siempre estuvo y aunque el siguiente álbum de la banda, Vanity/Nemesis, era un muy buen trabajo, el daño ya estaba hecho. Aquel emperador vencedor que podía hacer lo que quisiera con su música había demostrado que era humano y que podía flaquear. Ahora en combate las piernas le temblaban un poco y los rivales osaban mirarlo a los ojos con desdén y cuasi burla. A los ojos del mundo metalero, Tom Gabriel Warrior no era más que un despojo de lo que una vez fue y Celtic Frost, esa banda única y descarada a la hora de hacer música, ya nunca más fue ese monolito invencible que tanto podían pregonar con sus legendarios álbumes. Éste directo es el momento clave donde Warrior cayó en desgracia.

Dos cuernos (altos) para Live At The Hammersmith. La historia de un emperador destronado.

Tom G. Warrior - Vocals, Guitars
Oliver Amberg - Guitars
Curt Victor Bryant - Bass
Stephen Priestly - Drums

Sello
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