Celtic Frost - Into the Pandemonium

Enviado por El Vengador Tóxico el Mar, 22/04/2008 - 20:46
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1. Mexican Radio
2. Mesmerized
3. Inner Sanctum
4. Tristesses De La Lune
5. Babylon Fell (Jade Serpent)
6. Caress Into Oblivion (Jade Serpent II)
7. One In Their Pride (Porthole Mix)
8. I Won't Dance (The Elders' Orient)
9. Sorrows Of The Moon
10. Rex Irae (Requiem)
11. Oriental Masquerade

Tras más de dos décadas desde su publicación, Into the Pandemonium sigue siendo tan vanguardista e inclasificable como entonces. Un álbum sorprendente, que desconcierta con cada canción y que asombró a sus fans, logrando la repulsa de algunos y el amor incondicional de otros. La cima de la carrera de una banda que ya había llamado la atención de los metaleros más extremos con discos tan oscuros y hostiles como Morbid Tales, To Mega Therion o Emperor Returns y que decidió buscar cotas más altas de originalidad.

El arranque del álbum con Mexican Radio (un cóver de Wall of Woodo), ya nos hace presagiar que algo extraño ha pasado con Celtic Frost. ¡Pero si casi puede bailarse! ¿¿¿Y qué hay de esos alegres coros??? Aún no hemos salido de nuestro asombro cuando el tema termina y llega Mesmerized, tan parecida a Mexican Radio como Jenna Jameson a Carmen de Mairena. El inquietante Thomas Warrior gimotea oscuros poemas a medio tiempo mientras Red St. Mark demuestra su talento tras los timbales y una soprano desesperada parece llorar frases ocasionales. Con dos canciones tan sorprendentes y contradictorias abriendo el álbum, ya no sabemos qué puede llegar después. La respuesta es Inner Sanctum, uno de los temas más acordes al (negro) espíritu de los clásicos Frost. Velocidad, dureza, thrash metal sin adornos, una carga de poder y potencia, con el toque black de nuestros viejos amigos.

Vale, ya nos hemos confiado, parece que las aguas vuelvan al viejo cauce, ¿cierto? Y un cuerno.

Tristesses de la Lune se abre con unas frases de violines propias de un compositor dodecafónico en un día de jaqueca. La cantante recita su tristeza en francés mientras una siniestra guitarra la corea con un riff de cuatro acordes. Llegan Babylon Fell y Caress Into Oblivion, nuevos guiños a la etapa clásica de la banda, pero con una frescura de la que carecían los primeros discos. Los riffs y el trabajo a la batería son más elaborados que nunca. Si en algún momento de este álbum podemos entrever a los Celtic Frost de siempre, es en estos dos temas.

One in Their Pride es otra pieza imprevisible. En esencia, un pasaje de ritmos programados con un fondo compuesto por… ¡las voces de los técnicos de un lanzamiento espacial! Una excentricidad más en un álbum que no anda escaso de ellas. Después, un tema marchoso, casi jovial: I Won’t Dance nos hace intuir hacía dónde van los Frost. El espíritu de su próximo álbum (Cold Lake) nace en este tema. Y entonces, Sorrows of the Moon, una versión metalizada del anterior Tristesses de la Lune, mucho más fácil de digerir esta vez y con el propio Warrior lloriqueando las estrofas. Y al fin, la gran obra: Rex Irae (Requiem). La vuelta de tuerca definitiva. Si has llegado hasta aquí, ya estás preparado para una canción que romperá todos tus esquemas. La oscuridad se cierne sobre el oyente. Siniestros pasajes orquestales, voces operísticas y lamentos de ultratumba forman el tema definitivo del plástico y, tal vez, de la banda. Nunca han llegado tan lejos, nunca han sido tan siniestros ni tan osados. Finalmente, Oriental Masquerade, un breve tema de corte orquestal muy similar a aquel tremendo Innocence and Wrath que abría el legendario álbum To Mega Therion y que, en esta ocasión, cierra uno de los discos más originales que aparecieron en el panorama del metal extremo ochentero.

Into the Pandemonuim puede resultar tan indigesto como fascinante. Se trata de un disco de calidad indiscutible pero de difícil escucha. Nunca Celtic Frost han apostado tan fuerte, nunca han experimentado tanto. Habrá quien vea en este disco un intento confuso de apuntar en mil direcciones a la vez, o un deseo frustrado de probar varios estilos sin definirse por ninguno. Pero que nadie se engañe: Into the Pandemonium es un ejercicio de valor y originalidad, un chaparrón de grandes ideas que, pese a su engañosa falta de cohesión y a los imperdonables solos de guitarra de Thomas Warrior, logra dar forma a un disco interesante, ecléctico y perdurable.

Tom Gabriel Warrior: Voice, Guitars, Synth, Effects
Martin Eric Ain: Bass, Vocals, Effects
Reed St., Mark: Drums, Timpani, Percussion, Vocals, Synth

Sello
Noise Records