Celtic Frost - Cold Lake

Enviado por stalker213 el Vie, 21/10/2011 - 00:26
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1. Human (Intro) (1:07)
2. Seduce Me Tonight (3:22)
3. Petty Obsession (3:14)
4. (Once) They Were Eagles (3:43)
5. Cherry Orchards (4:18)
6. Juices Like Wine (4:16)
7. Little Velvet (3:37 )
8. Blood on Kisses (3:32)
9. Downtown Hanoi (4:18)
10. Dance Sleazy (3:32)
11. Roses Without Thorns (3:31)
12. Tease Me (2:50) *
13. 13. Mexican Radio (New Version) (3:34) *

Reza un sabio proverbio aquello de que “sabe más el diablo por viejo que no por diablo”, y a tales efectos –irrebatibles por otra parte- no seré yo precisamente quien niegue una evidencia tan rotunda como inmutable. Y la verdad, no creáis vosotros que no me viene el dicho como anillo al dedo con tal de ilustrar, a modo de pincelada rápida, los mil y un avatares por los que debió de atravesar el disco del cual os voy a hablar en el día de hoy, siendo muy pocos de ellos (por no decir que ninguno) los que jamás hubieran de pasar por la despellejante ordalía a la que desde el primer día hubo de exponerse sin reserva alguna este malogrado disco de infame recuerdo cuyo nombre no es otro que el de ‘Cold Lake’.

Y decía lo del diablo, a todo esto, aprovechando al punto la superlativa estampa que todos tenemos en mente del mismo, al caer éste desde los cielos a la tierra, según nos cuentan los antiguos textos del Profeta Isaías que, la verdad, a buen seguro jamás debió oír hablar una sola palabra sobre de la vida y milagros de los de Warrior (improbable cuanto menos ¿verdad?), pero que así como sin quererlo, telegrafió casi letra por letra los atroces sinsabores y el implacable hado al que inevitablemente habrían de verse encadenados estos predestinados suizos, que asemejándose otrora (y más que nadie) al Dios del Metal que vigila todo desde el firmamento, comprobaron con las entrañas envenenadas como aquél dictaba fatal sentencia para los suyos cuando los primeros, en un descerebrado ataque de soberbia, trataron de asemejarse a un padre severo y rencoroso, que inapelablemente volteó hacia abajo el pulgar para poner en jaque incluso a aquella que muchos entendidos en la materia (y si resulta que no conoces milimétricamente su entera discografía, ni de broma lo eres) consideran como La Banda; Y ahí dejo eso sin más matices que los que estrictamente necesitan aquellos que saben del tema; CELTIC FROST fueron, son y me temo que por los restos de los restos seguirán siendo LA BANDA. ¡Ahora bien! El éxito tiene un precio, y si tienes a bien el pagarlo, mejor atente a las consecuencias por más que estás duelan.

Así pues, tras arrastrar tras de sí nada más que gloria, clamor, alabanzas (aunque tan solo a nivel underground) y cosechar las mejores críticas imaginables toda vez que dieran a luz a su segunda criatura, a buen seguro que no debió ser plato de buen gusto para los FROST el hecho de verse salvajemente apaleados, emplumados y a los pies de los caballos así de repente cuando todavía hacía solo unos meses eran reverenciados como las indiscutibles e intocables majestades de su reino; Pero ¡Ay, amigos! ¿Qué es la vida sino un repugnante e irrespirable baile de grotescas e informes máscaras en el cual tu pellejo vale más o menos en función de a quien le haces gracia? A este respecto, cabe apuntar como ya desde su misma incepción, la obra y milagros de los jamás suficientemente venerados HELLHAMMER fueron proyectados a escala ciclópea como tan solo los más selectos y escogidos purasangre están legitimados a imaginar; Aunque eso sí: Nunca descuides tu espalda, amigo, porque consecuentemente lo mismo puede sucederte a la inversa. Nada que no supiéramos, por otra parte.

Cuanto más alto subes, más dura resulta la caída, y precisamente en este sentido es únicamente como se comprende el inconmensurable batacazo con el que violentamente iban a despertarse Warrior y sus huestes, al comprobar –justo lo mismo que el hermoso ángel Lucifer tras precipitarse desde el mismísimo firmamento- como de la noche a la mañana habían pasado de ceñirse en la frente la sacra corona de emperadores a hacer lo propio con el bochornoso y deshilachado gorro de bufón, comprobando a cada paso que daban como el vulgo se carcajeaba a mandíbula batiente ante el grotesco e hiriente repiqueteo de sus crueles cascabeles. Los humanos nos caracterizamos por muchas cosas, pero si fundamentalmente lo hacemos por algo es sin duda por lo desagradecidos que somos y por la raquítica fragilidad de nuestra memoria.

Como resulta que jamás en la vida uno puede tener contento a todo el mundo, pues sucede también como a veces uno se interpela en si no es absurdo el tratar de acometer aquello que sea, por más ganas o ilusión que tú le eches, entendiendo la tragedia que supone el hecho de que hagas lo que hagas, jamás satisfarás a todos con ello. Sin embargo, justo a renglón seguido, trasluce otra meridiana realidad que nos dice también cómo el someterse a tal prospecto no es otra cosa sino el principio del fin (porque si cedes a los mediocres, te unes irremisiblemente a ellos), de modo que Thomas Gabriel Fischer -visiblemente consternado y sin derecho a réplica- viendo como todo lo que había conseguido esforzadamente durante tantos años se escurría como fina arena entre sus trémulas manos, cedía por vez primera (aunque también la última) y se dejaba encadenar al sistema, asintiendo a los deseos y los caprichos de su compañía discográfica. Solo Tom debe conocer la rabia y el amargo sabor de las lágrimas que a buen seguro se le escaparon, al crujir los dientes, cuando al fin los gordos encorbatados de Noise le colocaron su bonito collar anti-pulgas y le inyectaban la antirrábica. ¿Punto y final? ¡Por descontado que no!

Y es que los grandes también caen, amigos. También caen y cuando pasa, lo sufren infinitamente más que aquellos acostumbrados al convivir con el fracaso; Y mucho me temo que pocas veces se vio ninguna caída más estrepitosa. Otros, en cambio, han sacado más tajada de la que jamás hubieran imaginado al vender sus culos al mejor postor, pero desde luego no fue ese el caso con los FROST. Y diré más todavía, arriesgándome incluso a poner la mano en el fuego, afirmando como a buen seguro Fischer en la vida hubiera dado tal paso al frente, fuera del hecho insalvable de haber sido privado de seguir haciendo aquello que más amaba, no siendo ello nada más que el sencillo hecho de escribir y dar a conocer su obra a la gente.

Ya luego más tarde vendrían los resquemores, la mala sangre y los reproches –en forma de biografía- hacia una escena que los pateó histéricamente como a leprosos y que no levantó el pié de su cuello hasta que se cansaron de hacer fuerza. “La música Metal es para fracasados” llegaría a aseverar en sus memorias el rubio frontman. Pero a buen seguro que semejante afirmación no vino sino de toda la rabia, el orgullo pisoteado y la frustración que el hombre debió sentir al verse brutalmente relegado a una sucia y polvorienta esquina del mismo palacio que otrora gobernara con mano de hierro.

Por eso, es solo así cómo uno entiende la razón de ser (e incluso la enfermiza necesidad) de escribir un álbum que de no haber existido jamás, posiblemente hubiera ahorrado más de un quebradero de cabeza estos suizos. Pero agua pasada no mueve molino, e intentar omitir la realidad o los hechos ya acaecidos no ayuda a que la realidad se torne más liviana o menos tormentosa, porque de donde antaño brotaba un incontenible manantial de agua capaz de abastecer a un inabarcable cañón de caudal insondable, ahora solo quedaban humo, cenizas y los sordos ecos de una extinta batalla que pareciera como si se hubiera librado lejanos siglos atrás; Y si entonces algo estuvo más claro que a CELTIC FROST no les iba a ayudar nadie, eso fue el hecho de que se habían quedado completamente solos y que solos precisamente era como habrían de someterse a su particular viacrucis a lo largo de la desconcertante inmensidad del inmisericorde desierto.

Como trataba de apuntar hace tan solo unos instantes, buscar razones, motivos o excusas sería para el entendido (que no el fariseo u “opinador” de turno) tan fácil como doloroso. No obstante, todo terminaría remitiéndonos a un foco básico de traumas enraizados en una patética e incompetente oficina de management que terminaría por dar al traste con cualquier tipo de esfuerzo e inevitablemente en las constantes guerras intestinas en el seno de una bicéfala banda donde el furibundo ego de dos personalidades tan fuertes como las de Warrior y Ain a menudo propiciaba un clima tan pronto propenso a crear la visión más cegadoramente hermosa y brillante así como a la disputa más violentamente encarnizada de la que incluso podían salir salpicados el resto. Al respecto, cabe apuntar como si bien ‘Into the Pandemonium’ supuso para la banda su consagración definitiva y la rampa lanzadera para dispararlos de una vez por todas al estrellato, su misma gira significaría el punto crítico de fractura, y por así decirlo: casi su lecho de muerte.

A partir de aquí ya todo fue cuesta abajo, cuando la banda se vio tirada en la carretera y abandonada a su suerte en mitad de los Estados Unidos (País pequeño ¿no? Vuelos baratos ¿verdad? Y encima, hablamos de hace más veinte años), sin el menor gesto de apoyo por parte de su sello o managers, propiciando al punto la súbita disolución de una formación que lo mismo que poseía de divina y visionaria lo tenía también de caótica y volátil. Ain fue el primero en tirar por el derecho, y justo a continuación sería Fischer (el otrora invencible guerrero) el que lanzaba la toalla, poniendo punto y final a una leyenda tan breve como intensa.

Pero agarraros, muchachos, que todavía queda más. Todavía queda mucho más, porque es justo en estas situaciones cuando las serpientes aprovechan incluso la debilidad de los más fuertes para malbaratar hasta aquello que pudiere parecer más puro e incorruptible, y fue solo entonces cuando una, bien cabrona ella, (y probablemente reptando desde un asqueroso despacho) convenció a aquel aguerrido jovenzuelo ataviado de oscuro señor de la guerra, para mudar su armadura de hierro forjado por una chaquetita tejana de lo más mona, hacerse las pestañas y pasearse a plena luz del día ante sus antiguos súbditos, soportando sus risas, insultos y escupitajos (tal como hiciera su Némesis justo antes de subirse a la cruz en El Gólgota).

1987 giraba ya la espalda dando paso a 1988, y no hace falta recordar los repugnantes y hediondos vientos que soplaban del oeste por aquel entonces. Ahora bien, que nadie abra la bocaza un solo segundo para decir al punto como con ‘Cold Lake’, los FROST se subieron al carro Glam/Rock de los ‘80’s, porque aunque concluyentemente esas fueron las consignas desde las altas esferas, aquello único que alguien con dos dedos de frente pudiera asociar a dicha lacra son las repelentes pintas de mierda con las que la banda se dejaba ver en la nefaria contraportada del disco, donde a pesar de mostrar todos una actitud absolutamente opuesta a los ancianos preceptos de la banda, llama y mucho la atención el gesto de contención de un Fischer así como quien queda fuera de juego, mientras el resto sonríe y coquetea con el objetivo como resulta ser el flagrante caso del papanatas de Bryant, grotescamente descamisado y vistiendo unos pantalones desbrochados que únicamente se sostienen merced a unos infames tirantes rojos. Nunca mejor dicho ¡De foto!

Sin embargo, en otro aspecto casi más directo e inmediato, el destino sí tuvo a bien en salvaguardar las espaldas del ángel caído, propiciando que a pesar de todo el fatídico desaguisado que supuso en general 'Cold Lake', tanto su portada (con el logo clásico al frente) como su nombre, no marcaran al disco por los restos, si es que con lo que había no era ya suficiente. Y es que añadida a las otras dos lacras a las que hacía antes referencia cuando hablaba acerca de la raza humana, otra que nos define por naturaleza es precisamente aquella de la que CELTIC FROST jamás hizo gala –al menos hasta que cayeron de cuatro patas- no siendo esa otra que la de asentir modosamente a aquello que dice la “mayoría” para al punto hacernos creer que algo es como es porque sencillamente todo el mundo converge en ello. Así que ni corta ni perezosa, la obscena, ignorante y anónima masa dictó sentencia, catalogando sin vuelta de hoja a ‘Cold Lake’ cómo una solemne mierda, así como al punto la mayor traición jamás pertrechada hacia la música Metal a ojos de todo el orbe terrestre. ¿Verdadero o falso? Hagan todos sus apuestas, pero la mía es inamovible y la conocerán ustedes más tarde.

No obstante, el otrora brabucón y distante Warrior, despojado ya de su bombástico casco de villano de Conan, sí pareció asentir con la corriente de opinión dominante y tan pronto como vio asomar las orejas del lobo, hecho pronto marcha atrás al recortar drásticamente el calendario de fechas de la testimonial gira promocional del disco, para a continuación recluirse en sus mazmorras y así recapacitar acerca de si había sido lo idóneo o no el resurgir a la banda tras su disolución el año anterior, y fundamentalmente en si había obrado correctamente o quizás no al haber permitido que se publicara al contrahecho ‘Cold Lake’ bajo el bíblico y ancestral monicker de CELTIC FROST. De hecho, hasta la fecha de hoy, el disco no ha vuelto a ser reeditado bajo ningún otro formato, pero no nos llevemos a engaño, compañeros.

No nos engañemos y muchísimo menos, no fuéramos a precipitar conclusiones, máxime cuando alguien no supiera una puta mierda de qué está hablando, porque yo aquí y ahora no me juego una mano ¡No! sino la dos y hasta un pié en que si este mismo álbum lo hubiera editado cualquier otra banda jamás hubiera recibido la atroz somanta de palos con la que fue recibido, y es que si tú vienes a dar la paliza con un ‘Master’ o incluso un “feroz” y juvenil ‘Kill ‘em All’ se te puede tachar de vendido tras un penoso y endeble ‘Black Album’ para pasar hoja al punto (a pesar de que realmente en la vida hubieras sido más que una nena camuflada) pero es que si tú, en cambio, vienes de descarnarme las jodidas posaderas con leviatanes incandescentes del salvaje calibre de un ‘Apocalyptic Raids’ o un ‘Morbid Tales’ en lo último en lo que debes pensar es en mearte en tu propio legado, entregando a tus legiones de berserks un embarazoso affaire que ni en los mejores de sus sueños logra rayar a la altura de las circunstancias ¡Pero ojo! Que ese tampoco es el caso si es que me preguntáis. ¡Y cuidado! Que esto os lo está diciendo Mr. Ortodoxia en persona. Y es que yo me cago donde crea que debo hacerlo, se llame como se llame el inculpado, pero cuando las cosas son como son o sencillamente uno las siente como las siente, simplemente hay que decirlas como salen. Sin más.

Como apuntaba anteriormente, y muy a pesar de toda la controversia y los malos augurios que todavía conserva el imputado entorno a su órbita gravitatoria, hay que volver a recordar el cómo incluso en el peor de los momentos, inconscientemente la fortuna abrazó a los FROST para cuando sus entonces frágiles cabecitas elucubraron este exótico, “artsy” e autoindulgente ente, ya que ni su sobrio nombre ni menos todavía su neutra portada dejan traslucir una sola de las miserias o abominaciones que muchos juran y perjuran que atesora, pero nada más lejos de la realidad, señores. Y es que si bien es cierto que ni una sola nota presente en el álbum evoca un solo ápice de la furia o la instantánea memorabilidad de un único segundo de ‘To Mega Therion’, lo cierto es que el intransigente talibán metálico que tan a menudo os da la brasa no ve apenas un motivo para el maníaco y desaforado escarnio al que el disco ha tenido que vivir encadenado desde su bautismo.

Es más, es que de hecho incluso puedo escuchar a mis CELTIC FROST de toda la vida, aunque edulcorados con una, en ocasiones, empalagosa película de azúcar glasé que por fuerza rechina al rememorar uno remotos himnos chamánicos como ‘Procreation of the Wicked’, pero que al margen del hecho, por otra parte muy comprensible, dejan finalmente a ‘Cold Lake’ -a modo global- como un muy aprovechable compendio de cortes, donde apenas si un par no superan los mínimos requeridos para alcanzar un aprobado raspado. Y es que lógicamente, si antaño Warrior nos conturbaba el ánimo merced a sus apocalípticas visiones tan proféticas como delirantes, evocando ancestrales e ignotos cultos orientales olvidados, el tratar de hacerlo hablándonos –aunque veladamente- de las peripecias de Marilyn Monroe en la sugerente ‘Cherry Orchards’ (sin duda una de las piezas más flojas del conjunto), como mínimo se antojaba en pleno 1988 como algo grotesco, a falta de un término más apropiado. No obstante, el tema tiene sus momentos y en general funciona, tanto o más, como sus otras dos compañeras en el vagón de cola, ‘Little Velvet’ (estúpido nombre, para qué engañarnos) o ‘Blood on Kisses’ (de su Intro ‘Human’, mejor ni hablo ¿Para qué?).

En cualquier modo, desde que éste arranca con la encubiertamente titulada ‘Seduce Me Tonight’, el plástico cumple y de sobras para lo que nadie pudiera esperar a finales de los 80’s. Y es que sí, hablamos sin duda alguna de la época de eclosión máxima del fenómeno Thrash Metal, pero que tampoco se le olvide a nadie otra cosa, y es que si los grandes nombres del movimiento apenas si hacía un par de años que gozaban de la etiqueta de “los más duros” del lugar, los suizos se habían desecho ya de ella en 1981, tirándola al suelo con desprecio y con el ánimo inmediato de hacer añicos lo que ya de por sí parecía imposible de llevar más al extremo. De hecho, ésta contenida -y ciertamente inocua- ‘Seduce Me Tonight’ lleva incluso acuestas el celebérrimo ¡Uh! de rigor con el cual debe abrir cualquier himno de la banda que se precie de serlo; Eso sí, que nadie espere ni la mitad de la mitad de intensidad de un torbellino sediento de llanto y destrucción como ‘Into the Crypt of Rais’, la furibunda y abismal ‘The Usurper’ o siquiera la amistosa y pseudo-festivalera ‘Mexican Radio’; Por cierto, también presente, aunque re-grabada, como bonus track en la edición CD de ‘Cold Lake’.

Le sigue la seductora y juguetona ‘Petty Obsession’ y sus ridículos aires de grandilocuencia frostiana (un mal del que inevitable siempre acaba muriendo Warrior). Sin embargo, a pesar de su sorpresivo y novedoso sabor a caramelo relleno de crema, se intuyen en ella un fondo y unas formas radicalmente opuestas a las inherentes a todas y cada una de aquellas infaustas banduchas integrantes del carromato de pintamonas que dieron razón de ser al Glam/Hair de los 80’s. Y es que si realmente alguien ve en algún solo corte presente en el disco el menor atisbo de parecido con adefesios como los expelidos por chusma como Bon Jovi, Crüe, Warrant, Poison o los Ratt de turno (las mayúsculas las utilizo únicamente para bandas de verdad), que venga a mi puerta y me lo diga a la carita, que nos los pasaremos bien intercambiando martillazos. Y si con eso teníais poco, pues ‘(Once) They Were Eagles’ es la primera prueba fehaciente de cómo los suizos jamás se fueron por lo menos al 100% de la que de buenas a primera fue su propuesta primigenia.

Concedido el cómo el tono de las guitarras no alcanza ni en sueños una cuarta parte de la saturación demoníaca de sus anteriores entregas. Concedido también el cómo a Warrior se lo ve un punto perdido en el apartado vocal, no alcanzando ni en broma su registro más vicioso o visceral de anteriores capítulos. Pero NO CONCEDIDO que el corte no sea un temazo (con todo el recelo que pueda llegar a levantar dicho término) súper-disfrutable, pudiendo llegar a ser pinchado hasta cinco a seis veces seguidas sin soltar un solo bostezo, al menos para el que suscribe. El muro de sonido, innegablemente está ahí. Y está ahí porque yo lo oigo; Ahora bien, si ya la cosa fuera cuestión de debatir sobre su consistencia o espesor, entonces entramos en otro tema donde si comparamos con el pasado –ni que fuera el más reciente- ‘(Once) They Were Eagles’ tiene claramente las de perder.

Caso parecido el de la épica y brillantemente escrita ‘Juices Like Wine’, que además de llevar incrustado su ¡Uh! marca de la casa (o ¿quizás es un ¡Hey!?) pone relieve una vez más el irrebatible hecho que nos muestra como invariablemente un genio es capaz de sacar lo mejor de sí mismo incluso cuando atraviesa su hora más aciaga. Como decía anteriormente, ‘Cold Lake’ es un maltratado álbum del que incluso la propia banda se ha desmarcado, omitiendo su –creo yo- obligada reedición en 2004 junto al resto de su catálogo; Aunque tampoco nadie fuera a pasar por alto un revelador dato, y es que su fenomenal disco recopilatorio de 1992 ‘Parched With Thirst Am I And Dying’ (lo de poner títulos normales no va del todo con ellos) además de nutrirse de clásicos marcados a fuego como ‘Return to the Eve’, ‘Journey Into Fear’ o la antediluviana ‘Circle of the Tyrants’, también dio cabida a dos excepcionales composiciones (re-grabadas) como innegablemente son ‘Juices Like Wine’ y la tremenda ‘Downtown Hanoi’, además de la más corriente y moliente ‘Cherry Orchards’.

Y en verdad que no regalaba palabras gratuitas o carentes de sentido acerca de la cautivadora y cambiante ‘Downtown Hanoi’, porque ya no tan solo es que se erija como la mejor o más inspirada pieza del pack, sino que además ejerce también como la orgullosa y desvergonzada portadora del estandarte que una vez más ponía de manifiesto la capacidad innata de estos suizos para colocar del modo que fuera sus narizotas en primera línea a la hora de representar como nadie a la vanguardia más extrema del género ¡!Y ojito con interpretar esto! Que no estoy hablando de lo extremo de su naturaleza o su sonido, sino del hecho de volver a desafiar una vez más a los límites en los que vive el género, y encima hacerlo con éxito. Y es que resulta casi imposible, lo sé, pero olvidemos por tan solo un segundo quienes fueron CELTIC FROST, así como lo que primeramente representaron para la escena, y disfrutemos de una absoluta pieza redonda donde tan pronto se los reconoce a ellos mismos, como también a las esquizofrénicas pinceladas de otro tótem sagrado de las artes camaleónicas como indudablemente es el irrepetible DAVID BOWIE (y en este caso, sí que me sale de los mismos utilizar las mayúsculas).

Ciertamente, y a pesar de quedar a años luz incluso de su material clásico más corriente, si es que eso existe- nos hallamos ante un corte que de principio a fin rezuma el genio y la clase infinita de un tipo que -estando bajo mi punto de vista a la altura de mismísimo Iommi- sencillamente nació para entregarse en cuerpo y alma al arte, fuera cual fuera su naturaleza o forma (además de músico, es pintor y escultor) y hacerlo las más de las veces con tal grado de visión y originalidad que por más que yo piense, soy incapaz de asociar a nadie más. Las letras, además de poéticas y punzantes, resultan sobresalientes como siempre, y la verdad: añadir nada más al respecto se antoja absurdo. A destacar, especialmente, la fuerza y el vigor de las rítmicas en la parte de los versos, y también ¿por qué no decirlo? el constante machaque que ejerce sobre sus cuerdas un confiado Amberg que -aunque a más de cinco millones de galaxias del talento y la inventiva de Fischer- en la parte solista destaca con más solvencia que otra cosa.

Además, resulta que ésta es una de las pocas ocasiones en las que al rubio chiflado se lo puede oír cantar sin ese incómodo tono a camino entre pusilánime y amariconado que exhibe en la gran mayoría de canciones, llevándose la palma en ese apartado tanto ‘Cherry Orchards’ como ‘Little Velvet’. ¡Y desde luego! No seré tampoco yo quien defienda a Fischer como a un gran cantante o siquiera como a uno más del montón (eso sí, de personalidad va sobrado), ya que ni tan solo en sus mejores días descolló por sus voceras; Ahora bien, cuando el contexto es el que es, y ahí enfrente te ponen a un energúmeno desbocado, escupiendo sapos y culebras al ritmo de unas infrahumanas guitarras, la actitud deja al margen cualquier otra consideración. En este sentido, pudiera decirse como efectivamente Warrior es un rara avis cuyo canto funciona, y a las mil maravillas, únicamente asociado al particular e intransferible estilo de su banda, como sucede igualmente en los casos del sibilino Snake o el cantamañanas de Mustaine.

Por su parte, ‘Dance Sleazy’ se presenta como el corte más veloz del trabajo, así como también uno de los que menos pegada posee. ¿Curioso? Puede, pero si algo nos dejó muy claro el legado de los FROST más clásicos y primigenios, eso fue como el recurso de acelerar tu música para hacerla parecer más feroz y amenazadora no es sino un recurso fácil para limitados mediocres, y eso que en el catálogo de la banda existen pasajes supersónicos donde no queda a derechas ni el apuntador. Eso sí, si algo nos dejaron también del todo clarividente es que cuando más y mejor han funcionado, fue precisamente cuando sin necesidad de cuerdas o arneses para mariconas, se despeñaban por entre las grietas más oscuras y recónditas de la corteza terrestre a velocidades exasperantemente lentas, para al punto descender hasta la más sofocante de las calderas en las que reinaba su cornudo maestro. No obstante, bien es cierto como pocos pasajes, por no decir que ni uno solo (modo irónico activado), evoca en ‘Cold Lake’ pero ni por asomo el menor atisbo de culto o desbocada devoción hacia el Gran Macho Cabrón.

‘Roses Without Thorns’, en cambio, sí se muestra bastante más autosuficiente e intrincada como para por lo menos llamar la atención de un servidor. Sin embargo, al final del día termina muriendo del mismo mal endémico que lamentablemente hace metástasis en la práctica totalidad de este malhadado ‘Cold Lake’, y ese no es otro que la clara y manifiesta ausencia de sentimiento o garra primigenia en cada uno de sus cortes integrantes. Del mismo modo, uno aprecia decepcionado el cómo en ni un solo tema, Warrior (o menos todavía cualquiera de los otros miembros) hace el menor esfuerzo por crear algo definitivamente trascendente o memorable, cuando innegociablemente esa fue la premisa original diseñada tanto por Fischer como el enigmático Ain -tras enterrar en el más profundo de los Avernos a HELLHAMMER- al dar a luz a esta maravillosa y bendita criatura llamada CELTIC FROST.

Y la verdad, poco más puede apuntarse respecto al último corte que nos queda por desgranar (únicamente disponible en la versión CD; Y no hace falta el decir cómo poseo ambas), no siendo ese otro que la también acelerada ‘Tease Me’, donde por enésima vez el redomado frontman vuelve a navegar a la deriva, merced a una performance vocal más cercana a la mediocridad antes que a cualquier otra cosa. De todos modos, la mencionada también presenta dos curiosidades que vale la pena comentar, y que por este orden son la alarmante similitud entre su riff base y el de ‘Rapid Fire’ (¿De quién estoy hablando? Mucha mierda para tu boca si no lo sabes ¡Poser!) y fundamentalmente el extravagante y peripatético guiño que en su parte central la banda consagra a su pétreo y solemne himno funerario ‘Procreation of the Wicked’. Ver para creer ¿Ah? Muy posiblemente esto no causó excesiva gracia entre sus entonces enfurecidas y desencantadas hordas de bárbaros sedientos de sangre, pero ya se sabe… Cosas más raras se han visto ¿no es cierto?

Desde luego, títulos del pelaje como ‘Seduce Me Tonight’, ‘Cherry Orchards’, ‘Little Velvet’, ‘Blood on Kisses’ o menos todavía ‘Roses Without Thorns’ (¿Qué fue CELTIC FROST sino precisamente una cautivadora y traicionera rosa negra cuyas espinas causaban el más exacerbado de los dolores tras acercarse uno a ella para acariciarla?) ayudan poco a que nadie que desconozca el disco se acerque a él a sabiendas de la leyenda que los suizos forjaron en sus inicios. Pero terminaríamos coincidiendo en lo mismo, no siendo eso nada más que lo siguiente: Y es que indiscutiblemente ‘Cold Lake’ es el peor y menos agraciado vástago salido de las entrañas de Sus Majestades, pero ni por asomo tampoco la descomunal mierda que muchos (ellos mismos incluidos) pretenden hacernos creer.

Si recordamos brevemente aquél entrañable cuento del “Patito Feo”, posiblemente podremos empezar a vislumbrar el porqué de sus circunstancias y la amorfa naturaleza de este incomprendido trabajo, aunque desde luego lo que está fuera de toda duda es como jamás en la vida éste terminará su periplo de guisa similar en como felizmente concluyó el cuento. De cualquier modo, estriba igualmente un hecho que nadie con dos gramos de cerebro puede obviar, y es que hablamos de 1988 y por tanto de una pretérita era en la que el Metal realmente era una cosa de hombres y lo demás son ostias; Y a este respecto ¡Mucho ojo en pretender simplificar o siquiera acercar mi aseveración un solo milímetro al esperpéntico y patochero discurso de unos infelices pagliaccis como los lametruños de MANOWAR! Porque entonces podrían volar ostias como panes.

El problema de base, radica en que ahora nos tiran a la cara un ‘St. Anger’, un ‘Risk’ o hasta incluso un vil amasijo de heces como el ingeniado por los payasos de MORBID ANGEL y sencillamente nos lo tomamos a broma y ya está, porque como podemos bajarnos lo que nos dé la gana y todo es gratis, pues aquí paz y después gloria, pero que no se os olvide algo, muñecos, y es que entonces las cosas sí que eran peligrosamente serias porque si no estabas con los buenos, estabas contra ellos ¿estamos? Si por lo que fuera se te ocurría decir que eras fan de POISON, ya podías estar hablando de los alemanes, porque como te refirieras a los bujarrones yankees podías buscarte la ruina, pequeño. ¡Y cuidado, que yo no profeso en modo alguno el sectarismo llevado al extremo! ¡Pero joder! ¡Es que hay cosas con las que no se juega! Y la integridad, al nivel que sea, es sin reservas una de ellas. Entonces no podías decir tan tranquilo que te “molaban” SODOM y BON JOVI, dándotelas de abierto de mente y tolerante, PORQUE AQUÉL ERA UN TIEMPO DE HOMBRES y no hay más que hablar.

¡Coño ya! A ver si lo entendemos de una puta vez. Que no había SLIPKNOT’s, ni LINKIN’s ni KÖRN’s de los cojones, porque de haberlos habido hubieran sido reducidos a papilla ¿Entendéis? Y lo peor que podían escupirte a la jeta entonces era esta “cagadita de colibrí” que para el que os está largando, no baja del seis pero es que ni a ostias. Y es que lo mismo hablamos de un disco que igual fue el pretexto ideal para abrirse a las masas por parte de los suizos ¡Pues igual sí! pero que no lo olvidéis: Vio la luz antes de que sobreviniera siquiera la vorágine del Death Metal y no os digo ya lo de después; Así que un respeto y una jodida reverencia para el principal responsable de que hoy día existan tal y como los conocemos tanto al Thrash, como al Death, el Black, el Goth e incluso el Doom Metal, fuera de aquél más próximo a la órbita más clásica de los SABBATH (¿Se pierde alguien si omito el BLACK delante de SABBATH?).

Por el contrario, aquello que yo de verdad quería poner de manifiesto es el vívido reflejo de una época ya remota en la cual definitivamente SI ERA FÁCIL reconocer a una jodida mierda entre la gran muchedumbre; Con lo cual, podréis imaginar la virulenta sema que entonces debió dar el hecho de contemplar como los mismísimos Señores del Acero pasaban en un solo año de narrarnos las ancestrales, arcanas y oscuras leyendas entorno al inmemorial Círculo de los Tiranos a hacer lo propio con la ‘Petty Obsession’ o los jodidos ‘Kisses’ de los cojones, por más sangre que los bañaran; Pero la historia no nos miente en ese respecto. No en éste, precisamente. La historia, a menudo, nos enreda como a chinos, cuando ésta es tergiversada y adecuadamente adornada, por las esferas del poder, para dejar en buen lugar a quien sea que decida cubrirse de oprobio al mentir para trascender como lo que nunca fue. Pero justo a renglón seguido, yo pregunto ¿Quién puede engañarse a sí mismo? ¿Es eso posible realmente? ¿Quién ha exhalado su último suspiro justo antes morir y al punto lo ha hecho feliz y con la conciencia tranquila tras haber girado la espalda a los suyos por un sucio puñado de dólares? Que nadie responda lo que es tan obvio. No es necesario, de verás.

Tras la publicación de su tercer LP, de nuevo LOS DIOSES volverían a virar el rumbo hacia el precipicio, no quedando del todo claro si la leyenda iba a depararnos un nuevo capítulo o si por el contrario ésta iba a pasar a mejor vida, reposando por los restos de los siglos en las profundidades más ignotas de las arenas del tiempo junto a las silenciosas ruinas de aquellos maravillosos templos de la antigüedad a los cuales se hacía referencia en sus más tempranas ofrendas, pero eso mejor lo dejamos para la próxima entrega, en la cual trataremos de diseccionar -por lo menos con la mitad de acierto- al sucesor de ‘Cold Lake’, ‘Vanity/Nemesis’.

No resulta nada fácil el calificar con una puntuación concreta a este complicadísimo engendro del que hoy hemos estado hablando, la verdad. No es fácil, porque a veces lo subiría hasta algo más allá el siete lo mismo como podría bajarlo hasta cerca del cinco, pero sinceramente creo que lo más justo y mesurado es zanjar el tema a medio camino y dejar la cosa en un poco meditado y sucinto 6.9

Tom G. Warrior: Voz & Guitarra
Oliver Amberg: Guitarra
Curt Victor Bryant: Bajo
Stephen Priestly: Percusiones

Sello
Noise