Brownsville Station - Yeah!

Enviado por Stoned el Lun, 28/09/2015 - 17:36
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En la actualidad Detroit (Michigan) se halla en bancarrota tras el colapso de la industria automovilística y es considerada la ciudad más peligrosa de Estados Unidos. Algunas zonas de la ciudad están literalmente en ruinas y ciertas calles podrían servir perfectamente como decorado de la serie “The Walking Dead”.

Sólo unas décadas atrás, Detroit era uno de los motores económicos del país y uno de los mayores viveros musicales de Estados Unidos. Obviando el mítico sello Motown, paradigma absoluto de la música negra, la ciudad vió nacer a bandas como Alice Cooper, Ted Nugent y sus Amboy Dukes, Iggy Pop y The Stooges, Grand Funk Railroad o los demoledores MC5 entre otras muchas grandes referencias. Todas estas bandas comparten además el gusto por el volúmen alto y la saturación extrema de sus guitarras y amplificadores; pioneros del ruido y del sonido hiriente –para tus tímpanos, se entiende- varios sociólogos han dado su opinión sobre este fenómeno: en Detroit hace un frío del carajo, lo que empuja a los chavales a meterse en locales de ensayo resguardados del clima. Como buena ciudad industrial, en Detroit hay MUCHO ruido; quién sabe si por influencia inconsciente o por el mero hecho de hacerse oír por encima de toneladas de decibelios, las bandas de la ciudad empezaron a crear sonidos más potentes, influidos por las tuneladoras, los taladros neúmaticos, los bulldozers y demás maquinaria industrial.

Pero en esta escena musical existía una banda que, si bien fue de segunda línea y el paso de las décadas terminó por olvidar hasta su nombre, fue uno de los conjuntos más representativos del sonido Detroit: Brownsville Station. Formados en 1969, lanzan a principios de la década de los setenta un par de álbumes de rock troglodita, tan primario como ellos mismos. Brownsville Station solían salir al escenario con pertrechos a la manera del influyente glam rock de la época, sólo que ellos eran unos cutres: petos multicolor, gorras imposibles, botas de tacones kilométricos, uniformes de árbitro de baseball… nada que ver con los modelitos glamourosos de David Bowie, que en esa misma época estaba poniendo el mundo patas arriba con “Ziggy Startdust” (1972). A todo esto había que sumarle una actitud de gamberrismo infantil, con shows basados en disfraces horteras, guitarreo a tutiplén, saltos y volteretas y coronar torres de amplificadores Marshall como si fuese el mismo Everest. En definitiva, puro rock and roll.

En 1973 Brownsville Station, formados por el carismático Cub Koda a la voz y guitarras, Mike Lutz al bajo y voz y Henry “H Bomb” Weck (ojo al apodo) a la batería, editan el que quizá sea su disco más solido, “Yeah!”, todo un homenaje al rock más cazurro y gañán. Plagado de guitarras eléctricas, riffs, punteos, bajo aplastante, batería estruendosa; rock and roll de sabor muy clásico, sin apenas destilar, sin filtros. Podrían destacar “Question Of Temperature”, que suena a puro ruido industrial; “All Night Long”, con un bajo quebrantahuesos; “Let Your Yeah Be Yeah” con una cadencia casi boogie o las afiladas guitarras de “Love, Love, Love”.

Curiosamente, “Yeah!” incluye una versión de “Sweet Jane” perteneciente al último álbum de The Velvet Underground, “Loaded” (1970), uno de los mayores exponentes del rock de corte más artístico e intelectual. Pero el tema más destacable y exitoso del disco es “Smokin’ On The Boy’s Room”, que llegó a un más que meritorio nº 3 en las lista de éxitos norteamericanas. En 1985 alcanzó un éxito aún mayor cuando fue popularizado a gran escala por otros tipos con tan pocas neuronas y tan dados a los atentados estilísticos como los Brownsville Station –aunque mucho más glamourosos-, Mötley Crüe.

Durante el resto de la década de los setenta, Brownsville Station siguieron editando discos hasta su separación pocos años después. Cub Koda continuó tocando con cualquier banda que tuviese ganas de subir a un escenario a hacer el cabra con unas pocas (¡o muchas!) copas de más a tocar rock and roll sin pretensiones hasta su muerte en el año 2000. Los dos miembros supervivientes, Lutz y Weck volvieron a los escenarios en 2012 con disco nuevo bajo el brazo después de varias décadas. Buena suerte para esta nueva aventura.

“Yeah!” es un legado humilde pero no por ello menos valioso: es sólo rock and roll pasado de rosca y de decibelios con un toque de socarrona macarrería, de hormonas revolucionadas, de puro cretinismo, de origen orgullosamente obrero. Me lo imagino como hilo musical apropiado para beberte tu peso en cerveza o para pelearse a puñetazos con cualquier transeúnte. Seguro que sólo con esta apreciación, Cub Koda, allá donde quiera que esté, se sentiría más que orgulloso.

Cub Coda: Voz, guitarra, armónica
Mike Lutz: Voz, bajo
Henry “H Bomb” Weck: Batería

Sello
Big Tree