Black Star Riders - Sala Arena, Madrid, 14-11-2015

Enviado por El Marqués el Dom, 15/11/2015 - 20:39
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1. Bloodshot
2. Jailbreak
3. Soldierstown
4. Charlie I Gotta Go
5. Are You Ready
6. Hey Judas
7. Through the Motions
8. Waiting for an Alibi
9. Hoodoo Voodoo
10. All Hell Breaks Loose
11. The Boys Are Back in Town
12. Bound for Glory
13. Blindsided
14. Kingdom of the Lost
15. Finest Hour
16. Emerald
17. The Killer Instinct

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18. Rosalie
19. Whiskey in the Jar

Fue a finales del pasado siglo que Scott Gorham entendió que la inmortal música de Thin Lizzy no debía dejar de ser interpretada, no cuando varios de los componentes de la mítica institución irlandesa seguían en activo y en buena forma, caso de tipos como John Sykes o Darren Wharton, que participaron en la primera formación de esos Lizzy cuya misión en la vida era “dedicar cada segundo sobre el escenario” a nuestro añorado Phil Lynott.

Diversas encarnaciones después, caídos en combate Sykes, Wharton o el eterno batería Brian Downey, Gorham encontró nuevos portadores de la fuente de diamantes que fue y siempre será el cancionero de Lynott, y mutó en estos Black Star Riders que funcionan como tales desde 2012 y cuentan con dos buenos trabajos de estudio que ayer presentaron en Madrid por vez primera, en la misma sala Arena –o Heineken, o Marco Aldani o como coño se llame- en la que hace dos años suspendieron la que debía haber sido su primera visita.

Respecto al debut “All Hell Breaks Loose” de 2013 solo han cambiado de bajista en su reciente “The Killer Instinct”. Robbie Crane, ex - Ratt, Love&Hate, Adler´s Appetite y varios más, ocupa el lugar de Marco Mendoza, a quien pudimos ver junto a John Corabi el pasado verano en España abriendo para Kiss en ese combo de estrellas de segunda fila que responde al nombre de Dead Daisies. El resto de BSR lo componen Jimmy DeGrasso y el buenísimo guitarrista Damon Johnson, batería y guitarra a quienes también pudimos ver junto a Alice Cooper en la última visita del Príncipe de la Tinieblas a esta ciudad hace cinco años ya, y el norirlandés Ricky Warwick, que reproduce con fidelidad y respeto los tonos de Phil, toca las guitarras acústica y eléctrica y ejerce de auténtico frontman con unas tablas, entrega y presencia dignas de todo elogio.

Cerca de las 21,30 de la noche el quinteto descargó ayer ante un público no excesivamente numeroso, en el que abundaban camisetas con el logo de la banda madre, que jaleó con entusiasmo el combinado perfectamente estructurado de temas de sus dos discos junto a una buena selección de esas joyas que todos los fans de Thin Lizzy tenemos en mente, al igual que ellos, cada segundo de nuestras vidas.

Me sorprendió ese “Bloodshot”, cuarto track del debut de 2013, colocado en primera posición. Como banda que recrea los tiempos de las grandes formaciones del Hard en que cada creación tenía vida propia y servía para aportar nuevas perlas a cancioneros de valor incalculable, cuentan con temas propios más adecuados para arrancar, pero dio igual, cumplió su cometido de abrir el show, y en realidad nadie nos acordamos de ella en cuanto comenzó a sonar “Jailbreak”, elevando la temperatura del local a un nivel que fundía en nuestras manos los vasos de cerveza.

Al finalizar el histórico trallazo que dio nombre al disco que cuatro décadas atrás colocó a Thin Lizzy en la realeza del Rock a nivel mundial, Warwick, con su innato carisma de Rock Star y su poderosa imagen de rocker estilo Graham Bonnett, dedicó unas palabras a nuestros brothers&sisters from Paris, France, recibiendo un cálido aplauso de la concurrencia. Dicen que Le Bataclan estaba lleno el otro día, que habría unas 1500 personas en el local parisino. Yo diría que ayer seríamos unos 300, siendo generoso, pero da coraje pensar que puedas estar dentro de una sala disfrutando de un concierto de Rock y que cuatro cobardes malnacidos te jodan la vida de esa manera. Warwick les llamó después por el único nombre que se merecen, uno que es sinónimo de la vieja canción de Accept que cerraba la cara A del “Breaker”, y dijo que no podrán con nuestra libertad.

Volviendo a lo que se veía y escuchaba sobre el stage, hay que decir que Gorham cede mucho protagonismo a Damon Johnson, quien se erigió sin problemas en el guitar god de la noche, como en el pasado hicieran Sykes y Brian Robertson, aunque tuvimos por supuesto nuestras buenas dosis de twin guitar sound. Los temas de Black Star Rider cumplen a la perfección, fue una gozada escuchar grandes composiciones como el baladón Hard Rockero de vieja escuela “Blindsided” o ese “Soldierstown” cuyo sonido te traslada automáticamente a las calles de Belfast en los años 70/80 como hacia el “Wild Frontier” de Gary Moore, o la celta “Kingdom of the Lost”, que puso a todo el local a bailar.

Y prueba de lo bien que casan estos temas con los clásicos fue ese enlace sin pausa entre “The Boys are Back in Town” y “Bound for Glory”, una canción con solo dos años de antigüedad que sin embargo podría haber encajado, tal como sonó ayer a continuación de la mítica ”The Boys…” en el mismísimo “Live&Dangerous”.

Entrega total de los cinco músicos, me encantaba ver a Warwick colgándose la eléctrica cada vez que rescataban un tema de Lynott, algo que no hacía con las canciones eléctricas de su actual banda, consciente del poder guitarrero sin igual que contienen los temas de Thin Lizzy.

Sin que pueda considerarse un bis, ya que la banda no llegó a dejar el escenario, se despidieron con el “Rosalie” de Bob Seger que en su día hicieron suya, y con la mayor sorpresa de la noche: La tradicional “Whiskey in the Jar”, la antigua leyenda, orgullo de la Isla Esmeralda, sobre el forajido que tras una vida de pillaje y amores fogosos acaba sus días en prisión. Y aquí sí, aquí ya constatamos de manera definitiva lo claro que tienen Black Star Riders su cometido en esta vida, al verles tocar un tema que se grabó en un tiempo en que ni siquiera Scott Gorham estaba aún en Thin Lizzy, pero que interpretaron con un entusiasmo arrebatador.

Pena que no les dejaran diez minutos más para volver a emocionarnos con “Black Rose”, pero en fin, no se puede tener todo en esta vida. Nada más retirarse, ya estaban los encargados de la sala pidiéndonos que abandonáramos. Por la puerta principal, dividida en dos sentidos, fuimos saliendo a la calle Princesa mientras en paralelo entraban docenas de jóvenes, chicas en su mayoría, portando un montón de globos de colores de todas las formas y tamaños imaginables. Seguramente media hora después aquello herviría como corresponde a una sala en el centro de Madrid un sábado noche, pero durante 90 minutos el espíritu de The Wild One y su arte fue escenificado una vez más por cinco músicos espléndidos y orgullosos de perpetuar su legado.

Cuatro cuernos muy altos para la primera visita de los Jinetes de la Estrella Negra a la capital.

Ricky Warwick: Voz, Guitarras
Scott Gorham: Guitarra, Coros
Damon Johnson: Guitarra, Coros
Robbie Crane: Bajo
Jimmy DeGrasso: Batería