Black Mountain - Wilderness Heart

Enviado por El Marqués el Mié, 03/11/2010 - 22:00
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1.The Hair Song
2.Old Fangs
3.Radiant Hearts
4.Rollercoaster
5.Let Spirits Ride
6.Buried by the Blues
7.The Way to Gone
8.Wilderness Heart
9.The Space of your Mind
10.Sadie

Si The Cult tienen el disco de “la cabra”, Alice in Chains “el del perro” y Ministry “el del mono” –bueno, ese en el que sale George W. Bush en portada-, los canadienses Black Mountain han editado el que desde ya podemos considerar como el disco “del tiburón”. Y mira que la imagen del escualo con dientes como cuchillos es recurrente en muchas bandas (Faith No More, Mastodon, Great White por motivos obvios), pero recuerdo pocas imágenes tan significativas como la de este gigantesco tiburón blanco que emerge de la nada en un cielo nublado, sobre una hilera de arboles zarandeados por el viento al borde de una carretera en mitad de ninguna parte.

Esa idea me sugieren Black Mountain: Un grupo que parece haber salido de la nada, que funciona desde el muy cercano 2005, y que cuenta ya con tres trabajos de estudio: El debut homónimo de dicho año, el soberbio “In the Future” (2008), y el presente “Wilderness Heart”, editado en septiembre de este mismo año, al que vamos a dar prioridad por aquello de ser novedad.

Me gustan Black Mountain; me gustan porque, allá en su Canadá natal, no han necesitado complicarse la vida buscándose un nombre retorcido con el que llamar la atención; porque tienen una formación original, que consta de un cantante masculino que toca las guitarras acústica y eléctrica, una cantante que da el contrapunto y añade voces hippiosas que van de fábula al concepto de la banda, un bajista que además toca la guitarra barítono –un instrumento con los trastes en forma de abanico-, un batería que toca el piano y añade voces y percusión, y un organista que recurre a instrumentos tan característicos de una época determinada como el mellotrón o el órgano Hammond.

Pero sobre todo me gustan porque recuperan esa tradición de fantásticas bandas de los setenta, donde la música fluye desde que das al play hasta el final despojada de formulismos, de concesiones, generando esa sensación de espacio, de calidez, que transmitían los discos de grupos míticos como Led Zeppelin, que en un mismo Lp eran capaces de pasar del más crudo hard rock a la psicodelia, el folk o el reggae sin sonar forzados.

Esto es creatividad, es emoción y es espontaneidad, como decían Temple of the Dog en el libreto de su clásico Cd del 91, y tal vez exija sosiego y cierta apertura de miras, pero una vez traspasada la barrera, el oyente tiene ante sí una amalgama de sugerente música tocada con frescura e inteligencia.

“The Hair Song”, la primera canción, ya da una idea de por dónde van los tiros: Riff acústico y eléctrico entremezclados, al estilo de unos Black Crowes endurecidos, un primer verso interpretado por el cantante, el siguiente por la vocalista y el tercero por ambos, mientras una persistente línea de guitarra que recuerda al “Kashmir” de Zeppelin aparece y desaparece a lo largo de la canción. Tema inicial y ya se han ganado nuestro interés: No todos los grupos pueden hacerle a uno pensar en referentes de la talla de los Crowes o Led Zeppelin, ofreciendo a la vez un sonido personal.

“Old Fangs” es pura psicodelia, el mellotron se convierte en protagonista, con ese sonido característico tan marciano, los ritmos secos, el solo central del sintetizador y la forma en que la cantante Amber Webber cierra el tema con ese cortante “forever”.

Y “Radiant Hearts” es una nana de difícil catalogación, una extravagancia con las dos voces fundidas de principio a fin que puede recordar al sonido 90´s de artistas como PJ Harvey, o a lo que hacen actualmente Mark Lanegan y la escocesa Isobel Campbell.

La siguiente, “Rollercoaster”, se inicia con un fuerte riff de guitarra, pero en cuanto empiezan los hipnóticos cruces vocales recordamos a quiénes estamos escuchando. Ese intercambio, esa comunión más bien entre las dos voces es uno de los elementos distintivos de todo el álbum. Se distinguen a la perfección, pero a la vez están unidas y conforman un interesante dueto continuo, al estilo de lo que hacían bandas prehistóricas como los Jefferson Airplane de San Francisco a finales de los sesenta.

Esta pieza contiene un destacado papel de la guitarra solista, pero es que en la siguiente, “Let Spirits Ride”, encontramos por fin el momento para dejar de alucinar con los sonidos extraterrestres y comenzar a mover las cervicales. Casi parece que vayan a lanzarse a tocar una versión del “Neon Knights” de Black Sabbath. El riff de entrada es clavado, y en su parte central disfrutamos de un punteo cojonudo, seguido de una intervención al órgano que me ha recordado a las pasadas instrumentales que se marca con el Hammond Marta Ruiz, la teclista de nuestros Sex Museum, otra de las bandas que me vienen a la mente escuchando este interesante “Wilderness Heart”.

En “Buried by the Blues” dejan de nuevo el peso a los teclados oníricos, y “The Way to Gone” contiene un ritmo casi tribal y esas voces de fondo típicas del Acid Rock, que dotan al tema de una sensación global de desvarío. KYUSS percibían la música del desierto en forma de arenosos vendavales eléctricos, Black Mountain encienden una hoguera y bailan en torno a ella con percusiones primitivas y alucinógenos coros que sugieren imágenes propias de una resaca de tripis.

El tema título, “Wilderness Heart”, es una odisea sónica entonada con brío por la fémina del grupo, tiene momentos que recuerdan de nuevo a Black Sabbath, e incluso a los Manowar más pomposos y orquestales –ese tramo instrumental a partir del minuto 3:00-, si bien con esta banda los desvaríos instrumentales no carecen de sentido como ocurre en algunas ocasiones con las composiciones recientes del grupo de Joey de Maio.

“The Space of your Mind” es otra fabulosa tonada suave, con un estribillo que va que ni pintado con el concepto global de este sorprendente grupo, un conjunto de músicos que sin duda entró en el estudio con la consigna de no poner ni una traba a la creatividad de sus inquietas, espaciosas y tal vez un poco fumadas mentes. La última frase de esta canción, ese “I am riding the crazy blue waves through the space of your mind” podría emplearse en las hojas promocionales para presentar a la banda.

Y la final, “Sadie”, resume el sonido de todo el compacto: Calma tensa, omnipresencia de una guitarra acústica que puntea, etéreas voces de fondo tan placenteras y engañosas como el canto de las sirenas, sintetizadores transmitiendo esa sensación de tormenta en el horizonte, y una percusión que parece diseñada para comunicarse mentalmente con los coyotes del desierto al que alude el título del Cd.

Recomendación total para los amantes del Rock más libre de etiquetas, cuarenta escuetos minutos de inspiración y fluidez creativa. Y no olvidéis que el anterior, “In the Future”, es mejor todavía. Tres cuernos largos, tirando a cuatro.

http://www.youtube.com/watch?v=mypHId8vOJw

Stephen Mc Bean: Voz, Guitarras Eléctrica y Acústica
Amber Webber: Voz, Percusión
Matthew Camirand: Bajo, Guitarra Barítono
Jeremy Schmidt: Órgano, sintetizadores, mellotrón
Joshua Wells: Batería, piano, voz y percusión

Sello
Jagjaguwar