Belphegor - Blutsabbath

Enviado por MeFuMo el Vie, 30/10/2015 - 21:04
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1. Abschwörung
2. Blackest Ecstasy
3. Purity Through Fire
4. Behind the Black Moon
5. Blutsabbath
6. No Resurrection
7. The Requiem of Hell
8. Untergang der Gekreuzigten
9. Path of Sin

Entre los grupos de zumbados que pululaban en la escena europea de Black Metal, normalmente a mediados de los 90, hay algunos que destacan inmediatamente. Por supuesto el Inner Circle noruego y las Légions Noires francesas suelen ser los primeros que vienen a la mente, principalmente por la incesante publicidad que se le dio a sus actos, bandas e integrantes, que es mayor en el caso escandinavo. El Inner Circle viene a ser al Black Metal lo que el Live Aid de Bob Geldof fue a los conciertos benéficos. El hecho de que el mismo Varg Vikernes encontrara mujer cuando estaba en prisión debería ser prueba de cómo fue el tema.

Pero, por supuesto, existieron otros grupos de zumbados que se quedaron en eso. Zumbados intentando imitar los tiempos de sus homólogos franceses y noruegos. Todo lo que empezó como una reunión de jóvenes imberbes jugando al D&D segunda edición no tiene por qué acabar en apuñalamientos y tragedias para tener influencia en el género, como el caso noruego, pero también es verdad que no haberlo hecho les condenó al ostracismo mainstream.

Si bien en algunas latitudes grupos como Behemoth tuvieron que salir por piernas de lo que se cocía en sus países (parece que no eran lo suficientemente nazis, en ese caso concreto) otros grupos de zumbados vocacionales pasaron con más pena que gloria. Es éste el ejemplo del Black Metal Syndicate austriaco, ya defenestrado por sus propios creadores. Pero ojo al parche, estamos hablando de un grupo donde militaron bandas como Abigor, Pazuzu y Summoning. Te pueden gustar más o menos, pero en concreto Summoning son palabras mayores. Sobre todo si eres orco, aunque el resto también tiene su encanto y desde aquí animo a su escucha.

La cosa es que tener tu propio grupo de zumbados sin duda da a la escena particular de cada sitio (aparte de un poco de legitimidad, que eso siempre queda bien) un "background" musical estable. Y eso ayuda simplemente a que nuevas bandas den la chapa. Y eso está muy bien, y cuando digo "nuevas" me refiero a finales de los 90.

Y en el caso que nos ocupa, tenemos a los austriacos Belphegor dando mucha guerra. Aquí traigo el que en mi opinión es su mejor trabajo, este blasfemo Blutsabbath que domaba, que no apartaba, las influencias más Death de un primer largo como The Last Supper. A la mayor gloria de Satán, como tiene que ser, es como se presentan los austriacos en un disco canónico del Blackened Death Metal, o "Deaded" Black Metal, o yo qué sé. El asunto es que saben coger el cochinillo y ponerlo al ast sin que se les queme ni se les quede crudo.

Encofrados bajo el chorro de riffs de Sigurd y Helmuth, la guitarra de Belphegor es el falo de Belcebú que besan las brujas en el akelarre. Con unas medidas que transitan entre lo más compacto que pueda ofrecer Dark Funeral hasta las cejas de absenta y la pezuña de Satán en tu cara, el poder a los instrumentos de los austriacos en este trabajo de 1997 es absolutamente apabullante. Un disco compacto, denso, que no ofrece piedad alguna al oyente. Un oyente que es mancillado sin piedad por todas y cada una de las escalas que el amigo Sigurd remonta una y otra vez arriba y abajo por sus trastes, ofreciendo momentos de puro Death, Black e incluso cercanos al Doom. Una auténtica lección de honestidad (honestidad satánica, pero honestidad al fin y al cabo) y de creer en lo que se hace. El asunto del Black batido con Death es largo y farragoso, pero Belphegor sale de él sin mácula, en cierto modo porque sabe repartir los papeles y es la percusión la que más toma la batuta cuando hay que poner partes cerriles, curiosamente comandada por un músico de estudio como Man, procedente de los también austriacos y muy Brutal Death Mastic Scum, y la guitarra sabe acompañarla. Parece ser que hay alguien que toca el bajo y tal. Bueno, ya si eso lo vamos buscando.

El mentado nivel compositivo de las estructuras de guitarra es lo suficientemente variado y ágil para comandar todo el disco sin dar concesión a los teclados (que algún efecto hay) ni a ninguna chorrada semejante. Belphegor no venían a explicarte nada con prosa rebuscada, sino a escupir en el rostro del papa y llenar el local de misas negras, cruces invertidas, exhumar viejas y servirlas de comida, como decían los de Engendro. La brutal sucesión de los nueve temas que componen este Blutsabbath no quiere tomar rehenes ni nada parecido. Sólo la destrucción más absoluta y definitiva de la fe cristiana que se pueda lograr. A mí me parece igual de lícito que Stryper o Creed y sus rollos.

La brillantez de los riffs que salpican el disco, como en la homónima "Blutsabbath" o el desasosegante comienzo de "Abschwörung", demuestran que estamos ante una obra trabajada, esculpida y lijada en nombre de la variante europea del Black/Death. El nivel de intensidad alcanzado por temas como "Purity Through Fire" o "The Requiem of Hell" deja poca cosa a la imaginación del oyente, azotando una y otra vez con interminables riffs y secciones con solos que te estrangulan sin más. El acertado cambio de registro de las voces, que abandonan en cierto modo los usos más guturales de The Last Supper, del que este disco se puede calificar tanto evolución sonora como de estilo, nos traen unos shrieks perforantes sin dejar de colar aquí y allá growls más propios del Death ("Blackest Ecstasy"). Momentos que podemos calificar de melódicos ("The Requiem of Hell") conceden al trabajo una cierta variedad que en realidad no necesita. Esto es un trabajo de orfebrería en el mástil y las baquetas, un laberinto de ritmos y posturas de guitarra zigzagueantes que en su resolución cae como un martillo pilón sobre el incauto que ose posar sus oídos sobre este trabajo.

Satánico y despreciable, desde la portada al último riff el disco pretende embutir al oyente en una mezcla de brutalidad y cierta melodía a mayor gloria del ángel caído. Descarnado y brutal, adheriéndose con sinceridad a un estilo que no sabe abrazar ni despegarse del Black o el Death, Belphegor compone en su segundo largo un trabajo que da treguas contadas al oyente y revela una forma de hacer las cosas muy europea, por decirlo así, donde el Death y el Black se dan la mano y se van de copas, en un equilibrio muy difícil de alcanzar pero que quedó en las manos de estos austriacos para que lo amasaran. Un verdadero vendaval de sensaciones, cuatro cuernos inmensos para esta obra que da tantas ganas de vomitar como los últimos compases de la final "Path of Sin". Excelente.

Helmuth: Voz, Guitarras
Sigurd: Guitarras
Mario "Marius" Klausner: Bajo

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