Barón Rojo - Volumen brutal

Enviado por Onán el Vie, 16/03/2007 - 20:34
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1. Incomunicación
2. Los rockeros van al infierno
3. Dame la oportunidad
4. Son como hormigas
5. Las flores del mal
6. Resistiré
7. Satánico plan (volumen brutal)
8. Concierto para ellos
9. Hermano del rock and roll
10. El Barón vuela sobre Inglaterra

“Vas sin afeitar (...) y además con tías buenas”, “Suelo concebir el satánico plan de tocar mi guitarra a un volumen brutal”... ¿Se puede hablar en serio de un disco que decía estas paridas? Pues sí, coño. Resulta que eran otros tiempos, no olvidemos que Paco llevaba sólo 6 años muerto, y cualquier manifestación de la recién estrenada libertad de expresión hacía las delicias de la juventud, que de pronto podía hacer cosas como fumarse un porro sin temer ya (tanto) que los molieran a palos. Atrás quedaban cuatro décadas de aislamiento cultural, y había que ponerse al día de golpe. Los Cucharadas, Topos, Mazos, Bloques, Leños y demás objetos contundentes de la Transición se encargaron de abrir el ansiado camino, para que más adelante Enrique Iglesias dispusiera de una industria sana y oxigenada que poder copar con sus rebuznos.

Así que tres hurras por este grupo que supo hacerse rápidamente con la fórmula del heavy metal a la española, despuntando desde el primer minuto con su música muy superior a la media de lo que había. Lo extraño es cómo confluyeron un batería mercenario, un bajista que más bien era una especie de cantautor protesta y dos guitarristas que son los que realmente aportaban la chicha rockera, y entre todos fletaron un grupo tan demoledor y tan particular.

Combinando canciones de Sherpa con otras de Carlos de Castro, siempre dando lo mejor el uno para las canciones del otro, se marcaron una primera tacada de cinco o seis discos acojonantes, cuya calidad fue a más en todo momento, si bien éste que nos ocupa es especialmente entrañable y sincerote.

El sonido del disco es increíble, y si pensamos en los años que corrían hay que reconocer a los Barones una buena intuición y una gran ansia de vanguardismo. Los arreglos parecen más anunciar a los Metallica inmediatamente posteriores (faltaba un año o dos para el Kill’em all) que apuntarse a los balbuceos del “bluseo-chotis-swing” reinante aquí, que no sólo olía aún a orquesta de baile, sino que en muchas ocasiones además lo era. En definitiva estos tipos dieron un paso de gigante, tras el cual entraron por la grieta (véase la portada) mil y un grupos que en general no les llegaron musicalmente a la suela de los zapatos. Y claro, se lo llevaron crudo.

Las canciones, unos jodidos himnos todas. Hay baterías bien tocadas y guitarras gordísimas por todas partes, pero yo destacaría el riff de Las flores del mal (y la canción toda) o el de Incomunicación. Hay también letras muy buenas, como las de Concierto para ellos o las de las dos que he nombrado. Sin desmerecer a los hermanos de Castro, que ahí siguen hoy en día batiéndose el cobre como unos auténticos catedráticos del metal, creo que sobre todo eran las canciones de Sherpa las que enganchaban al personal. No en vano siguen figurando en el repertorio del grupo unas cuantas imprescindibles.

Sello
Chapa