Barón Rojo - En un lugar de la marcha

Enviado por Onán el Dom, 30/09/2007 - 09:00
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1. Breakthoven
2. El Baile De Los Malditos
3. Chicos Del Rock
4. Caso Perdido
5. Cuerdas De Acero
6. No Ver, No Hablar, No Oir
7. Tras De Ti
8. Hijos De Caín

Quizá porque fui contemporáneo de este pedazo de disco, cuya salida al mercado esperé con inquietud; quizá porque no me decepcionó en absoluto, (más bien me pareció un paso adelante, una consagración sobre lo ya consagrado); quizá porque al fin se abstuvieron de componer letras irritantes de esas que decían giliflauteces del tipo "Casi me mato, baby", el caso es que En un lugar de la marcha es el único disco de la primera época de Barón que siempre quiero volver a escuchar, como ese amigo con quien ya no tienes trato frecuente pero mantienes un contacto esporádico que te alegra y te permite, por un rato, volver a ser quien fuiste.

Desde el principio de la primera canción, el curioso Breakthoven, la batería y las guitarras aparecen sepultadas en reverb. Caramba, habemus catedral: va a haber que figurarse un poco cómo es la música por debajo de esta capa de eco. Por lo demás el sonido vuelve a ser abrumador y bestial como siempre, ésa es la marca de la casa. Y a la mega-reverb, pues hombre, te acostumbras a lo largo de la escucha y acaba siendo casi una virtud.

Otra novedad que salta a la vista enseguida es la complejidad en los arreglos; de hecho, este primer tema tiene una cierta intención de recrear las maneras de Beethoven y fundirlas con el rock, convirtiendo el famoso motivo de la quinta sinfonía en una animalada de riff que funciona la mar de bien, y marcándose un ambicioso desarrollo a partir de él: como hizo en su día el clásico de marras, pero tomando prestado sólo el punto de partida y siguiendo a su bola en clave de rock, con dos cojones y mucha clase.

La letra de Breakthoven (y la propia música también) es un alegato rockero bastante poderoso y sincero, que trata de gritarle a la sociedad circundante que el rock existe y que es bueno, bonito y barato, que es cultura, que las melenas y los instrumentos no clásicos no son síntoma de vulgaridad, etc. La verdad es que abochorna un poco haber nacido en un país en que, hace tan poco tiempo, era peliagudo hacerle entender al grueso de la chusma algo tan obvio.

Las dos siguientes canciones parecen también salidas del momento en que el rock "salía del armario", porque vuelven a incidir en lo mismo aunque, esta vez, centrándose en los chavales que lo escuchábamos. Todo un homenaje para sus seguidores, quizá innecesario pero muy de agradecer, por parte de un grupo que arrastraba masas y no tenía ya que demostrar nada. El baile de los malditos, de Carlos de Castro, y la "sherpada" Chicos del rock son de una efectividad pasmosa. La primera enervante y metalera, la segunda melódica y afable, ambas nos llevan en cierto modo al mismo sitio.

Después vienen dos composiciones de Armando de Castro que se salen por los cuatro costados: Caso perdido, con sus riffs gigantescos y su estribillo demoledor, y Cuerdas de acero, más ligera pero no menos emocionante. El acabado formal de estas letras no está muy allá, pero el contenido llega muy adentro.

Y tras dos canciones que llaman menos la atención, llega el broche de oro: Hijos de Caín, que, con una letra que hila finísimo, resume de alguna manera la actitud general de este gran disco. Y es que En un lugar de la marcha, homogéneamente izquierdoso y rockero, para bien o para mal se posiciona claramente y nos cuenta con los brazos en jarras lo que pensaban de la vida sus autores en aquella época de "¡El que no esté colocao que se coloque... y al loro!". Así que, con permiso del respetable y de tan venerable y cojonuda banda, le pongo un "Progresa adecuadamente" en letras y un sobresaliente como la copa de un pino en música, en ovarios y en pulso vital.

Armando de Castro: Voz y guitarras
Carlos de Castro: Voz y guitarras
Jose Luis Campuzano "Sherpa": Voz y bajo
Hermes Calabria: Batería

Sello
Chapa