Autopsy - Mental Funeral

Enviado por Spaggiari el Mié, 19/11/2014 - 12:53
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1. Twisted Mass of Burnt Decay - 02:15
2. In the Grip of Winter - 04:08
3. Fleshcrawl - 00:36
4. Torn from the Womb - 03:19
5. Slaughterday - 04:04
6. Dead - 03:18
7. Robbing the Grave - 04:20
8. Hole in the Head - 06:03
9. Destined to Fester - 04:34
10. Bonesaw - 00:45
11. Dark Crusade - 03:55
12. Mental Funeral - 00:37

Peguemos dos largas zancadas desde nuestro tiempo hacia los 90’s, no para descubrir -Porque no hay nada que buscar, ni que se haya perdido- sino para volver a los orígenes más brutos y extremos, a los orígenes de esta música tan intempestiva como lo es la del Death Metal, esa música que ha, completamente, configurado los paradigmas de lo extremo, lo bruto, y de cuando en cuando, lo bizarro, superándose, consigo, siempre. Pues, las mezclas más exuberantes se han fundido con el Death Metal, que por extensión ha tomado elementos ajenos y no tan ajenos hacia su esencia, haciéndola cada vez más atronadora, lenta u ominosa; y por otro montón de veces ha conseguido rendirse en su repetitiva y exhaustiva técnica, contado los casos, dejando al estilo en minucias por algún periodo de tiempo. Uno nunca tiene que olvidar a los grupos de antaño, ya que ellos, no principalmente por ser los primeros, tuvieron que pararse en tierra de nadie y empezar ha construir un mundo entero, un mundo que se alejaba de la entonces harta técnica del tupa-tupa del Thrash, donde el propio género Death Metal convocaría para él mismo una serie de elementos compositivos más destructuralizados, constancia que rompería con el orden lógico que llevaron las rigurosas composiciones prosaicas y metodistas del “Introducción + verso + estribillo + verso + estribillo + puente + solo + verso + estribillo + final” estructuras tradicionales que se mantenían aún en el Thrash, y de cuyos orígenes más prospectivos nos remontan a la época del Rock ‘n’ Roll.

Vaya relamida la que pegó el Death Metal a los confines del universo musical extremo.
Y para más, hay que tener en cuenta que esas bandas tanto de la primera como la segunda camada, a expensas del comatoso Thrash que ya había colgado los guantes, principiaba en granjearse el nuevo Undergorund del metal. El metal de la muerte era, pues, un género ya consolidado en los 90’s, las bases y estratos estaban ya bien sentados, las técnicas a nivel guitarrístico tanto como estética, temáticas, ética y propuesta-performance en general, ya hablaban por sí solas del género. Eso mismo origina las más variopintas alineaciones de la época de los noventas, azorando a la vez al monstruo del Black Metal que se avecinaba en dicha década, por supuesto que hablo de la oleada noruega, mas, no dejemos pasar sin pena ni gloria al movimiento 80’s de éste mismo estilo; pero eso, amigos, ya es otro cuento que, sinceramente, hoy no nos ocupa.

La banda capitaneada por el alabastrado Chris Reifert desde 1987, donde una maqueta de ese mismo año empezaría a concentrar la atención entre los pelilargos del entonces. Pero no sería hasta su debut, el estentóreo y rufián como clásico ‘Severed Survival’ (1989) álbum donde quiera que los haya, como uno de los ingentes y contestatarios pozos envenenados de la última estancia de los ochentas. Dicho álbum, propuso aquella utopía que añoraban los bajistas del Thrash Metal: tocar con soberana y llana libertad, alejándose de las coartadas de inventiva o las limitaciones para con su instrumento; porque el thrash descuidó mucho ese aspecto que los nuevos bajistas del Death incrementaban hacia su última potencia, o como diríamos: hacia sus anchas. Ese elemento que anunciaba que el bajo no sólo era recurso para encauzar la poca melodía de las composiciones thrasherísticas de las guitarras con el apartado rítmico. De alguna manera la visión que se le podría adjudicar, especialmente a Steve DiGiorgio por pertenecer a uno de los álbumes que cimentó grandemente esa tierra de nadie, es la de cambiar la labor del bajo haciéndolo, dado por las irregulares y descosidas estructuras compositivas, un instrumento tan trascendental y valioso como la guitarra; a eso añadámosle el invaluable y supraterrenal virtuosismo del señor DiGiorgio.

Infortunadamente en Autopsy su punto flaco en toda su discografía sería el de no contar con un bajista estable, problema que más tarde acarrearía su breve separación; y la verdad que es un inconveniente muy grueso que le ha afectado a la banda por mucho tiempo. Y una cosa aseguraré aquí, y es que las preguntas un tanto fenomenológicas sobre “el haber sido distinto” son meras -cómo lo diría Woody Allen- masturbaciones mentales. No abonan ni reducen. Y bien el nuevo bajista para ‘Mental Funeral’ obviamente que no tendría la histriónica habilidad, pero doy fe, por explicito, que el sonido contemporiza de manera coherente y habitual en una evolución destacable (No he dicho mejor)

Las similitudes con Death, para la segunda placa de Autopsy, se reducirían vitaliciamente. En todo caso, ya no tenemos la asfixiante y trepidante atmósfera de un Scream Bloody Gore-Leprosy ni mucho menos esos resabios heredados, claro está, de una motricidad y sapiencia irrebatibles de Chuck Schuldiner hacia un Reifert. Y es que Reifert no fue únicamente el pupilo de Chuck, después de la marcha de este primero, Autopsy, aunque muchos ignaros digan que imita su sonido, manejaría un estilo similar de Death pero a la vez propio y original. Es por ello que este ‘Mental Funeral’ nos ofrece un nuevo estilo, claro, sin perder la esencia que los caracteriza, un nuevo derrotero que Reifert decidió explorar por cuenta propia, sonido que sería influenciado principalmente por una banda de los países bajos, ¿quieren un nombre?, okay pues, Asphyx.

Ese sonido que una vez fue bravío y que no daba ninguna concesión ni lugar para crear más distensiones con las guitarras o tempos que llevasen un patrón más musical (Si es que es posible ser más) pasó por Autopsy a coquetear con estilos más calmos, un poco más lánguidos pero nada endebles si se quiere, absolutamente les dio un sonido cruento y especioso; se maneja un ritmo puramente Death metalero para ‘Mental funeral’ con las excepciones de rellenar ese hueco habilísimo que dejó DiGiorgio –Cabe señalar que éste podría tocar a la velocidad que le pusiesen en sus manos- para jugar con esos laxados minutos, donde van creando ignominiosas andaduras rítmicas y dejando vislumbrar que este bajista, Steve Cultler, hermano de Eric Cultler, guitarro indiscutible de la banda, es un bajista si no virtuosísimo, sí con completitud de sobra. Tampoco creo que el cambio de su sonido se haya dado única y verazmente por su bass, sino que también, por la disciplina de la evolución; quizá, el bajista es la colación espontánea en todo esto.

Desde la entrada con maceración que propina ‘Twisteg Mass of Burnet Decay’ con esos semi-slides que van convirtiéndose en febriles requintos, hasta esa voz corpórea que chorrea bodoques de sangre coagulada, saliva y terror, pasando por los solos estrujados con una habilidad ya antes constatada de parte del señor Coralies. Aparte de todo ese festín de vaivenes en tempos, tomms profundos, bajo guarnecido, hay algo que remarca la cepa, también de la evolución que han tenido, y es el sombrío tono cuasi prestidigitacional que destila Reifert, ahora mucho más rauco, iroso y profundo, con un matiz desgarrador ya más agitado, es terrorífico a cagar.

Donde podemos notar la diferencia del Autopsy de hace 2 años, es aquí en ‘In The Grip of Winter’ esa extremada lentitud que oímos a medio tiempo del track; y es que también el disco se regodea en toda su extensión siempre al medio tiempo, aunando solamente en esos impetrados solos a la mejor esencia del tremolo. Escuchemos, pues, por obra y gracia el último tramo de dicho track: una sobrada calma creada con una desparramada melodía, extrema lóbrega, como nos gustan. El puente de esa dicha melodía se confiere, se aletarga, hasta el montaraz interludio venidero: ‘Fleshcrawl’ donde, otrora vuelve esa melodía para el siguiente mendrugo, ‘Tomb From the Womb’ hasta acá se va tornando ese hilo coherente, casi sólo de los álbumes conceptuales, esos que crean sonoridades muy homogeneizadas.

‘Slaughterday’ es una pieza con mucha ganancia, mucha baza la que adopta. La arbitrariedad que celan sus riffs y sus intercepciones de blast beat en medio cursor de la pieza, son extraordinarios, con ellos, saboreando ese groovies de patente reconocible. Y es que qué banda más original, como las grandes, sin abusar de sus técnicas, elaboraciones y aún así manteniendo el concepto de homogeneidad y frescura. Carajo, esto es lo que gusta.

‘Dead’ desvela lo que seguirá en el álbum: una conexión tortuosa entre el Doom y el Death, prácticamente una de las mejores combinaciones que jamás se hayan hecho. Todo vuelve a confinarse de una manera impredecible en el rellano subsiguiente, cuando tenemos uno de los mejores Hooks del álbum en ‘Robbing the Grave’ curiosamente, si nos queda tiempo para cavilar en vez de escuchar, sabemos la locuacidad que este disco supone: un adelanto fidedigno, leal a sus raíces, conservador a su música destructiva y a la vez innovador. Entre el cielo (‘Bonesaw’, 0.46 segundos) y el infierno (‘Mental Funeral’, 38 segundos) se encuentra ‘Dark Crusade’ siendo una elaboración más que nada pegajosa, pero igual de truculenta que las anteriores hermanas pléyades, y nefandas las hijas de puta.

Para terminar de abrir la herida (Y cerrarla), el toque mortal que viene es cuestión del arte gráfico, para rematar: ¡Qué deliciaaaa! Por algo Autopsy es uno de los virreyes del Death Metal. Una banda que ha vuelto (Y sus torniquetes, la verdad, que me han gustado) una leyenda viva que se posa entre la cúspide de olímpicas vacas sagradas de todos los tiempos… Imprescindible álbum que deja huella donde menos se espera.

9.1

Chris Reifert: Voz, Batería.
Steve Cutler: Bajo.
Eric Cutler: Guitarra.
Danny Coralles: Guitarra, Vocales adicionales

Sello
Peaceville Records