Attacker - Battle at Helms Deep

Enviado por Witchfyre el Mié, 09/10/2019 - 00:36
Attacker

1. The Hermit (04:29)
2. The Wrath of Nevermore (04:41)
3. Disciple (03:38)
4. Downfall (05:20)
5. Slayer's Blade (03:08)
6. Battle at Helmes Deep (04:00)
7. Kick Your Face (04:48)
8. Dance of the Crazies (05:06)
9. (Call On) The Attacker (03:47)

Por culpa de varios visitantes del Portal, aunque quizás debería agradecérselo, me encuentro en un momento bastante “bárbaro” de mis ciclos de escucha músical. No, no se me ha dado por escuchar a Manowar, pero las recientes discusiones sobre Cirith Ungol y Jag Panzer me han llevado a sumergirme en los salvajes orígenes del power metal americano. Que sí, que esto sigue siendo heavy metal de toda la vida, pero a mí me ayuda a diferenciarlo de los Maiden, Judas y Dio de turno y así me quedo más a gusto.

Ya llevaba una temporadita rondándole a este debut de Attacker y creo que ahora es el momento propicio. El año es 1985, el sello Metal Blade, debutaron en un Metal Massacre y el título inspirado en El Señor de los Anillos... ¿qué puede fallar? Sinceramente, nada. Bueno, perdón. La portada. De mala que es, acaba siendo buena. Parece una escena sacada de un videojuego de Mega Drive tipo Golden Axe (qué buenos momentos me hizo pasar al son de Quest for Fire cuando era un crío... recuerdos de esos que no se pueden borrar) con una especie de He-Man súper feo como protagonista, pero dibujada por un niño de ocho años. Jodidamente entrañable, la verdad. Seguramente provocará dos reacciones entre vosotros, portaleros. Los que evitarán esta reseña como el aceite hirviendo por la simple contemplación de tal abominación y los que se sentirán irremediablemente atraídos por la “cutrez” que despierta la imagen en cuestión. Yo sería de estos últimos, por supuesto.

Si ya conocéis este álbum, como me consta que es el caso de algunos, poco os puedo contar ya. Si, por lo contrario, sois de los afortunados que ignoran su existencia y os gusta vuestro metal aguerrido y épico como un cimerio presto a entrar en batalla, esto es para vosotros. Muy bien arropado entre otras escuchas como Omen, Jag Panzer, primeros Liege Lord, Cirith Ungol, Griffin, Brocas Helm o Manilla Road encontraríamos estos iniciales Attacker. Incluso ese enfoque tan particular que encontramos en los Tim Baker, Mark Shelton, Andy Michaud o Bobbie Wright es lo que caracteriza el ataque vocal de Bob Mitchell, algo que debemos achacar más a la falta de madurez que a cualquier otra cosa dada la interpretación bastante más profesional que le podremos escuchar en 1991 al frente de los interesantes Sleepy Hollow. No creo que sea tan difícil de digerir como alguno de los citados arriba, pero sí puede suponer un hándicap para los más maniáticos.

Para los familiarizados con su segundo trabajo, poco hay en Battle at Helms Deep del agresivo speed metal en el que mutarían para The Second Coming. The Hermit, Downfall, Slayer's Blade... son estupendos ejemplos de primitivo power metal donde los tempos se aceleran ligeramente, las guitarras ganan en músculo, los solos pierden cierta mesura y las voces se empoderan. Todo exhibe un vigor juvenil contagioso que energiza la interpretación, como decía antes, muy similar al que se puede sentir en un Ample Destruction o en un Burn to My Touch, haciendo mucho énfasis en unos épicos arreglos a base de punteos y arcaicos teclados que lo dotan de un carisma irresistible. Aspectos, como digo, minimizados en su balístico e incendiario segundo álbum, pero sin duda muy honorables. Es posible que las ametralladoras de la portada de The Second Coming sean más efectivas, pero carecen de la dignidad de este combate cuerpo a cuerpo.

Disciple, curiosamente, me recuerda a Pentagram con Bob Mitchell entrando en terrenos de un quejumbroso Bobby Liebling y Kick Your Face da una vuelta de tuerca a la agresividad para acabar anticipando la explosión speed/thrash de la segunda mitad de la década (no dejo de escuchar también algo de los primeros Metallica en Dance of the Crazies), pero lo que domina aquí son los robustos medios tiempos de poderoso riffeo y actitud beligerante. Las acústicas hacen aparición en The Wrath of Nevermore que, además de recordarme a Chastain por su título, me parece la más completa de todo el cojunto con su aire triunfal y espíritu ciertamente heroico, casi lírico, que no trovadoresco. Esto es power metal sí, pero del sudororoso y violento, no de ese en el que te imaginas elfos puestos de prozac saltando sobre nubes de algodón mientras tocan el arpa.

No me voy a seguir recreando en símiles ni descripciones estériles porque creo que la calidad de este material habla por sí misma. No es el mejor disco de heavy metal de la historia y está muy lejos de ser un álbum perfecto, pero redunda en la idea de que hubo tiempo ha una edad dorada para esta música en la que cada hijo de vecino consiguió agarrar un instrumento y hacerlo con cierta maestría. En la que los buenos trabajos manaban de inagotables manantiales de fundido metal. No todo era oro puro, pero hay mucho que encontrar si se tiene la paciencia suficiente. Sí, lo sé pero, otra vez, cuatro cuernos poderosos como los de un loaghtan manés, que es mucho más bestia que un macho cabrío.

8,5/10

- Bob Mitchell: voces
- Jim Moorey: guitarras (d.e.p. 2000)
- Pat Marinelli: guitarras
- Lou Ciarlo: bajo
- Mike Sabatini: batería

Sello
Metal Blade Records