Atrocity - Hallucinations

Enviado por Junkhead el Lun, 04/01/2016 - 02:06
1976

1. Deep In Your Subconscious
2. Life Is a Long Silent River
3. Fatal Step
4. Hallucinations
5. Defeated Intellect
6. Abyss of Addiction
7. Hold Out (To the End)
8. Last Temptation

La escena deather old school alemana, pese a no parecer tan fructífera como la estadounidense, la británica, la sueca o inclusive la finesa, esconde en sus entrañas algunos nombres que no deberían dejar indiferente a ninguno que tenga como mínimo un poco de interés en el asunto del Culto de la Muerte. Ya sea bandas como Morgoth, los imponentes Fleshcrawl, o algunas con menos renombre como Assorted Heap, Incubator o los grinders Blood son agrupaciones que pese a no gozar el éxito de muchos hermanos generacionales de otras partes del mundo, sí dan bastante tela para cortar por el buen deather. Atrocity es una de esas bandas muy a tener en cuenta, sólo que en este caso, la cosa ya alcanza niveles sagrados, ya que en pocas palabras, estos se colocan entre los pilares fundamentales de la escena no sólo de aquél país, sino del Death Metal a grandes rasgos. ¿Por qué? Por una visión, una ambición y una inventiva que a todo mortal tomó por sorpresa a comienzos de la década de los ’90.

Para 1990 el panorama deather estaba en ebullición con obras maestras saliéndose de los cuatro costados. “Left Hand Path”, “Dark Recollections”, “Deicide”, “Cause of Death”, "The Key" o “Harmony Corruption” son algunos de los clásicos que definieron aquél año como uno de los más agitados del género, mientras que desde las sombras, sin previo aviso, llegó un paquete desde tierras germanas que bajo el nombre de “Hallucinations” abrumó, cautivó, y sacudió la parroquia hasta dejarla marcada de por vida.

Tampoco es que para aquél entonces Atrocity hayan sido unos completos desconocidos. Formados en 1985, los oriundos de Ludwigsburg son a menudo catalogados como la primera banda de Death Metal nacida en Alemania y como uno de los engranajes fundamentales para que la escena de aquél país se pusiera en movimiento. 1989 fue el año en el que las cosas comenzaron a ir en serio para esta muchachada; llegó el fichaje de Nuclear Blast y la publicación del 7” “Blue Blood”, un pequeño pedazo de historia que navegando entre el Death y el Grind (con un fuerte influjo de Napalm Death) centró en sus autores bastante atención del underground europeo, y por si fuera poco, los embarcó en una gira por el continente con Carcass, Entombed, Pungent Stench y Disharmonic Orchestra, formando lo que el voceras Krull ha referido como una gran familia deather. ¿Se imaginan estar entre el público con estos animales compartiendo escenario? ¡Uf!

Con este breve pero más que interesante kilometraje, Atrocity acudió en junio de 1990 a los servicios del gurú Scott Burns para concebir el que sería su primer Lp, de paso marcándose como la primera banda alemana en grabar en los míticos estudios Morrisound. Fue así que tras una semana de grabación dieron a luz “Hallucinations”, placa con la que dando una considerable vuelta de tuerca en relación al single “Blue Blood”, demostraron ser un conjunto de músicos enormemente ambiciosos y con una inventiva para la que no todos estaban preparados, por no decir nadie. Como fanáticos de científicos locos tales como Fates Warning, Watchtower e incluso Voivod, no escatimaron a la hora de dotar su música con esa naturaleza casi alienígena que tanto caracteriza a los mencionados. Por aquél entonces, Atheist eran los únicos en materia Death (con su buen pozo Thrash) que ofrecían tales niveles de barroquismo en sus composiciones.

De esta manera, la obra de 1990 resulta un trabajo que hasta el día de hoy, se hace bastante abrumador a primeras, lo que no quita que descubrir cada una de las capas que esconde en su interior sea una actividad tremendamente entretenida. Ahora mismo sale de los parlantes la brutérrima a la par que escurridiza “Hold out (To the End)” que ya en su primer minuto deja escapar un maremoto de marcianadas en forma de guitarras esquizoides y cambios de ritmo inesperados que evitan como a la peste toda explicación lógica habida y por haber. Un minuto es lo que toma una de las composiciones más histéricas del Lp para dejarnos completamente desorientados, un minuto, eh. Que eso sirva de precedente para hacerse una idea de lo que tenemos enfrente.

Y así con el resto de composiciones que militan este ecléctico “Hallucinations”. Las canciones son inquietas hasta cagarse y dejan entrever en sus recovecos influencias de todas partes que unidas entre sí y pasadas por el filtro Atrocity (o lo que es lo mismo, la cabeza del inclemente seis cuerdas Röderer) forman una unidad que vapulea sin piedad, desorienta, abruma pero que al final, termina cautivando y dando ganas de más.

Otro de los pasajes que más daño hacen es la “atrocidad” que el mandamás Röderer y su compañero Scharf perpetran en sus mastiles tras el estribillo del “title-track”. ¿Acaso esto es música o un mensaje cifrado enviado desde una nave alienígena? Indescriptible, de la misma manera que lo es el pasaje de 2:40 en “Last Temptation”, uno de esos tantos momentos en el disco en los que las guitarras y sobretodo la base rítmica (impagables Klasen y Schwartz en bajo y batería respectivamente) toman una sensibilidad casi Jazz, sin llegar a un nivel de clase que uno esperaría de unos Atheist, pero con el doble de esquizofrenia. Lo mismo con “Life Is a Long Silent River” (nada más prestar atención a la sección de entrada). Los solos de guitarra son otra cosa de escándalo, para muestra las barbaridades que los hachas se mandan a lo largo de “Deep in Your Subconscious”. No cualquiera.

Más allá de la ciertamente complicada naturaleza de “Hallucinations”, no es como si se tratara de una de esas pajas mentales imposibles de escuchar a menos que uno sea un músico hecho y derecho. Unas cuantas escuchas con la debida atención son más suficientes para poder apreciar las incontables maravillas que esconde esta sublime obra.

A grandes rasgos, si bien las velocidades supersónicas son mayoría, llegando a rozar el grind por momentos (atención a la barbarie 100% Carcass que “Hold Out (To the End)” deja escuchar alrededor de 3:30), no deja de haber un espacio de tanto en cuanto para otros tempos más “llevaderos”, pasando por ese cabalgar tan “celticfrostiano” al inicio de “Fatal Step” (imposible decirle “no” al headbanging) hasta llegar a letargos a lo Obituary como el que surge a los dos minutos de “Hold Out (to the end)” (en un pasaje que parece sacado del “Cause of Death”) y de paso dejando también algún aire sumamente claustrofóbico digno de los mejores Autopsy en los momentos más fangosos de “Defeated Intellect” (pedazo de riff inicial).

Esa variedad de tempos y atmósferas le dan al elepé ese toque impredecible que tanto lo caracteriza, porque justo cuando uno piensa que ya no quedan más sorpresas por revelar, da media vuelta y ya aparece otro cambio de ritmo que nos deja la cabeza hecha una miseria. En lo musical, un 10 para Röderer (compositor de toda la música), por su inventiva y el factor sorpresa que imprime en cada segundo del trabajo. La ensalada de riffs y solos son una garantizada patada en el estómago. Un grande, el tipo.

Ahora, el tema lírico, es otro que da una cantidad de tela inabarcable por la que cortar. Mientras Röderer se encargó de la música, Krull por su parte escribió las letras, en plan “si vamos a marcar la diferencia, los haremos en todo”. “Hallucinations” tiene el honor de colocarse dentro de los primerísimos albumes conceptuales que se han editado dentro del género (a la par con "The Key" de Nocturnus), y su concepto, lejos de abarcar siquiera en un mínimo los tópicos del Death tomó como punto de partida un tema mucho más serio, actual y preocupante para escribir sus textos: la drogadicción. De ahí el título del disco, la portada (obra del irrepetible Giger), las fotos de la banda en el librillo (distorsionadas e irreconocibles) y cómo no, la música también.

Para este trabajo, Krull preparó una historia absolutamente desgarradora que tiene como protagonista a una mujer cuya trágica vida (marcada por una infancia miserable en la que, entre otras cosas, fue abusada sexualmente por su propio padre) ve como único escape las drogas, con su consecuente descenso a la perdición absoluta.

Krull, lejos de tratar el tema con un estilo poético o con reservas, lo arroja crudo y sin censura, evitándose dejar algo a la imaginación y hasta revelando imágenes que van más allá de lo obsceno (para muestras, la durísima letra de “Deep in your Subconscious”).

Lo dicho, la afinidad entre letra y música es tremenda, resultando la barroca y agobiante naturaleza de esta última como una perfecta representación de lo que el inefable Krull narra a través de sus berridos. Uno de los puntos en los que esa compenetración alcanza su cúspide lo podemos ver “Fatal Step” (1:34), cuando la protagonista experimenta por primera vez el efecto alucinógeno de vaya uno a saber qué mientras de fondo suena un pasaje jazzistico compuesto únicamente por el bajo de Klasen y la batería de Schwartz. Ese pequeño fragmento de bajo y batería juguetona y esa atmósfera semi apacible transmite esa falsa sensación de seguridad que envuelve a la chica, esa calma temporal en un recorrido que solo puede terminar en tragedia. Y vaya si no lo hace.

En fin, otro clásico indiscutible de cosecha de 1990. A menudo galardonado con el muy discutible título de primer álbum de Technical Death (al parecer olvidando que un año antes hubo un “Piece of Time”), “Hallucinations” es una de esas declaraciones de principios con las que sus autores aseguraron que bajo ningún concepto quedarían perdidos en el montón. Atrocity vino a marcar la diferencia. Un disco que dentro de su apartado musical y lírico explotó conceptos que no habían sido vistos en el género por aquél entonces, y lo hizo de una manera cuanto menos admirable.

Tiempo al tiempo, Scott Burns pondría en contacto a Krull y los suyos con Monte Conner de Roadrunner y bajo el amparo de aquél sello editarían “Todessehnsucht” en 1992 (quedando para los libros como la primera banda alemana en ser fichada por aquella companía) y ahí es cuando la cosa ya alcanzaría niveles bíblicos, con los alemanes ya establecidos como absolutos maestros de lo desconocido así como también una de las agrupaciones más visionarias que vio aquella irrepetible era en la historia del Metal.

Terminando, “Hallucinations” no entra a la primera pero cada segundo que esconde vale oro. Toda una obra de arte cuyo descubrimiento supone todo un viaje alucinógeno digno de presenciar. Cinco cuernos bien merecidos.

Alexander Krull: Voz
Mathias Röderer: Guitarra
Richard Scharf: Guitarra
Oliver Klasen: Bajo
Michael Schwartz: Batería

Sello
Nuclear Blast