Anthem - Domestic Booty

Enviado por Witchfyre el Vie, 31/07/2020 - 02:19
Anthem

1. Venom Strike (4:49)
2. Renegade (04:41)
3. Gold & Diamonds (05:05)
4. Mr. Genius (04:42)
5. Heavy Duty (05:30)
6. Blood Sky Crying (00:45)
7. Cry in the Night (4:18)
8. The Dice of No Mercy (06:12)
9. Devil Inside (05:25)
10. Willesden High-Road (02:02)
11. Silent Cross (06:22)

Álbum completo

Qué mejor que Anthem, la banda con la que, casi, comencé aquí en el Portal para conmemorar mis primeras 100 reseñas. Hito que me parecía complicado hace poco más de un año, cuando el camarada Heartbolt era felicitado por su primer centenario. Sentido le encuentro yo, a modo de cierre de círculo, para coger impulso y arrancar con una segunda centena que, esperemos, llegué más pronto que tarde.

Y digo que Anthem son la banda más apropiada porque nadie se ha asomado con más frecuencia a mis reseñas, hasta cinco han sido las ocasiones en las que me he detenido en esta estación de Tokyo y es más que probable que no sea la última (me queda el debut en el tintero todavía). Creo que nadie aquí en el Portal ha reivindicado con más fuerza el enorme talento de los de Naoto Shibata para esto del heavy metal y este, su ya séptimo álbum de estudio y el que cerraba la primera etapa de la banda, no va a ser una excepción. Llegaba 1992, los años 80 quedaban ya algo lejos en el retrovisor y todo aquello que habían conocido y que los había hecho grandes desaparecía arrastrado por el tsunami de la modernidad. Pero a nuestros héroes nipones aún les quedaba una bala en la recámara, puede que no la más certera (ese honor se lo adjudicaré siempre al glorioso Hunting Time de 1989), pero sí la más destructiva de todas ellas.

Después de un No Smoke Without Fire que los había visto por primera vez en años sin trabajar con Chris Tsangarides al encontrarse el mago británico un pelín ocupado con cierta banda de Birmingham durante todo aquel año, Domestic Booty supuso un tan esperado como bienvenido reencuentro. El sello del tristemente fallecido Tsangarides para aunar potencia y humanidad en una producción aparece aquí imperturbable haciendo sonar a este Domestic Booty como un auténtico misil, sobre todo si lo comparamos con lo parámetros sonoros relativamente discretos que atesoraba su más inmediato precedente. Pocos segundos de una furibunda Venom Strike son suficientes para comprobar que Anthem vuelven dispuestos a arrasar con todo con su trabajo más agresivo y, de forma hasta esperable, bastante afectados por la onda expansiva provocada por Tsangarides junto al “sacerdote".

No es la presencia de Chris Tsangarides la única novedad en esta ocasión, si no que Domestic Booty significó también la primera aparición de un jovencísimo Akio Shimizu quien, aún mostrándose más que capaz, nunca ha conseguido cubrir el inmenso hueco dejado por un Hiroya Fukuda al que siempre he visto como uno de los grandes puntales del sonido de Anthem. Si bien no echo de menos en el apartado técnico a Fukuda, sí opino que su agresivo ataque de heavy/speed metal clásico, lleno de elegancia y melodía, fue sustituido por un estilo decididamente más moderno que presentaba las credenciales de Anthem para una nueva época y los anticipaba como la banda de power metal melódico y europeizado que escucho hoy en día. Algo que, huelga decir, no encaja conmigo de la misma manera.

En su mayor parte, no obstante, Domestic Booty es Anthem clásico. A un trallazo como Venom Strike, sigue una todavía más furiosa Renegade (¡vaya arranque!) y una melódica pero igualmente intensa Gold & Diamonds. No es el inicio de Hunting Time, pero esta tríada inicial promete. ¿Qué puede ir mal? La cosa suena bien heavy y la producción ha devuelto un vigor ligeramente perdido a la banda... parece que Anthem se encaminan a cuajar otro álbum más que notable. Mr. Genius se vuelve algo más groovy, pero me gusta… desgraciadamente no puedo decir lo mismo de Heavy Duty, pesada, repetitiva y con un Yukio Morikawa que parece forzar su registro más de lo necesario. Ciertos fantasmas de modernidad noventera sobrevuelan a nuestros héroes nipones… ¿Quién los puede culpar? Ya mantienen el tipo con bastante dignidad.

Cry in the Night es una de las más conocidas de este álbum (una regular en directo) y también de las más pegadizas, muy a pesar de ese empalagoso teclado con el que están a punto de cargársela. Afortunadamente, un inspirado estribillo la sostiene, aunque este es uno de los temas que me hacen sentir esos efluvios “europower” que empezarán a ser más que una mera anécdota tras su reunión en el nuevo milenio y que también veo con cierto recelo.

Si estos fueran los tiempo del vinilo, recurriría al tópico de que la cara B flojea pero, como nunca se ha visto edición en tal formato de Domestic Booty, simplemente diré que, de las cuatro últimas, sólo cabe destacar una trepidante Devil Inside. The Dice of No Mercy y Silent Cross no son más que medios tiempos machacones, muy en la onda de Mr. Genius, sin su salero. Con mucho groove, riffs muy marcados y un toque oscuro, que habrían tenido su sentido entre temas con algo más de garbo y melodía, pero que así, agrupados al final sin mucha gracia acaban apalancado bastante. Willesden High-Road, por su parte, es una breve instrumental destinada al lucimiento de un nuevo fichaje que nunca hará olvidar a su predecesor en estudio, habida cuenta de que el fugaz Hideaki Nakama no llegó a grabar nada con la banda.

Dudo de nuevo entre los tres y los cuatro cuernos. Objetivamente, se merece los cuatro, el álbum suena como un tiro y la profesionalidad de la banda está fuera de toda duda, pero yo no consigo encontrar la magia que hasta me parecía evidente en un No Smoke Without Fire que sugería ligeros síntomas de declive. Ya no os digo nada de los tres que habían llegado antes. Por tanto, mi corazón me dice que le ponga tres altísimos. No obstante, Domestic Booty cierra de forma más que digna una trayectoria de siete potentísimos trabajos en la impresionante cifra de ocho años, algo que sólo he visto hacer a los más grandes. Por algo considero que Anthem son la única banda capaz de disputar el trono del HEAVY METAL japonés a Loudness. Dicho esto, y cediendo un poquito a una amistosa presión popular, he decidido mudar mi criterio inicial y conceder un cuarto cuerno que deja mi valoración en torno a un 7.

7/10

- Yukio Morikawa: voces
- Akio Shimizu: guitarras y coros
- Naoto Shibata: bajo y coros
- Takamasa Ohuchi: batería y coros

Sello
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