Anthem - Bound to Break

Enviado por Witchfyre el Mar, 11/06/2019 - 01:44
Anthem

1. Bound to Break (04:22)
2. Empty Eyes (04:04)
3. Show Must Go On! (03:42)
4. Rock 'n' Roll Survivor (04:05)
5. Soldiers (04:24)
6. Limited Lights (01:22)
7. Machine Made Dog (04:53)
8. No More Night (04:36)
9. Headstrong (05:12)
10. Fire 'n' the Sword (05:16)

Álbum completo

Dijo en una ocasión el gran (en más de un sentido, las cosas como son) Steve Grimmet que Max Norman le había enseñado a grabar en estudio durante las sesiones de Rock You to Hell y, quien hubiese escuchado al británico en Fear No evil, fácilmente entendería que algo había cambiado en su forma de cantar. Por eso me encanta el mundo de los productores. Pero con productores me refiero a los de aquella era anterior a Pro Tools y las bandas de dormitorio en la que una banda se pagaba un estudio o, si tenía la suerte de ser respaldada por un sello, contaba con uno de esos grandes nombres de las mesas de control. Personajes como el propio Max Norman, Beau Hill, Martin Birch, Tom Werman, Michael Wagener… que cogían unas buenas canciones y las llevaban a otra dimensión. Y uno de ellos fue, sin duda, el recientemente fallecido Chris Tsangarides.

Eso fue lo que hizo precisamente Chris Tsangarides cuando cogió a cuatro jóvenes japoneses con los que, a buen seguro, a duras penas se entendía. Una banda con potencial, quizás inmadura, y con grandes ideas que había servido dos buenos platos de un efectivo, pero inocente, heavy/speed metal en los dos años que preceden a este mágico 1987. Bound to Break es algo totalmente diferente. Los llevó a otro nivel sí, pero, desagraciadamente, casi nadie fuera de su país se enteró.

Me gustaría poder venderos a Anthem como una de esas bandas de mi juventud a la que he reivindicado en multitud de reuniones de alto contenido etílico, pero mentiría vilmente. Una de esas bandas que, en cuanto las escuchas, te llevan inmediatamente a momentos de tu pasado, quizás más felices, quizás no, pero que vienen cargados con el incalculable valor de la nostalgia. Pero, aunque no sea este el caso, Anthem tienen ese poder. Hace años que sé de su existencia pero, por algún motivo tan difícil de explicar como el origen de las caras de Belmez, ahí quedaron relegados en un recóndito rincón de mi disco duro. Aún así, cada vez que los pincho, vuelvo inmediatamente al momento justo en que empezaba a escuchar a esta gente hace poco más de un año y su música me traslada con total fidelidad a las sensaciones que experimentaba en ese preciso instante. Sí, son así de buenos.

Anthem y Tightrope no estaban nada mal, de hecho, son buenos e incluso tienen algún tema maravilloso. Pero Bound to Break es uno de esos discos especiales, donde poco desperdicio vamos a dejar después de darnos un buen atracón. Aquí no hay nada de grasa señores, esto es puro solomillo, y del bueno.

El tema título y Empty Eyes arrancan fuerte, como si quisiesen retener algo del speed metal de antaño. Pero son al mismo tiempo melódicas, pegadizas, dinámicas y nada moñas. Algo pasa aquí. Esta gente no es una novata. No son unos principiantes ni unos japonesitos cargados con sus cámaras y con cara de despistados. Estos tíos son unos animales. Se les ve sobrados, con confianza, pletóricos. Naoto Shibata compone unas líneas de bajo cojonudas y su bajo se hace presente a lo largo de todo el trabajo. Hiroya Fukuda es una máquina de hacer riffs e incrustarte solos en el lóbulo frontal. Puede que no te deslumbre técnicamente como Akira Takasaki, pero es muy, muy bueno. Takamasa “Mad” Ohuchi hace de su batería un todo armónico, fluido y dinámico que conduce a la perfección toda la base rítmica y sabe cobrar protagonismo cuando es necesario. Y la voz… ¿Qué es de una banda de heavy metal sin su cantante? No es Eizo Sakamoto Rob Halford precisamente, pero el salto de calidad que da en ese escaso año que separa Tightrope de Bound to Break es abismal. A mí me recuerda bastante a Mike Vescera, aunque ligeramente menos nasal. No en vano, Vescera fue el elegido para encabezar la versión americana de ese invento tan japonés, como poco atractivo para un servidor, como son Animetal, una criatura engendrada por Sakamoto tras su salida de Anthem. Si tienen curiosidad, investiguen, no seré yo quien se lo recomiende.

La mano de Chis Tsangarides se hace evidente en Show Must Go On!, único cantado íntegramente en inglés y que co-escribe con la banda, mucho más hímnico y comercial. Fue la barrera lingüística uno de los factores que me mantuvieron alejado de estos Anthem durante años pero, sin llegar a los niveles de aberración alcanzados por Barón en su infame versión inglesa del Volumen Brutal, no encuentro a Sakamoto cómodo con la lengua de Shakespeare. Tras otra rápida Rock ‘n’ Roll Survivor, con un solazo sintetizado que me recuerda mucho a la etapa Turbo/Ram it Down de los Judas, llega la relativamente melancólica Soldiers, trabajadísima, redonda y, sin pestañear, una de mis favoritas del LP.

La cara B arranca con una corta instrumental seguida de la marcial y genuinamente ochentera Machine Made God. Si este no es uno de esos temas que invita a mover la cabeza, levantar el puño y cantar el estribillo a gritos, es que no tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo aquí. Ustedes me perdonen, pero merezco una expulsión inmediata. Otra más para la saca y ya van...

Me he cansado de decir que no me gustan las reseñas demasiado largas ni las que hacen un repaso tema por tema, pero me está costando no traicionarme con este trabajo. Para no aburrirles diré que, para cerrar el LP, Anthem hacen las cosas como se debe, por todo lo alto, Fire ‘n’ the Sword, nada más, otro temazo, ríndanse ante ellos. Y lo dejaré aquí, así, de repente. Ni interminables listas de recomendaciones, ni bandas similares, ni grupos de folk tradicional de Hokkaido. Esto es heavy metal y punto, de pura pata negra, o carne de Kobe para el caso, que queda más apropiado.

Y la pregunta será. ¿Por qué no les he colocado el quinto cuerno? No les mentiré, tentado me he visto. Pero, si me gusta este Bound to Break, más aún lo hace su oferta de 1989, Hunting Time, al que si le adjudiqué la cornamenta suprema. Así que, siéntanse ustedes libres para subirle la nota cuando quieran, porque sin duda se la merecen. No cometan mi error y háganse inmediatamente con la discografía de lo mejor que ha llegado de la tierra del sol naciente desde la invención del Walkman, no se arrepentirán.

8,5/10

- Eizo Sakamoto: voces
- Hiroya Fukuda: guitarras
- Naoto Shibata: bajo
- Takamasa "Mad" Ohuchi: batería

Sello
Nexus Records