Amebix - Monolith

Enviado por Onán el Dom, 16/12/2018 - 18:56
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1. Monolith
2. Nobody's Driving
3. The Power Remains
4. Time Bomb
5. Last Will and Testament
6. I.C.B.M.
7. Chain Reaction
8. Fallen from Grace
9. Coming Home

Nuestro mundo se muere
No hay nadie al volante

Poca broma con Amebix, y poca broma con un disco que no suena: se te derrumba encima. Cada sílaba escupida por esa estruendosa voz, cada hostiazo que reciben sus tres magullados instrumentos tiene un sentido pleno. Todo está hecho como si fuera el último día, como si no hubiera nada más importante en el mundo que hacer vibrar una cuerda con una púa.

Los discos clásicos de estos profetas del Apocalipsis, anteriores a su separación en 1987 (una demo, unos cuantos EPs y un par de mitológicos LPs, de los cuales el que nos ocupa es el canto del cisne), pasaron de puntillas en su día y hoy, gracias a las nuevas tecnologías, gozan de una segunda juventud y se ven reivindicados como una especie de proto Thrash originario, el origen del Crust y no sé cuántas cosas más. Algunos grandes como Sepultura o los guitarristas de Neurosis los cuentan entre sus mayores influencias. Un profeta de los más gordos, Jello Biafra, se fijó en ellos y les fichó para Alternative Tentacles con su primer LP, Arise! Por si fuera poco, durante el prolífico mercadeo británico de demos de los 80 Amebix llegó a mandar uno de sus EPs a Hellhammer... podemos fantasear con que aquel disco caló y algo de su ADN se traspasó a Celtic Frost, y de ahí a toda la rama metalera más oscura, o podemos apagar el porro ya de una vez y dejarlo estar. ¿No se nos está yendo un poco de las manos tanta "sabiduría" y tanto indagar qué viene de qué? (A mí el primero).

Sea como sea el alma mater de este bicharraco, Rob "The Baron" Miller, desde su retiro al norte de Escocia donde se reinventó hace tiempo como artesano forjador de... ¡espadas antiguas! (preciosas y carísimas, por cierto), pone los puntos sobre las íes y afirma tan tranquilo que no es muy fan de los antiguos Amebix. Que no lo escucha. Aquellas grabaciones las recuerda como el resultado de un monumental cabreo juvenil canalizado por la vía de la expresión artística, con resultado desigual. Se lamenta de que no fueron escuchados, y valora las canciones como buenas, malas o regulares. Todo esto no le impide haber reunido al grupo de nuevo en 2011 para un único disco, Sonic Mass (grabado con otro batería porque el original, Robert "Spider" Richards, estaba fuera de juego por tinnitus), disco con el que sí que está más contento.

A mí también me encanta Sonic Mass, pero si me refiero con honestidad a lo último que grabaron en aquella etapa primigenia, Monolith, lo más coherente que puedo decir es que jfilovnfiaskja, porque sólo puedo aporrear el teclado sin rumbo. Este disco me saca el corazón por la boca y me agita con fuerza cada pequeño tramo de intestino, dejándome el cerebro plácidamente en stand-by. El mensaje va al grano, y cumple a rajatabla la norma según la cual la música es la más inmediata de las artes. A esto hay que añadir la fuerza arrolladora de unas letras muy inteligentes, encarnizadas y a la vez filosóficas, y una teatralidad interpretativa que roza el orgasmo continuo. En conjunto es un disco que pide ser escuchado una sola vez entero con toda atención, tras lo cual no merece la pena repetir la acción en modo bucle como ocurre con tantas otras músicas psicoactivas porque se filtra, cala, te posee. Puedes escucharlo en tu interior cuantas veces quieras.

La forma en que está tocada esta música no tiene nada de espectacular en lo técnico, pero impresiona y atrapa, es efectiva a más no poder. Esos riffs a base de puro trémolo, esos solos -pocos- que pueden recordar a Josu Eskorbuto y a la vez (no os riáis) a Ritchie Blackmore, sí, a la vez; el bajo sólido, de los que hacen temblar el suelo, sujetando con clase la música y también de vez en cuando organizando la de dios con algún ostinato enrevesado que suena como las tripas de un megalodón; la batería que a ratos parece a punto de extralimitarse y amenaza con dejar de fluir pero suele caer de pie de alguna manera; esa voz en trance continuo que nos habla tanto de superación, muerte, guerra, masacre o invoca (irónicamente, desde el asfalto) a las fuerzas más primitivas de la naturaleza; y por último esos teclados que aparecen sólo cuando hace falta y me recuerdan un poco también a Eskobuto, muy para bien... El conjunto de todo ello te sube a hombros y saca tus vísceras en procesión sin pedir permiso.

La intro homónima (quienes estéis también hasta los huevos de intros en los discos levantad la mano) me hace creer de nuevo en las intros. Preciosa, magistral, hipnótica, zurcida con la sola ayuda de un par de arpegios simplones por el voluntarioso compañero del Barón, su hermano Chris "Stig" Miller, te va llevando hacia arriba sin que te des cuenta hasta estallar en un mantra aplastante que te deja blando, inerme ante lo que se te viene encima. Tres minutos y ya han hecho contigo lo que les ha dado la gana. ¡Cuidado! A partir de aquí se sucede un auténtico baile de San Vito ininterrumpido, comandado por la mano derecha de un Stig que alicata de semicorcheas la práctica totalidad del disco, tanto las canciones rápidas como las lentas. Y sí, a ratos todo esto recuerda al Thrash, pero no al limpito de Megadeth u Overkill sino al de Voivod: oscuro, impredecible, irregular, como malgrabado en el váter.

Esta cualidad de todo lo antiguo de Amebix, me refiero al sonido entre justito y a ratos hediondo, le da su punto particular y le va bien a las canciones y al mesaje del grupo en general. Sin embargo hay que aclarar que el Barón, cuando en 2011 sacaron Sonic Mass con su sonido bueno y actual, respondía a los que le criticaban por "no sonar ya a Amebix" que la causa del mal sonido de los primeros discos fue la falta de dinero y, en consecuencia, de tiempo, aderezada con el uso de 'shitty instruments' (sic). Joder, Barón, jeje, no nos vengas a joder la fiesta. ¡Queremos mitos! Queremos pensar que se grabó mal adrede porque erais muy punkys. Hala, ya he encendido otra vez el porro sin darme cuenta.

Bueno, voy recogiendo velas. No sin antes carraspear y rasgarme las vestiduras ante tres sobresalientes obras maestras que contiene este disco: la desoladora y apocalíptica Nobody's driving, que te mina la poca confianza que te pueda quedar en la raza humana, la energética Chain reaction (ahora que tanto se habla de "empoderamiento" es buen momento para recuperar esta letra y esta música espectaculares, joder, ¡qué riff!) y el broche de oro, Coming home, en la que los soldados paran la guerra, dejan a los líderes que se peguen solos a la orilla del mar, dan la mano al enemigo y se vuelven hundidos a casa, como elefantes camino del cementerio. Vaya historia más infantil, ¿verdad? Pues en manos de estos genios emociona, quizá principalmente porque ellos mismos están emocionados. Y por lo bien que se expresan. La mágica coda con la que despiden el tema sirve para dejarte en coma profundo y a su vez despedir el disco entero... y al grupo, que quedó clausurado. En su "exilio" escocés, Rob Miller se olvidó por completo de Amebix: vendió el equipo y no volvió a tocar el bajo durante la friolera de 20 años. Radical, el andoba. Quizá pensó que ya era hora de dejar de sentirse como el desgraciado sujeto antropomorfo de la conmovedora portada de Monolith.

The Baron Rockin von Aphid (Rob Miller): Bajo, voz
Stig Da Pig (Chris Miller): Guitarra, coros
Spider (Robert Richards): Batería
A. Droid (Andy Wiggins): Teclados

Sello
Heavy Metal Records