Alice In Chains - Alice In Chains (Tripod)

Enviado por Hammer el Jue, 08/03/2018 - 07:56
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1. Grind (04:47)
2. Brush Away (03:24)
3. Sludge Factory (07:14)
4. Heaven Beside You (05:30)
5. Head Creeps (06:30)
6. Again (04:07)
7. Shame In You (05:38)
8. God Am (04:10)
9. So Close (02:47)
10. Nothin’ Song (05:42)
11. Frogs (08:19)
12. Over Now (07:04)

“So there’s problems in your life, that’s fucked up
And I’m not blind, I’m just see-through, faded
Super jaded and out of my mind…”

La calma, el poder, el caos, la agonía, ¡la CÓLERA!, y de vuelta a la calma. A veces nos preguntamos qué tan bajo podemos caer para darnos cuenta de muchas cosas, hay una multitud de personas diciendo y obrando a nuestro favor, cuidando nuestros hábitos y nuestras maneras, dándonos a entender que algo está tan mal que si no salimos de ese maldito hoyo no podremos levantarnos y salir jamás, nos consumirá por completo. Pero los ignoramos, me permito reformular entonces; ¿cuándo nos damos cuenta que tocamos fondo para replantearnos la vida?

Hoy dejo a Satán y la sangre de lado, me aparto de las vísceras y de la densa niebla funeraria. Me alejo de toda esa parafernalia para comentar sobre uno de mis discos preferidos por fuera del metal extremo, para hablar un poco de la historia de Layne Staley, la historia de Alice In Chains. Ya en este punto, para los entusiastas, introducir a esta banda es casi grosero, pero a veces es bueno recordar al menos lo básico. Estos tipos fueron una de las agrupaciones más trascendentales del movimiento grunge nacido en Seattle allá a finales de los ochenta e inicios de los noventa. Puede gustar o no pero la relevancia e influencia de esta gente en el rock americano es indiscutible. También es cierto que siguen vivos, ya no con su formación clásica, pero continúan rockeando de lo lindo de tanto en tanto, habiendo publicado material más que rescatable en sus dos últimas placas, Black Gives Way to Blue (2009) y The Devil Put Dinosaurs Here (2013).

Pues bien, en 1995 el movimiento grunge ya había clausurado sus mejores días, las grandes obras se habían ya publicado y cada exponente se encontraba en virajes desconocidos para afrontar la segunda mitad de la década. Recordemos que la banda más comercial del género, los populares Nirvana ya se habían extinto, con la muerte de Kurt Cobain como el remate final de un género destinado a morir joven. ¿No era acaso una señal?, el líder de la banda más famosa del planeta en ese entonces moría de un escopetazo propinado por él mismo, diciéndole good bye a un mundo y a una fama que jamás deseó tener. ¿Qué significaba esto para el movimiento?, una cuadrilla de melenudos inadaptados que cantaban sobre muerte, desolación y marginación (también drogas, obvio) habían alcanzado una popularidad inimaginable pero tal vez efímera, y ahora tras la muerte de la mayor celebridad de la escena se encontraban tal vez sin rumbo, con la etiqueta ya marcada en la frente, después de un suceso que iba a llegar inevitablemente. Eso era 1995.

Para Alice In Chains ese era el asunto. Habían publicado ya dos discos de larga duración, su enérgico pero juvenil Facelift en 1990 y la magnus opus de su discografía, Dirt en 1992. Entre sus tantos lanzamientos también se habían liberado dos EP acústicos, Sap de 1992 y Jar of Flies en 1994. Por tanto en 1995 también se podía decir que habían llegado a lo más alto, pero cuidado, porque cuando llegas a alturas temerarias solo te quedan dos opciones, lograr mantenerte un poco más o caer estrepitosamente. Jerry Cantrell y Layne Staley eran los principales compositores de la banda, los riffs maestros del primero compaginaban notables sucesos junto al segundo en su papel vocal, una de las parejas más notables del género. Lastimosamente la fórmula secreta podía volverse en tu contra si abusabas de ella.

Y así pasó, las sustancias psicoactivas habían sido el móvil principal de Layne durante años, en Dirt así se demostró, los temas del álbum fueron compuestos bajo la influencia de las drogas y una cantidad abismal de ellos hablaban explícita o implícitamente sobre las dichosas sustancias. Solo unos años atrás Layne parecía tener el control de la situación, pero eso empezó a cambiar. Cada vez más el hombre empezó a hundirse en el oscuro abismo de la heroína hasta que jamás pudo salir. Desde la muerte de Cobain, un año antes, una cantidad de rumores reinaban en el mundillo maloliente del rock; algunos decían que la banda se había separado, otros que Layne había muerto, los medios aseguraban que el grunge moría lentamente y que el vocalista de Alice In Chains sería el siguiente en meterse al féretro. Lo último no pasó (al menos de momento), Layne estaba jodido pero extrañamente activo, le dio para trabajar en el supergrupo Mad Season, publicando Above en el primer trimestre de 1995, poco después volvió con sus colegas de Alice para labrar nuevo material, el trípode empezaría a fabricarse.

En abril de ese año comenzaron las grabaciones en los estudios Bad Animals de Seattle. La producción estuvo a cargo de Toby Wright (quien ya había tenido encuentros con Alice in Chains, y a su vez con Metallica, Slayer, Fear Factory, Corrosion of Conformity, entre otros) y se extendería hasta agosto. La instrumentación sería en su mayoría compuesta por Cantrell y las líricas por Layne salvo contadas excepciones. El producto final fue el disco homónimo de la banda que nos asfixia hoy, el perro de tres patas, el infame Tripod. Un álbum a mi juicio espectacular, más maduro que Facelift, menos potente que Dirt pero mucho más denso y depresivo que aquellas placas, no es un disco fácil de apreciar, comercialmente tuvo éxito (extrañamente) sin la necesidad de encasillarlo como grunge, acercándose a sonidos más turbios y escalonados, ya no tan propios del sonido que puso a Seattle en el mapa musical unos años atrás. Encontrar un género para este álbum no me apetece, primero porque entraríamos en un eterno debate de influencias, melodías, axiomas y etiquetas, segundo porque de verdad no me interesa etiquetarlo a la perfección. Evidentemente hay sonidos hard rock, hay sonidos grunge y hay sonidos de sludge, esto es rock pesado, ya está, hay placas que van más allá de toda duda y su etiqueta es fácil, no es el caso de este trabajo.

Es un disco de Alice In Chains que suena cien por ciento a Alice In Chains, no hay experimentación ni canciones de laboratorio. Su sonido recuerda mucho a Dirt pero con elementos más espesos, más perversos. Diría que es el álbum más oscuro de la banda sino fuera porque hay gente que se pone el Jar of Flies y se echa al barranco. Al menos para mí es muy muy negro el disco, difícil de digerir y entender, tiene momentos largos y difusos y aun así logra generar una especie de sensación generalizada de estar escuchando un disco impenetrable, muy macizo. Tiene en su plenitud el momento de Layne, abatido por las drogas y la depresión, con justas intenciones de querer subir a la superficie y asegurar que aún no estaba ahogado, pero muy en el fondo sabes que estás escuchando los salmos de un tipo que por más que quisiera cambiar las cosas tenía un pie en el otro lado ya. Las robustas guitarras de Cantrell y las certeras líneas a cuatro cuerdas de Mike Inez solo maquillan el enfermo estado mental de Layne.

El álbum empieza con la densa Grind, un corte guitarrero y heavy donde Cantrell hace gala de sus riffs dilatados, para comenzar no está nada mal. De buenas a primeras parece un tema elocuente y radiante pero termina convirtiéndose en una sonata sombría y lastimera. Como consumirse lentamente en una pira funeraria, tal cual. Aquí Layne dispara sus primeras flechas, ácidos comentarios en relación a los crudos rumores sobre la situación de la banda; “no se debe planear el funeral sin el muerto”. No es más que patadas de ahogado, Layne sabía que no saldría de su adicción, no es más que un poco de cruda ironía, “hola hijos de puta, aún no estoy muerto…aún”. La pista no tiene desperdicio, las primeras notas de un álbum repleto de sombras. Brush Away sigue la misma línea de Grind, lenta, decrépita y arrugada. Los versos agonizantes de Layne acompañan bien la quejumbrosa guitarra de Cantrell, tiene momentos donde parece despegar pero lo que encontraremos no es más que un tema gris y rencoroso. Es brutal cómo con muy poco estos tipos creaban frías atmosferas, te envolvían con círculos de riffs y versos lánguidos. ¿Quién dijo que no era posible crear un ambientazo de este tipo en el grunge o lo que sea que esta gente toque?

En Sludge Factory la cosa sigue. Una extensa pista con un trabajo espectacular de Cantrell, por todas partes te encuentras oscuros pasajes, guitarras dementes que retumban en cada punto cardinal. Siete minutos donde un somnoliento Layne te escupe cuatro verdades. Ataca a los desgraciados que lo obligaron a buscar rehabilitación, dejar la heroína y grabar otro maldito álbum. Todo se reduce a esto, una obligación comercial. Trabajar aunque no quieras, ¿qué no sabían que lo único que el tipo quería era inyectarse todo el rato?, no hay salida, no hay horizonte. Es una pista dura sin duda, porque todo lo que te cuenta el señorito es algo que salía desde su corroído corazón, no hay adornos ni palabritas de consuelo, dice lo que siente con fallida elegancia y un tono muy consumado. Si ya de paso tenemos a Cantrell, Inez y Kinney tronando de fondo entonces disfrutamos de uno de los mejores temas del disco sin duda. Cuando las voces enrevesadas nos sentencian al final ese ”your weapon is guilt” es para dejarse ir, genios.

En tanto humo y desconsuelo llega Heaven Beside You, obra plena de Cantrell, un fresco respiro entre tanta amargura para apaciguar las sensaciones acalorados de las tres primeras pistas. Nos encontramos con una pista algo más tranquila, con mucho potencial comercial y un tono más sensato o al menos dócil. Tiene un buen coro y Cantrell mete mucha armonía y tal, era necesario un tema así para no ahogarse en el lodo que predomina en el álbum. Con Head Creeps vuelve el Laney más perturbado, repitiendo líneas una y otra vez, con instrumentación hipnótica de fondo. La heroína vuelve a tomar protagonismo, no sirve llorar, solo una fría aceptación de lo que te rodea puede sosegar la psicótica sensación de aprisionamiento, ya lo indicaba hace años; I’m the man in the box.

Again tiene sin duda un aire distinto, menos espesa y más animada. Layne no deja de quejarse y lamentarse sobre su adicción, la suerte para nosotros es que el tipo siempre lo hizo con una espectacular interpretación vocal, de eso no hay duda. Cantrell duro pero sobrio solo deja caer sus martillazos. Incluso el doot doot ameniza joder, cualquier imbécil puede soltar ruidos incoherentes y seguir pareciendo imbécil. Los grandes en cambio convierten piedras en oro. Un tema importante, señores. Para no ignorar. Por otro lado Shame In You es un tema grato y sereno, pero no te confundas, son este tipo de pistas donde Alice In Chains trasforma ovejas en jodidos lobos feroces. La tonada amable no es más que un funeral por dentro. Layne sigue lamentándose con su oscura y sincera visión del mundo. No esconde que las cosas no andan bien, de ningún modo, de un modo sobrecogido y templado se va confesado sobre las cagadas que ha cometido, la droga siempre presente, of course. Toca infructuosamente también su relación con Demri Lara Parrot, novia de Layne hasta poco antes de la publicación del álbum, de quién leí alguna vez lo inició en la heroína. La señorita Parrot finalmente murió en 1996, dejando al vocalista herido y desconsolado según algunos. Historias sobre el tema hay miles.

God Am no para con la seguidilla de estrofas irreverentes de Layne, esta vez su objetivo no es otro que el todopoderoso castigador que habita en el ático celestial. El de Kirkland le reclama una y otra vez por todo lo malo que le ocurre en su vida, por su falta de control en sí mismo, por su adicción, por el hecho de afrontar que la heroína es realmente su propia deidad y que más allá no existe nada más. Es un tema trabado, borroso y algo prescindible. So Close acelera un tanto el ritmo para alertar un poco, Alicia está rockeando de nuevo en poco menos de tres minutos. Atención a los pasajes de Cantrell, desentonados como dos lunáticos tratando de hacerle a su compañero un nudo de corbata al mismo tiempo. En Nothin’ Song retomamos cierto orden perdido con las anteriores pistas, volvemos a las secciones densísimas, con multitud de abismos y paredes de concreto. Laberínticos riffs que me recuerdan mucho a pasajes doom, no mentiré. Una vez más Layne gravita en las voces con su peculiar estilo, lastimero e intranquilo.

Las dos pistas que cierran el álbum son dos gordas composiciones; ocho viscosos minutos con Frogs, un tema que logra llevarnos al límite, se vuelve enrevesado, lento y oscuro, rescato por supuesto la instrumentación, impecable, y a un Laney ya incurable, vociferando sus azules notas sobre muerte, amistad y adicción. ¿Ni un segundo de esperanza? No. Se acaba el banquete, Tripod cierra con Over Now, escrita por Cantrell. Una trompeta premonitoria toca rasgadas notas fúnebres, como anunciándonos el final de algo, o alguien. Inmediatamente nos encontramos en un sereno mar de riffs (Inez muy competente, hay que decirlo, como en todo el álbum) y punteos. Layne canta con profunda humanidad las que serían sus últimas líneas (en estudio) de su vida en un disco de larga duración de Alice In Chains. Sus cavilaciones sobre el fin y la muerte parecen haber tocado fondo aquí, un tema muy personal, casi inofensivo y fúnebre. Así se aleja el perro de tres patas, así se marcha Tripod.

Lo siguiente ya lo conocemos, el álbum se publicó en noviembre de 1995. Layne no se recuperaría jamás de su adicción, la gira del álbum se cancelaría y a pesar de momentos concretos donde apareció nuevamente para desplegar sus dotes como vocalista (el MTV Umplugged de 1996), Laney Staley había sido cubierto por el velo de la muerte, un velo que cubriría su persona hasta el final de sus días. Prácticamente se retiró del negocio, se dedicó a drogarse y murió el 5 de abril de 2002 (exactamente ocho años después de Cobain, mira tú). Fue encontrado en su departamento en Seattle al parecer en estado de descomposición e inundado de drogas, jeringas, pipas y basura. Se notaba la ausencia de piezas dentales y pesaba unos cuarenta y tantos kilos, increíble para un tipo que sobrepasaba el metro con ochenta. Era evidente, la historia de uno de los mejores vocalistas del rock pesado había terminado unas semanas antes de ser encontrada finalmente su envoltura humana.

La historia de Alice In Chains se partió en dos, entraron en un receso indefinido (receso que prácticamente había iniciado en 1996) hasta que unos años después volvieron a reunirse, como ya se sabe. Lo dejo aquí para no extenderme más. Ya he dicho casi todo lo que siento sobre el álbum que nos invade hoy, para mí son cinco cuernos irrevocables. Dirt es un discazo de cuidado y mi favorito de la señora Alicia, no obstante muy de cerca le sigue el can lisiado, con paso lento pero hábil. Gustará más o menos pero a mí me deja atónito cada vez que lo pongo, me retuerce la cabeza y me deja frío, abatido y con una multitud de sensaciones, te metes en la mente de Layne; en sus sentimientos, y sus reflexiones, es nocivo pero divino.

Layne Staley: Voces y guitarra rítmica en Head Creeps y Brush Away.
Jerry Cantrell: Guitarra principal, voces secundarias.
Mike Inez: Bajo.
Sean Kinney: Batería.

Sello
Columbia Records.