Alcatrazz - No parole from rock'n'roll

Enviado por Onán el Mié, 30/01/2008 - 16:47
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1. Island in the Sun - 3:55
2. General Hospital - 4:49
3. Jet to Jet - 4:27
4. Hiroshima Mon Amour - 4:00
5. Kree Nakoorie - 6:10
6. Incubus - 1:24
7. Too Young to Die, Too Drunk to Live - 4:20
8. Big Foot - 4:06
9. Starcarr Lane - 3:53
10. Suffer Me - 4:16

El vocalista Graham Bonnet llevaba dando guerra más de diez años, saltando de grupo en grupo, (algunos de ellos tan ilustres como Rainbow o MSG), cuando fundó Alcatrazz a principios de los 80. Su hoja de servicios y su vozarrón sin par lo avalaban, pero tenía un par de handicaps importantes: el primero, que más que un cantante de rock parecía Harry el Sucio vestido como para regentar un casino de esos de las pelis de Scorsese; el segundo, quizá derivado del primero, que parecía necesitar cierta orientación dentro del mundo del entonces floreciente heavy metal, al menos en todo aquello que fuera más allá de cantar. (O es una impresión mía).

Pero todo tiene arreglo: nuestro hombre se rodeó de cuatro melenudos homologados entre los que destacaba la gran esperanza de las seis cuerdas: Yngwie Malmsteen, que con apenas veinte años tocaba ya con la punta del nabo y sólo necesitaba una oportunidad como ésta para que el mundo entero lo supiera. De hecho bastó este debut de Alcatrazz, No parole from rock’n’roll, más una gira con su correspondiente vídeo en directo (que parece un vídeo de él más que del grupo), para que el chavalín virtuoso saliera catapultado al estrellato con su propia banda, llevándose consigo su Fender, su chupa abierta sin camiseta y su cara de "¡me corro, me corro!" asociada para siempre a su apabullante dedorrea escalística. En su lugar entró después nada menos que Steve Vai, lo cual sugiere que Bonnet quizá lo que buscaba con Alcatrazz era eso: estar un poco en la sombra.

Sea como fuera, No parole fron rock’n’roll se convirtió en un disco imprescindible para muchos, entre los que me hallo, un disco ejemplar que tenía sabor a clásico ya desde su publicación. Una de las causas puede ser la mezcla de lo antiguo con lo moderno (para la época, claro): el disco tenía en las bases ese cierto regusto a Rainbow, Whitesnake o similares, y a la vez un punto más metalero que aportaba sobre todo Yngwie, aunque sin necesidad de usar un sonido muy distorsionado. Es uno de esos extraños discos, tan valiosos por estar un poco en tierra de nadie, cuyo carácter un mismo grupo no es capaz de repetir más adelante, o no quiere.

El buen gusto en los arreglos y en las melodías queda patente desde el minuto uno: un batería, un bajista y un teclista sólidos, que aportan unos cimientos austeros, incontestables, dejan aire de sobra a los sentidísimos riffs de la guitarra, un poco más variables, más en plan "aquí estoy yo con este mi vibrato tan personal", pero que a su vez no pretenden atufar y dejan la cama hecha a las melodías de la voz, en su mayoría bellas y acertadas, mucho más elegantes y más bonitas de lo que espera uno normalmente. Y todo esto sin que el disco decaiga en ningún momento. En definitiva, un resultado muy compacto y fino pero a la vez emocionante, suelto, libre, con dinámica de sobra y con mucho espacio para que escuchemos cada instrumento tranquilamente. Chapó.

Revoloteando por encima de este equilibrio perfecto, como moscas en boñiga, planean por todo el disco los consabidos solos pelmas de quien yo te diga. Sin ser malos, sin que se pueda decir que sobran, para mí son un petardo del quince y sólo de vez en cuando muestran un cierto sentido musical, a veces incluso tan sublime como el de los riffs, pero en seguida vuelven a las andadas. Como punto de partida circense, y dada su edad, no me extraña que el tipo quisiera mostrar a los cuatro vientos su virtuosismo, que nos dejó a todos boquiabiertos porque no había precedente alguno de algo así, y que aunque creó tan fatídicas secuelas sirvió por otro lado para que muchos se dieran cuenta de que "otra técnica era posible", lo cual mola. Lo que me fastidia es que todo lo demás del disco (especialmente las guitarras) sea tan perfectamente musical, pulcro y maravilloso... pero los solos no. No me lo explico.

Otra cosa que no entiendo, aunque nunca me quitó el buen sabor de boca que me deja esta música, es la manera de dar berridos de Bonnet, que casi en todas las canciones explora el límite de sus cuerdas vocales, siempre otro poco más agudo y con más volumen. No hacía falta, me digo; este tío canta de puñetera madre sin necesidad de hacer el pino puente a la vez. De hecho, esto queda patente en Down to earth, el disco que grabó con Rainbow, donde se mantiene en su registro tranquilamente y no por ello el resultado es peor.

Me he enrollado como las persianas, pero no puedo menos que nombrar algunas de las canciones que me parecen más espectaculares y redondas, aun teniendo en cuenta que para mí todas lo son: General Hospital con su estribillo inquietante, Hiroshima Mon Amour con su riff incandescente y su melodía que me pone la piel de gallina, y Kree Nakoorie, pesada cual elefante camino del cementerio, de melodía amplia y valiente, que además tiene uno de los solos mej... que más se salvan.

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Polydor