Aerosmith - Nine Lives

Enviado por El Marqués el Dom, 08/07/2012 - 19:59
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1. Nine Lives
2. Falling in Love (Is Hard on the Knees)
3. Hole in My Soul
4. Taste of India
5. Full Circle
6. Something's Gotta Give
7. Ain't That a Bitch
8. The Farm
9. Crash
10. Kiss Your Past Good-Bye
11. Pink
12. Falling Off
13. Attitude Adjustment
14. Fallen Angels

En los 90, el Rock se puso de moda. Se lo debemos a Guns n´Roses y a algunos más. Ello no quiere decir que cualquier banda de guitarras, pelo largo y vestimenta oscura de cuero tuviera el éxito asegurado. Había que valer, no ya para llegar, sino para quedarse, y veteranos de los 70 que habían sobrevivido con dificultad en la época de esplendor de los sintetizadores y los clips de Michael Jackson comprobaron cómo una nueva generación de oyentes enloquecía con los ritmos viscerales y fuertes, los guitarrazos y las canciones enérgicas construidas con el esquema básico.

Un Alice Cooper encontró su lugar en el Hard y el Heavy Metal, y volvió a rockear como el depredador que era, y el caso de Aerosmith, banda que había ido descendiendo a nivel de popularidad disco tras disco desde finales de los 70, fue más llamativo incluso.

Seguramente ni ellos mismos contaban con un éxito tan descomunal como el que obtuvieron de 1987 en adelante, pero a su recuperación artística se unió el hecho de que tenían ante si a una nueva audiencia que adoraba a grupos más jóvenes, que citaban como máxima influencia al quinteto de Boston.

Tan ventajosa posición no hubiera servido si las canciones no hubieran acompañado, pero es que encima la banda desarrolló una segunda juventud milagrosa, con tres trabajos seguidos –“Permanent Vacation”, “Pump”, “Get a Grip”- monumentales, especialmente los dos primeros, con un balance de calidad y comercialidad que les situaron, merecidamente, en la cúspide del Rock&Roll.

En 1994, mientras saboreaban las mieles del exitoso “Get a Grip”, encabezaron el festival de Donington en la edición más salvaje de su historia, a la cabeza de un cartel que contaba con la flor y la nata del Metal Extremo de los 90, y sonaron más fuertes que nadie, pero es que igual hubieran podido encabezar Reading, el festival alternativo Lollapalooza, o cualquier evento similar de primer nivel.

Bien. Se trataba de dar el siguiente paso. Alcanzada esa cota de popularidad no era necesario matarse a trabajar como en los 70, a disco por año. Ahí teníamos a Metallica, tirando del “Black Album” desde el 91, o a Slayer, que entre ese mismo año y el 98, cuando regresaran con “Diabolus in Musica”, solo grabaron un disco de temas propios como “Divine Intervention” que duraba poco mas de media hora, y un Cd de versiones Punk y Hardcore.

Tranquilamente, Tyler, Perry, Hamilton, Kramer y Whitford se dedicaron a promocionar video clips, a aparecer en todos los programas de moda que seguía el público de los 90, dejando que cartoons televisivos como Beavis & Butthead hicieran por ellos la labor de promoción, y a editar recopilatorios, explotando todos sus hits hasta la saturación.

Entre una cosa y otra, nos situamos en 1997 cuando vio la luz su siguiente disco, “Nine Lives”, primero desde el 93. Con calma, para qué correr. Se planteaba además la duda. Tras un éxito tan descomunal ¿que meta les quedaba por alcanzar, qué más podían hacer, hasta dónde podían llegar? Se especuló incluso con la posibilidad de que grabaran ese disco de Blues que la Industria demandaba, y que terminaron entregando en 2004.

Se reunieron, e hicieron lo único que sabían hacer en realidad: componer otro álbum muy entretenido y disfrutable, que ya no alcanzaría un nivel tan exagerado de fama como sus precursores, pero que, pese a tener algún momento irregular, dejaba a la leyenda en buena posición.

Era inferior a sus mayores, pero en realidad “Get a Grip” también contenía relleno, y no todas las canciones de “Pump” tenían la misma calidad, en mi opinión solo el “Permanent…” es un cinco cuernos sin discusión, y así lo puntué en su momento, pero el éxito de los singles de aquellos trabajos fue tan impresionante que anuló todo lo demás, y nadie puso “peros”.

Como venía siendo habitual, para “Nine Lives” contaron con la ayuda de compositores ajenos, y se internaron en terrenos novedosos, derivados de ese repentino interés hacia la estética y la filosofía hindúes, y crearon uno de sus discos más exóticos y variados.

“Nine Lives”, la canción, nos saluda con unos salvajes maullidos de gato, entre los cuales destaca el emitido por el propio Tyler. Es la típica pieza rápida de apertura, pensada para iniciar los conciertos, como lo fueran “Heart´s Done Time”, “Young Lust” o “Eat the Rich” en los álbumes inmediatamente anteriores, y avanzando el disco descubriremos que es una de las mejores.

“Falling in Love (Is Hard on the Knees)” –qué gran título-, se lanzó como single, es una canción muy ligera y absolutamente irresistible, con su ritmo y estribillo híper pegadizos, y esa sensación de euforia general de los clásicos himnos de Aero.

Dos de dos, un estupendo arranque, que, pese a lo que pueda parecer, no baja el nivel con la siguiente. Y aquí llegamos a la polémica. “Hole in my Soul”, baladón FM edulcorado, pop mojabragas que lo llamaban muchos seguidores de la banda con desprecio, enésimo calco de un molde diseñado para reventar las ondas en las Radio fórmulas, si. Todo eso y mucho más se puede decir de un tema maravilloso, apasionante, pastelón y meloso a más no poder, pero ante todo una excelente canción. Vamos, que ni el estribillo de “Living on a Prayer”, ni los teclados de “The Final Countdown” eran malos por el hecho de que los tararearan desde el chico del túnel de lavado en la gasolinera, hasta el abuelo que se pasa el día mirando las obras en el barrio con un palillo en la boca.

Otra cosa es que los miembros de Aerosmith terminaran renunciando a gran parte de su furia rockera en beneficio de este tipo de canciones.

“Taste of India” es muy curiosa, tiene ese ritmo hipnótico, como si se tratara del balanceo de una cobra como las que aparecen en la portada, si bien alcanza su verdadera dimensión tan pronto como Tyler irrumpe con esa línea vocal vacilona, el “…When you are born you´re afraid of the Darkness…”, mucho más atractivo que los interludios con sonidos orientales y la larga coda final con ese ambiente de bazar en una ciudad del Lejano Oriente.

Desde los primeros Stones hasta Led Zeppelin, pasando por astros como Rainbow, Malmsteen, Dio… experimentaron alguna vez con estas texturas, pero en el caso de una banda tan caliente como Aerosmith, les habían quedado mucho mejor todas aquellas percusiones tribales que añadieron a algunas pistas en “Pump”.

Ese acercamiento a la cultura hindú generó algún problema a la banda, cuando voces cercanas a esa Religión protestaron por considerar que en la carátula se hacía burla a una danza sagrada india. Por este motivo, las sucesivas ediciones contaron con una portada alternativa, la imagen de ese gato macarruzo marcando paquete, anclado a una rueda giratoria y enfrentado a un lanza cuchillos.

Siguiendo con las canciones, “Full Circle” es la segunda balada melosa, sobre producida y azucarada hasta la náusea, donde de nuevo el mayor acierto llega en el puente antes del solo. Se deja oír, pero es uno de esos cuatro o cinco temas que de haber suprimido del track list final, hubiera hecho ganar puntos a este extenso álbum. El tipo de canción diseñada para torturar a un deather escandinavo al que quieras arrancar una confesión, desde luego.

Fijo que se dieron cuenta del empacho de almíbar que habían endosado al resto de la humanidad, pues a continuación, como disculpándose, colocan “Something´s Gotta Give”, una de las más rápidas y durillas, con la armónica enloquecida de Tyler en primer plano. Buen tema, muy movido y pegadizo una vez más.

“Ain´t that a Bitch”, escrita por Tyler y Perry junto a Desmond Child, es un tema lento mucho más logrado que “Full Circle”, con unos coros extraordinarios, en los que el frontman deja traslucir todo el fuego que lleva en el alma como sólo él sabe hacer, alcanzando las mayores cotas emocionales de todo el disco, como hiciera al cantar “Angel”, “What it Takes” o la mítica “Dream On”. Cuando se pone así, podría mirar de igual a igual a todo un Sinatra, y de hecho en los momentos más flojos en la historia de esta banda, siempre ha sido el que ha sacado la cara con más dignidad.

Muy bueno como cierre de la primera parte del Cd. A partir de aquí empieza lo que en mi viejo casete era la cara B.

“The Farm” se abre con la frase de la película de Judy Garland, “El Mago de Oz”, que utilizaban Rainbow para comenzar sus conciertos, antes de tocar “Kill the King” o “Spotlight Kid”, y al final del tema se percibe otra alusión al clásico cinematográfico. Es otro de los temas que cuenta con un ritmo muy duro y contundente, y una letra bastante esquizoide, supongo que se refieren a una granja de hongos y plantas alucinógenas, porque es el ambiente que trasmite la canción. El parón en el centro y la larga coda instrumental cortan un poco el rollo.

En todo caso, “Crash” recupera el pulso de “Something´s Gotta Give”, como si de pronto les hubieran cambiado la medicación y fueran a mil, en un tema con una línea vocal casi hardcore, siempre dentro de los parámetros Aerosmith, claro. Curioso, no tan logrado como aquel “Get Up” aceleradísimo que metieron Van Halen en “5150” hace ese mismo número de años, o el “The Same Thrill” de Scorpions en “Love at First String”, por mencionar dos ejemplos de temas acelerados en bandas que destacan más por la melodía.

“Kiss your Past Goodbye”, el último de los temas romanticones, tiene un aura nostálgica que queda resultona, aunque tampoco es nada del otro mundo, y de los temas finales el mejor es el acedeciano “Falling Off”, con Perry a las voces, y uno de esos solos de guitarra que te levantan el ánimo.

“Attitude Adjustment” no vale nada, relleno puro, y en la extensa “Fallen Angels” se dan el capricho de alargar el tema por encima de los 8 minutos, algo inédito en la carrera de los Toxic Twins, a quienes se ve contentos y relajados, conscientes de que han vuelto a dar en la diana, aunque la última parte sea, una vez más, prescindible.

Como suelo hacer, he dejado para el final la mención a “Pink”, tal vez el mejor tema del disco junto a los primeros, con un tiempo pausado y lleno de feeling, sonido muy cálido y gran interpretación como siempre del “labiudo” vocalista.

“Nine Lives” vino a ser para Aerosmith lo que “Bridges to Babylon” para sus hermanos mayores los Rolling Stones, editado unos meses más tarde: un trabajo que ni siquiera necesitaba ser una obra maestra. Los teníamos de vuelta y gozando de buena salud, la excusa perfecta para salir a la carretera y protagonizar otro de sus inolvidables tours, en el que alternarían los nuevos hits con todo el arsenal de clásicos.

Su visita a la capital de España en junio de 1997 coincidió con el triunfo liguero del Real Madrid de Fabio Capello, y recuerdo perfectamente a Tyler, que mira que suele ser hortera vistiendo, con la camiseta de ese equipo cargado de títulos y desprovisto de esencia. Es igual, un año antes el Atleti había conseguido el Doblete, y Brian Johnson y Angus Young, que presentaban “Ballbreaker”, posaron con la camiseta rojiblanca, que le queda bastante mejor a todo el mundo.

Os dejo en las manos de los Toxic Twins, y su "Nine Lives", un disco notable, entre 7 y 7´5:

http://youtu.be/MOg1tXNKN0U

Steven Tyler: Voz, Armónica
Joe Perry: Guitarra Solista
Brad Whitford: Guitarra Rítmica
Tom Hamilton: Bajo
Joey Kramer: Batería

Sello
Columbia Records