King Diamond - Conspiracy
Tras el éxito arrollador de Them, a King Diamond le debió parecer que se le había quedado un poco inconclusa la trama, y, en tan solo otro año más, sacó a la luz Conspiracy, una espectacular ensalada de complejos riffs con la que por fin dio carpetazo a la historia del villorrio Amon y sus chunguísimos habitantes.
Siempre de la mano de Andy LaRocque, que cada vez iba ganando más protagonismo, King contó con la misma formación, tan metalera, de Them, circunstancia que dio bastante empaque a esta segunda parte de la historia y le vino muy bien a un grupo que cambiaba de formación cada dos segundos. De hecho, ésta fue la última grabación en la que participó (y sólo como músico de sesión) el increíble batería Mikkey Dee, que se había hecho querer tras los primeros tres discos y ya formaba parte del sonido particular de la banda.
El resultado es un disco más de heavy metal con mayúsculas y sin complejo alguno, mismamente como una lluvia de hachas. Cada riff parece representar más aún que el anterior todos los tópicos del género. Esas guitarras con sus vibratos exagerados y sus armónicos chillones, esos amanerados breaks de la batería... sin embargo, más allá de esta consideración puramente estilística, el desarrollo musical de Conspiracy es tan intrincado, elegante y eficaz que enaltece cualquiera de las manías más bochornosamente horteroides del metal de los ochenta, poniéndolo en buen lugar. Si nadie se hubiera encargado de contrarrestar con clase las mongoladas de, digamos por ejemplo los W.A.S.P., yo personalmente me habría apeado de la burra del metal hace mucho.
O dicho de otra manera: si le das un palé de azulejos a tu vecino ñapas del quinto, te alicatará el tigre. Si se lo das a Gaudí, adornará la fachada de un palacio.
A pesar de su gran calidad, éste es un disco en el que cuesta bastante entrar. Nada más empezar, una enorme y orgullosa "sinfonía" de nueve minutos, llamada At the graves, nos cierra el paso incluso a los más frikies, por mucho que estemos deseando saber qué fue de Missy, de Grandma y de toda la caterva de espectros y demás. Entre montones de saltos y cambios de tempo de esos que precisan conocimientos de trigonometría si aspiras a verlos venir, la trama arranca en plan culebrón: con mucha intensidad pero soltando sólo algún dato nuevo cada mucho rato. Básicamente, nos cuentan que King (como personaje argumental) ha vuelto a Amon tras 18 años de tratamiento psicológico, sonado cual boxeador de quinta, y, añorando a su hermana muerta, se dedica a despertar y dar coba a toda la banda de fantasmas que la chamuscaron en la chimenea. A Them, vaya.
Poco a poco, Diamond va desarrollando así la que hasta ese momento fue, con diferencia, su trama más decadente, oscura y onírica, llena de personajes miserables y asuntos grises y freudianos que dan vergüenza o, como mucho, lástima. Y todo esto entre riffs que son como ramos de flores de aniversario, a pesar del insistente uso de disonancias y armonías tremebundas, y de arpegios de ésos virtuosos cual indigestión de golosinas. La combinación es cachondísima de puro osada, un auténtico malabarismo.
Las composiciones de LaRocque se salen por los cuatro costados; demostraba que se había convertido en mejor compositor de músicas para estas letras que su propio autor. Junto a cortes más cerebrales de King Diamond, siempre proclive a las ideas de bombero, como The wedding dream, Lies o la nombrada At the graves, LaRocque nos deleita con inspiradas maravillas como A visit from the dead o el single Sleepless nights.
El conjunto es quizá un poco menos redondo que el de Abigail y el de Them en cuanto a concepción del disco como un todo, y se trata en general de un disco difícil. Aún así, me parece que Conspiracy fue la tercera demostración de que cada disco de King Diamond era capaz de dar sopas con honda al anterior, por imposible que pudiera parecer.






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