Gigatrón - Los dioses han llegado
Mientras al barco de colegas
se lo tragan las olas
cantamos a capella
una canción de Manowar.
Mil veces me quitaré el sombrero ante el mejor "chiste de jebis" que jamás se escuchó. Cuando se corrió el rumor de que había un grupo en Valencia que parodiaba el metal ochentoso patrio, que actuaba con pelucas, mallas y paquetes postizos, diciendo cosas como que tenían los huevos gordos como dobles bombos, antes incluso de escucharlo me dio la carcajada, y aún no he parado.
Qué pedazo de maqueta (más tarde editada en CD por Brutus discos), qué colección de perlas, de tópicos desternillantes y de ideas felices como Touch me the guitar (like a fool, fool, fool) o el texto de la "satánica" Poseso, cuya primera estrofa me hizo llorar de risa la primera vez. Tetoishons and mejillions (Ai guanna toch), Rockanrrollo y su sangrante parodia de Yosi (los Suaves)... creo que este grupo intuía que iba a crear polémica, pero no sospechaba la longitud de los ríos de tinta que iban a generar estas letras tan ácidas y tan hijaputas.
Como ya se ha hablado tanto de Gigatrón y su controversia, qué decir ya a estas alturas. Sólo me queda hacer hincapié en lo que todo el mundo sabe: esta parodia está hecha desde dentro, es decir, por gente que conoce y ama el objeto parodiado. Vamos, que a pesar de todo es un jodido homenaje lleno de ternura.






Dioses de huevos greñudos y sudorosos
Había escuchado, cómo no y como todo el mundo, la canción fantasma "The peto el cacas" junto a alguna otra como "A mi sólo me gusta el rock":
A menudo los Manoguar vienen a mi barrio
Cuatrocientos pijos mueren bajo sus hachazos
Ozzy Osbourne es presidente electo del gobierno
Los maderos llevan greñas y me hacen cuernos
Y por fin me enfrenté al "todo" un domingo por la mañana, tranquilito.
Ese grito Brusdiquinsoniano del principio sonó... y ya empecé a llorar de la risa. Pasa mi padre por el pasillo, y me pregunta que de qué me río así. "De este disco... tú no lo entenderías".
Y sí, es que hace gracia a todos, pero sólo a los eruditos del rock y el "jevimetal" va a conseguir reventarles el estómago.
Estar en la discoteca Excalibur y ver cómo hasta los más puristas y trumetaleros, tras una estrofa del "The final countdown" de los Lliurop, acaban cantando la versión auténtica mientras se inundan de lágrimas (y no precisamente de pena): no tiene precio.
Charly Glamour, y su filosofía de vida en unos vídeos que circulaban por ahí:
Charly: "Esta canción va dedicada a lo que más quiero".
Público: "¡El jevimetal, Charly!".
Charly: "¡No! ¡El calimocho! Porque si te quedas sin jevimetal, te queda el calimocho. Si te quedas sin calimocho, no te queda nada".
¡Más dioses que los Lludas!
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