Deep Purple - Deep Purple
Este es el tercer y último disco de Deep Purple, con la Mark I, en la que aún estaba el vocalista Rod Evans y el bajista Nick Simper, y presumiblemente, tanto por críticas y por fama: el mejor trabajo de esta formación. No sólo eso, sino que es uno de las mejores entregas de cualquier alineación de Deep Purple, siendo ésta cercenada por la incorporación de Gillan y Roger Glover. Este trabajo discográfico, -también conocido por los fans como el Deep Purple III- quizá es su larga duración con más retazos de rock psicodélico. Un álbum perfectamente delineado y trazado, cocinado a fuego lento y haciendo acopio de una técnica exquisita por parte de los integrantes de la formación, quienes tocan aquí diversos palos, y además a la perfección, demostrando la enorme versatilidad de esta formación tan menospreciada y poco reconocida. Ésto se tradujo en bellas composiciones como “Lalena”, en enormes tracks de blues rock como “Why Didn't Rosemary” o “Bird Has Flown” o en cortes innovadores como “Fault Line” pasando hasta por pasajes que oscilan entre lo clásico-artístico-progresivo como la inspiradísima “April”, que a pesar de su duración es una obra muy bien lograda y cuidada hasta el más mínimo detalle.
El álbum homónimo de Deep Purple también destaca por su diversidad, destacando los buenos acabados buenos, realizados en parte por la iracunda y pasional labor de Ritchie a las seis cuerdas; liberando toda una retahíla de riffs pesados e inteligentes, auspiciado por la adoración que Jon profesaba a la música clásica, que los llevó a territorios cercanos al progresivo, aunque sólo se quedaron en eso: en retazos. Bueno, en este punto parece que la banda aún no se decidía por alguna de las dos corrientes que presentaban, los temas de hard rock furiosos llevados en volandas por la estupenda voz de Evans-ignorado por muchos- y por la agresividad e inquina guitarrera de Blackmore; furioso y destructivo, tejiendo riffs y solos con un talento demoledor, aunque todavía en pleno desarrollo. El mejor momento de Ritchie llegaría más adelante, consagrándose como uno de los grandes, sin duda. y con un trabajo de guitarra aún en desarrollo. Por otra parte se observaba la segunda tendencia: la de enhebrar un sonido más cercano, -de forma paulatina, eso sí- a la música clásica, con Ritchie empecinado en realizar piezas realmente elaboradas y equilibradas y con el teclado de Lord como denominador común, creando estructuras complejas y mezclando sonidos, algo que con el bestial "In Rock" llevarían a su máxima expresión. Lord aceptó la decisión y aún así supo mantenerse como un referente básico y un tremendo teclista.
Creo que la única razón por la que este disco no goza de la fama y el status de clásico atemporal que debería tener, es porque en su momento muy poca gente lo escuchó en USA. Cuando EMI/Capitol se negó a lanzar los discos de Purple en América, lo único que la banda pudo hacer fue firmar con un sello independiente llamado Tetragrammaton Records. El detalle es que este sello estaba distribuyendo también el Two Virgins de John y Yoko por las mismas fechas, pensando que con los puros nombres había encontrado su mina de oro, pero como fue acusado de material obsceno por la sociedad mojigata yanqui de la época -la portada en que ambos salen desnudos-, apenas invirtieron en marketing para la banda. El caso es que la pequeña discográfica terminó perdiendo dinero porque el Two Virgins, era horrible en todos los aspectos, así que se fue a quiebra prácticamente cuando acababa de lanzar este enorme homónimo de Deep Purple. El grupo no tenía la culpa pero este lamentable hecho, que hizo que también quedaran casi en la ruina y sin saber qué les depararía el futuro. Ésta sería el sello que los manejaría durante la Mark II y consiguientes discos.
Pero la cuestión es que este disco no tuvo éxito no porque no fuera bueno, sino porque el caprichoso azar así lo quiso, porque talento hay a raudales. El álbum es sólido de principio a fin, y algunos de los fans de Purple lo consideran la obra maestra de la MK I por esa mezcla perfecta de psicodelia, de riffs perfectos y solos creativos con el añadido de la dosis de elementos clásicos y complejidad musical proporcionados por Lord y Blackmore en un dualismo perfecto. Si Warner hubiera hecho la campaña que este plástico merecía y hubiera dado apoyo y difusión al disco... ¿quién sabe si el disco hubiera sido un enorme estallido como In Rock o Machine Head?. Pero no hay que quedarse con los acontecimientos que podrían haber sucedido y al final se quedaron en vagas ilusiones: el hecho de que el disco haya pasado desapercibido por una broma cruel del destino no significa que no sea maravilloso, ni que no lo podamos disfrutar hoy en día en toda su grandeza.
Chasing Shadows inicia con una de esas baterías que hacen época, ruda y granítica, con un derroche de potencia por parte de Paice que haría palidecer al propio Bonzo. llevándose definitivamente la canción y demostrando desde bien temprano que es uno de los mejores baterías de la historia, manejando la enorme maquinaria de percusión con ese bestial manejo de su instrumento. Su mejor trabajo con la Mark I sin duda alguna. Blackmore va añadiendo guitarras afiladas y chirriantes y con un efecto de distorsión medio oxidado, mientras Simper realiza unas líneas de bajo descomunales demostrando que fue un digno antecesor de Roger Glover. La melodía vocal de Evans es también muy buena, cargada de ecos para aumentar el aporte ácido, acicalando un tempo medio pausado a veces medio rápido en otras partes, con la velocidad de los instrumentos y haciendo gala de unas letras que van muy bien con el ambiente oscuro de la canción. Al 2:19 tenemos un magnífico solo de Richie lleno de "wha wah" y notas veloces, uniéndose al sonido de las guitarras infernales y endemoniadas de Hendrix y Clapton. Tras el solo, hay un amago de final, un falso escape sonoro por parte de la banda, que regresa con el ritmo desenfrenado gracias al solo de teclado. Los minutos finales son una larga mixtura de sonidos; con la batería insertando arreglos y otras percusiones a manera de solo para un abrupto final que sin previo aviso, nos indica que la canción toca a su fin. Enorme tema, la mejor elección para iniciar este disco.
Blind se abre paso con una entrada lenta y colosal, con un ritmo in crescendo, pero sin llegar a acercarse a la del primer track. Aquí el sonido que destaca desde el principio es el clavicordio, que da un aire barroco, del siglo XVII, y nuevamente se identifica con el sonido psicodélico que predominara en el ’67. El tema esta lleno de prodigiosos cambios de ritmo y de estructuras muy complejas, que vuelven a cortejar tímidamente al progresivo. El grupo va creando un ambiente que oscila entre el mundo de los sueños y el ambiente rudo y épico con ese ritmo juguetón del teclado y la batería, remachados por un clavicordio y la perfecta ejecución de Paice a la batería que desencadena un puente en caída libre con Ritchie y su perfecto solo, otra vez con el perpetuo uso de pedales. Maravillosa canción, con Jon Lord haciendo otro enorme trabajo, sobre todo con la elegante parte de la canción en la que ésta baja gradualmente el ritmo de manera incontestable y ampulosa.
Lalena es origional de Donovan. Si no les suena, es un cantautor folk escocés que logró fusionar el folk con el psicodélico. La balada es hermosa en sí, y el trato que le da Purple la lleva a otro nivel, quizá la mejor versión que jamás hicieron. Tiene un aurea de tristeza tácita de principio a fin, desde que emergen los primeros ganchos de teclado de Lord. El riff con que inicia la guitarra y los arreglos que se van incorporando, van aumentando esa sensación de angustia, de desarraigo, como si nos sintieramos desprotegidos. El solo de teclado se une a esa amargura, demostrando que Lord es un dandy a la hora de manejar el teclado, pero Rod Evans, en particular es quién hace un trabajo hercúleo, realizando su mejor interpretación vocal en Deep Purple, con una mezcla entre delicadeza, tristeza y con una emotividad que no se puede entender. Está claro que en cuanto a registro y potencia es antagónico a Ian Gillan, pero sí es capaz de hacernos vibrar y llevarnos al borde de las lágrimas con canciones como ésta. Lalena posiblemente sea una de las más grandes baladas de los 60’s, sobre todo en esta versión de Deep Purple.
Después se avecina Fault Line, que con menos de 2 minutos es la canción más corta del disco. Instrumental y experimental son los adjetivos o epítetos que mejor la definen. Inicia con los platillos de Paice y el órgano de Lord grabados al revés para dar un efecto sonoro impresionante. La guitarra avanza lentamente poco después, con Blackmore realizando notas raras de guitarra, que no son precisamente un solo, pero que parecen aueñarse de la estructura musical. Poco después se mezclan los sonidos y parece que un ovni ha llegado y se ha llevado a la banda. A pesar de ser un track totalmente experimental, para mí: funciona muy bien, tiene una duración perfecta apenas para no resultar tediosa. The Painter es un Hard Rock clásico con un buen ritmo de funk proporcionado por Nick y su bamboleante bajo, acompañado de los grandes arreglos de guitarra de índole blues de Ritchie. Blackmore hace unos remates de antología, además de la incendiaria intro, el solo que inicia es magistral, quizá el mejor hasta ese momento con la banda, lleno de feeling pero con una maestría que ya rebasa al promedio de guitarristas y que pronostica el gigante en el que el hombre de negro se convertirá en los 70’s. Parece que todas las notas parecen estar en su sitio, eclipsando el buen solo que Lord realiza como acompañamiento. En sí es un trabajo en equipo muy equilibrado, donde todos y cada uno aportan por igual para hacer este furioso blues rock, cerrándo el tema manera bestial.
Why Didn’t Rosemary? ostenta otra intro espectacular, en la que tenemos a un Ritchie titánico, quien además, le va agregando una especie de riff que va haciendo de comparsa a los versos. Tiene ésta una atmósfera más sombría, a pesar de que tanto la guitarra como el teclado suenan más limpios que en las canciones anteriores, con el blues de Blackmore como acicate principal. En los solos, las hostilidades las inicia Lord para ser seguido de forma eficiente por Ritchie: ambos son espectaculares y furiosos, con el malhumorado hombre de negro en estado de gracia, sobreponiendo dos guitarras por momentos y logrando un efecto de tormenta de notas que va dando vueltas hacia el final de la canción. Blackmore no sería tomado en serio como el gran guitarrista que es sino uno o dos años más tarde, pero aquí hacía gala de una fiereza, una solidez, una teécnica y un feeling que le acercaba más a Clapton, por citar un ejemplo. La canción es muy buena de principio a fin, tiene grandes riffs solos sustentados con ese poso de blues que no hace sino el sonido de la banda. El único punto débil si acaso quizás sea Rod Evans, a quien le falta un poco de feeling, pero cumple a la perfección.
En Bird Has Flown parece que la banda no se cansa de sorprendernos, esta vez con un ritmo muy enrevesado, donde la batería de Paice entra con clase cogidito de la mano con un punteo de bajo muy definido y la guitarra haciendo un riff cargado de distorsión marcándole el camino al teclado. La banda, a posteriori inicia un caos musical excelso y delicioso, formando una tensión igualmente exquisita, que no llega a explotar del todo en los coros más alegres y juguetones. La batería es aplastante, una avalancha que apenas baja de ritmo y continua haciendo juegos incluso en los puentes, donde la canción sí baja de intensidad. Es impresionante escuchar a la banda cuando sus integrantes actúan como una unidad perfecta y cada uno hace de gregario del otro y así sucesivamente. Hasta Rod esta vez suena perfecto. El tema tiene cambios de ritmo entre los solos, que por momentos parece apagarse, con Lord manteniéndola en auge. Brutal tema, digna de unos genios como éstos, mezclando la psicodelia con e Hard Rock brutal de excelente facturación; y mostrando a los 3 virtuosos en potencia que tenía la banda a estas alturas, tocando a tope.
April es la obra cumbre es con la que cierran el disco. una suite de 13 minutos. Lord apostaba por realizar una pieza clásica, mientras que los otros querían ir más por el Hard. La banda luce perfectamente ensamblada y a pesar de la longitud de la canción, no logro encontrar un instante en que éstos parezcan perdidos o improvisando, sino que cada nota está perfectamente calculada. La suite se divide en tres partes: la primera es una pieza instrumental interpretada por la MK I, que inicia con un órgano muy solemne y majestuoso, a la que se le une una guitarra rasgueada añadiéndo Ritchie unos arpegios muy acuosos, para hacer en conjunto una estructura bucólica, fascinante y atrayente. Al 3:45 hay una subida en la parte vocal que comienza la transición a la segunda parte. En Este segundo movimiento todavía continuamos con la tónica instrumental, pero esta vez con el plus del acompañamiento de la orquesta. Los arreglos son muy buenos, y lo mejor es que no rompen con la dinámica que ya traía la canción, sino que continúan y perpetúan la atmósfera tranquila y añeja. Deep Purple, o más bien, Jon Lord, demuestra que es un titan, y sin ser Brahms, realiza unos fragmentos sensacionales. La tercera parte entra casi en el minuto ocho, con la banda regresando a la carga, esta vez con Rod Evans cantando unas letras alegóricas en tono depresivo. Y con la formación jugando con cambios de ritmo y solos intercambiables entre sí sustentados con otro gran trabajo de batería y de bajo, que cierran de forma prodigiosa el álbum.
Aquí tenemos una notable evolución de la formación con este gran trabajo en el que todavía no han alcanzado su punto máximo pero en el que se observa que se está cociendo a fuego lento para luego explotar en discos posteriores . Este disco viene siendo su obra más cohesionada hasta la genial transición entre la Mark I y la Mark II, Pero sin duda: muy superior a los anteriores. Al mismo tiempo la banda exhibe una gran madurez, anticipando los grandes discos clásicos de los 70’s de la formación. En serio, mientras escucho este disco, menos entiendo cómo no se convirtieron en clásicos sesenteros. Quizá, además de los problemas de distribución Con el sello, también llegó ligeramente fuera de tiempo, cuando la psicodelia ya estaba en plena decadencia, pero éso no le quita un gramo de genialidad a esta obra. Insisto, si hubiera salido en el67: estaríamos hablando de uno de los discos icónicos del movimiento hippie. Así que si no lo has hecho, no sé a qué esperas para escuchar la joya de la Mark I. Cuatro cuernos altos y 8,5 Napster,s que rozan el nueve en esta joya de la Mark I, injustamente olvidada como talentosa.






Comentarios
Qué bueno!
vaya rescate, MOP, la época Simpers y Evans, estos tres primeros trabajos de Purple son pequeñas joyas, y hay grabaciones muy interesantes de este periodo, cuando aprendieron a improvisar, a alargar sin miedo temas como "Mandrake Root" hasta los 30 minutos, preparando el terreno para los tiempos de gloria de "In Rock", "Machine Head" y demás, ya con Gillan y Glover.
No creas que es una época olvidada por los fans, solo que quedó anulada por toda la grandeza que estaba por llegar. La portada, ese fragmento del "Jardín de las Delicias" del Bosco, que nos enseñaban en el colegio en clase de Arte, siempre me ha encantado.
Y por cierto, el apellido Evans parece gafe para un músico de Rock, porque aquí está Rod Evans, y el primer vocalista de AC/DC era Dave Evans, y estos dos si que creo que han sido olvidados por el imaginario global.
Por último, decirte que como reseñista tu ya no estás en el periodo Hair Metal de Pantera, estás en los días de "Far Beyond Driven", así que debes revisar bien tus producciones, que no se cuele ni un fallo, pero te sigues comiendo letras en algunas palabras. Cuestiones menores que no te costará nada perfeccionar.
"Silence is Golden...Wisdom is Rare"
estratosferico disco,
estratosferico disco, resalta por si solo rodeado de tanta mediocridad, tambien anda por ahi el señor michael.
aunque la reseña sea un poco confusa, buen trabajo amigo
Raro
Por raro y equivocado que a muchos les parezca este es mi disco favorito de la banda. Me encantan los solos de guitarra en The Painter y Why Didn´t Rosemary. Nunca más hizo Blackmore algo parecido. Teclados y batería también e lujo.
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La joya olvidada
Insisto en el grandioso que es este homónimo de la banda. Muestra de ello es que con la inmensa fama de la banda no se han hecho más de tres comentarios (uno mio). Sigo disfrutando el aire progresivo y los teclados del inmortal Lord en The Painter. La batería, el bajo, la voz, todo se oye perfecto.
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me trae buenos recuerdos
si, me gusta. Si no existiesen los siguientes trabajos, me refiero a in rock, machine head e incluso fireball, discazo injustamente maltratado, le daría 4 o quizás más, pero...-,
Ya sé que hablo de una formación distinta y me gusta la voz de Evans, pero, caray, adoro a John Lord, sin embargo creo que el disco, al igual que the book...., se excede en los teclados y no tiene el encanto de los del markII. Aún así, reconozco que Lalena me sigue enterneciendo,...., no se me voy haciendo vieja..., buen trabajo de los purple y muy buena crítica, un beso a todos
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