Death Angel - The Ultra Violence

Death Angel - The Ultra Violence
Lista de canciones

1. Thrashers
2. Evil Priest
3. Voracious Souls
4. Kill As One
5. The Ultra-Violence
6. Mistress Of Pain
7. Final Death
8. I.P.F.S.

Valoración: 
4

Cuando al hervidero que era la escena thrashica de San Francisco a mediados de los ochenta se sumó esta pandilla de primos y hermanos medio filipinos cuyas edades oscilaban entre los catorce y los diecinueve años, los detractores del estilo aprovecharían para manifestar su desprecio argumentando que hasta unos críos podían practicarlo. Pero Death Angel no eran unos chavales normales. La destreza con la muñeca que exhibían Rob Cavestany y Gus Pepa no se obtiene únicamente a base de rendir homenajes a un póster de Samantha Fox o analizando a cámara lenta las interpretaciones más apasionadas de Ginger Lynn. No, estos tíos debían castigarse sobre todo en el garaje, venga a gastar púas y dando la brasa al vecindario, a la vez que provocando admiración entre los coleguillas del barrio.

El álbum está construido alrededor de los tres temazos que componían Kill as one, aquella contundente maqueta producida por Kirk Hammet: Thrashers, Kill as one y The ultra-violence (instrumental) son variados, complejos y sobre todo suficientemente largos (muy largos) como para albergar mogollón de riffs, cambios de ritmo y solos de pentatónico maullar, muy en la onda del Kill’em all de Metallica. Lo complementan Evil Priest, con ese riff a lo Fight fire with fire y un solo que recuerda bastante al de Ride the lightning (la canción), y Voracious souls, acerca de un festín caníbal con videoclip incluido. Las únicas un poquillo flojas son Final Death, a pesar de su final inquietante, y I.P.F.S, que no es más que otra instrumental formada por un par de retales que les quedaba por ahí: un poco de guitarra acústica y a continuación la demolición total del edificio. Sintetizando lo absolutamente imprescindible habría que escuchar el riff que abre el disco y The ultra-violence, la osada instrumental de diez minutos cuya introducción parece robada a Mike Oldfield ("Tubular bells... Tubular bells... trae pacá, que te vas a enterar..."). Quizá se excedieron un poco en el metraje, de hecho hay un trozo cerca del final en el que andan algo perdidos, aunque al final se recuperan. Es lo que tienen las maratones, y más si se corren como mediofondistas. Mención aparte merece el vocalista Marc Osegueda que con sólo diecinueve años parecía el primo de Zumosol, y que poseía un chillido revientacristales bestial, tan intimidador o más que los habituales bramidos guturales de sus competidores. Es de los pocos cantantes de música cafre capaz de moverse por esos registros tan altos sin llegar a sonar ridículo.

The ultra-violence, sin ser perfecto de ejecución, muestra unas hechuras impropias para una banda tan extremadamente joven, y creó una enorme expectación por por sus nuevos trabajos. Sin embargo, con Frolic Through the park y sobre todo Act III les dio por un rollo supuestamente más progresivo, grabaron hasta una versión del Cold gin de Kiss y conquistaron otras audiencias, pero en mi opinión se alejaron demasiado de las maneras con que llegaron a atraer la atención de los acérrimos del Thrash.


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