Cloven Hoof - Cloven Hoof
La historia se vuelve a repetir una vez más.
Banda prometedora con notables recursos que debuta con un excelente primer trabajo y las mejores expectativas, asciende meteóricamente hasta casi tocar la cima y total, para al cabo de cinco años caer en barrena hasta el pozo del olvido por (casi) siempre más.
Como es lógico y normal, el progreso y el éxito de unos, siempre ha de comportar inevitablemente el ocaso y el fracaso de otros; llamadlo el principio de los vasos comunicantes o sencillamente, la vida. Las cosas son así.
¿Quién sabe? Quizás si algo inesperado hubiera sucedido o dejado de hacerlo en las vidas de dos colosos como Judas o Maiden, jamás hubiéramos disfrutado de sus mejores trabajos, y por otro lado, quizás si algo en un momento puntual en la carrera de Cloven Hoof no se hubiera torcido, quizás éstos hubieran ocupado el lugar de los primeros. ¿Quién sabe? Los giros de la vida son maravillosamente caprichosos.
Como decía, Cloven Hoof fueron una banda con talento. Quizás no con el talento natural e innato de los grandes, pero indudablemente estamos hablando de una formación con bastantes más recursos en comparación con otras bandas que sí llegaron hasta la cima y que todavía a día de hoy, siguen montando nauseabundas barbacoas. Triste. Muy triste.
Formados en la humilde ciudad de Wolverhampton y a punto de acariciar el año 1980, Cloven Hoof (La pezuña bifurcada, por decirlo de algún modo) empezó su particular singladura en esto del Metal. Después de haber grabado una desapercibida demo en 1979, la banda todavía debería esperar 3 largos años hasta que mediante Elemental Records (mucho me temo que fue auto-producida y editada) firmarán su primera placa oficial. La semilla no fue plantada en vano, y después del largo jornal, al fin germinó el fruto de la cosecha en forma de contrato profesional con la prestigiosa Neat Records, que contaba en sus filas entre otros, con los cada vez más agotados Venom, los súper-energéticos Raven o los aspirantes a recoger el relevo de Venom, Atomkraft. Sin duda estampar su firma con Neat invitaba al optimismo, pero desgraciadamente y después de cinco años y tres discos más (con otros sellos), el sueño iba a tocar a su fin.
Corría entonces el año '84. Maiden se habían escardado con 'Powerslave', y desde ese mismo instante de su concepción, quedaba institucionalizado que nada que se hubiera hecho antes o incluso uno o dos años después, iba a sonar inevitablemente fuera de onda y definitivamente paleolítico comparado con Harris y sus amigos extraterrestres. Por eso, cuando uno se enfrenta a 'Cloven Hoof' y lleva a cabo la ecuación mental que antes he comentado, no puede incurrir en el error y debe valorar el estilo y las formas partiendo de la comparación con el resto de bandas humanas de la época.
Aquí lo que tenemos es una banda que lucha competentemente con las pocas armas con las que contaba, y eso no es poco. Para que me entendáis; el ejemplo no es 100% válido, pero da una idea aproximada de lo que quiero decir. Desde el primer nanosegundo del riff de Dennis Stratton (qué criminalmente olvidado ha sido este hombre!!!) al principio de 'Prowler', uno ya advierte que se halla ante algo especial, pero al margen de eso, y apartando, si ello es posible, los sentimientos, uno ve de igual modo, que entonces faltaba mucho y mucho por pulir. Como todos sabemos 'The Number of the Beast' y toda la retahíla de mamuts que le siguieron, así lo confirmaría; luego, me he explicado, espero.
Precisamente por eso, uno observa que esta banda tenía cierto talento y cositas por trabajar, pero como también os decía antes, no siempre todo sale como uno quiere o sencillamente espera.
El primer corte 'Clovenhoof', abre con una excelente melodía que se perpetúa hasta el final del mismo con un éxito notable, mientras por otro lado el riffing del mismo Steve Rounds, demuestra que aquí no estamos ante un paquete. Imagino que nadie ha interpretado que el hombre es Jimmy Hendrix o algo, porque eso tampoco es. Lo que quiero decir, es que al margen de sus capacidades como solista (el motivo por cual el 90% de la gente juzga estúpidamente el talento de un guitarrista) yo valoro también el hecho de saber arreglar un tema, darle cuerpo y dotarlo de unas transiciones que unan todas sus partes, ya no de modo brillante, sino simplemente con coherencia, que tiene tela la cosa...
Todo este rollazo, es extrapolable al resto de la banda (con matices), si bien Rounds despunta como su fuerza motriz y conductora. Por tanto, teniendo presente todo lo qué he dicho, vamos a valorar al contenido del disco en su justa medida. Evidentemente esta es solo mi opinión, pero en 'Cloven Hoof' yo veo un potencial innegable. Gaitas al margen, ya todos sabéis por lo qué he comentado, que el cuento terminó como terminó. Probablemente el rollo (marketing) ese de que cada uno era un elemento (agua, fuego, tierra y aire) no cuajó entre la gente; y es que no me digáis... la idea es cutre de narices, y los 'chándals' galácticos que me llevaban los mendas, no te los pierdas tampoco...
Llega entonces uno de los puntos cruciales de un disco. Después de escupir un primer tema rebosante de fuerza, potencia y saber hacer; ¿Será capaz esta gente de no bajar la guardia al llegar el segundo? Pues la respuesta es afirmativa. Es más, 'Nightstalker' (mi primo del Cuenca) está si no por encima, al mismo nivel que su predecesora. Aquí lo que encontramos es otra tonelada de riffing NWOBHM marca de la casa pero con sello propio. Gran estribillo con los zarpazos de Rounds marcando la pauta. Por su lado, David Potter no es el cantante Heavy Metal que uno podría soñar, pero el tipo se muestra suficientemente confidente y centrado, y con eso me vale. 'Nightstalker' demuestra también porque Cloven Hoof ofrecen un plus de calidad y rango musical en comparación a otros colegas de su generación. Ojito a esa sección en (02:29), porque donde la mayoría se hubiera despachado con un riff (mejor o peor) y punto, para volver a engancharse al puente, aquí Cloven Hoof se descuelgan con una sección independiente del resto del tema y con toques, yo diría, que pedestremente progresivos, sorprenden a propios y extraños. Definitivamente. Las cosas pueden no salir, pero intentarlo demuestra carácter y otras cosas.
'March of the Damned' es una pieza instrumental que de per se, no demuestra mucho que digamos, pero acertadamente no llega a los dos minutos y se conforma simplemente con ser la antesala a 'The Gate of Gehenna', notable composición que en sus días mozos había ejercido de pistoletazo de salida a su primer Ep 'The Opening Ritual'. El desarrollo del tema es como poco notable, y su parte final emotiva al tiempo que épica. El descarrilamiento guitarrero de Rounds y esa inesperada estrofa que le sucede, llevan por lo menos tres ases para intentar superar las cartas del oyente. ¿Qué llevas tú?
Llegamos al quinto corte y encontramos al fin, el que en mi opinión es el único patinazo del álbum. Hablamos de patinazo, y de los que dejan un intenso dolor en el trasero, porque resulta difícil entender porqué un grupo con estilo y personalidad propia, se olvida por completo de sus señas de identidad, para irse a los carnavales y disfrazarse de AC/DC o Accept, y con bastante poca fortuna, ciertamente. ¿Sabéis esos disfraces de Spiderman que parecen más un pijama que otra cosa?. Pues me refiero exactamente a eso.
'Crack the Whip' es el tema. Y bien, pues es lo qué es, como os he dicho es un híbrido poco conseguido y que echándole algo de imaginación, desprende también un ligero tufillo a los Priest de de la primera mitad de los ochenta. Llegado este punto del disco, ponerse macarrita no hacía falta, pero bueno... supongo que a veces los productores necesitan un tema con gancho para vender mejor la moto.
Con 'Laying Down the Law' la banda se vuelve a poner el mono de faena y de nuevo las tuneladoras empiezan a socavar el suelo a lo bruto cuales Shai-Hulud retozando al sol por el desierto de Arrakis. Grandes cambios de ritmo y fuerza a raudales son lo qué veo por aquí. Rounds afila meticulosamente su hacha y se prepara para la última batalla. El medio tiempo de la parte central y la descacharrante sección a la que salta, cuando llega su final es, creedme, muy pero que muy grande. La parte final, con sus coros a tumba abierta y la guitarra de Steve Rounds chisporroteando a troche y moche es una gozada. Heavy Metal de alto voltaje, amigos lectores. Nada más, nada menos.
Y es ahora, cuando llega 'Return of the Passover'. El tema final que se estira hasta prácticamente los nueve minutos. Vamos a ver; ¿Cuántas bandas de Heavy Metal son o han sido capaces de escribir un tema así de largo y aguantar la intensidad hasta el último segundo? Pocas o casi ninguna? Pues bien, aquí Cloven Hoof lo que hacen es clavar su banderola y proclamar:
"Aquí en la cima del Metal, estuvieron Cloven Hoof, aunque solo fuera por nueve minutos". Y bueno, la verdad, eso no está nada mal, creo yo.
El tema rebosa genio e inspiración por cada uno de los poros de su piel (¿Tiene una canción poros o piel? Apasionante misterio), pero es incuestionablemente a partir de (06:45) cuando éste es dispuesto en una lanzadera espacial para salir proyectado hacia las estrellas, el infinito y todavía más. Demoledoras las guitarras, la sección rítmica y especialmente los coros que flotan por encima del resto, otorgando una dimensión épica al asunto, de no pocos quilates. Este es con bastante probabilidad, el momento más espectacular del plástico y por ende, de la discografía completa de la banda.
Resumiendo. Excelente primer trabajo de una banda primeriza que pudo haber ofrecido mucho más de lo finalmente nos dio. El destino, la vida, las circunstancias... lo que sea, pero ahí está 'Cloven Hoof' viendo pasar los años y todavía cautivando a las nuevas, si bien escasas, generaciones de caza-tesoros del pasado en clave Metal.
Valoración desapasionada: 7.4
(Bonus track) Como curiosidad, os dejo el siguiente dato:
Después de varios cambios en el seno de la banda y también al micro, finalmente Russ North entró en la banda en 1988, para grabar los que serían los dos últimos discos clásicos de la banda. Pues bien; Russ North fue uno de los aspirantes que en 1994 llegaron hasta la criba final de cinco cantantes de la cual salió vencedor Blaze Bailey. ¿Os imagináis de qué estoy hablando? Pues eso es, colegas. Que el tipo estuvo del canto de un duro para ser el nuevo cantante de Maiden, y no es nada malo, os lo aseguro. Para los curiosos, chequear el excelente 'A Sultan's Ransom' del '89.






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