Banzai - Duro y potente
Cuando salió a la venta este disco muchos lo recibimos con gran alborozo, vítores y palmas. Recuerdo haber seguido el proceso a través de la prensa y radio especializadas: el cambio de formación, el viaje del grupo a Ibiza para grabar en el estudio aquel "de la muete", que al parecer era del batería de los Judas, o algo así, y todos esos elementos glamourosos que le sabían dar a las noticias los periodistas melenudos cuando ponían el ojo donde querían poner la bala, en una época en que todo lo que quisieras saber sobre este tipo de música procedía, impepinablemente, de dos o tres revistas y dos o tres emisoras de radio, que te hablaban básicamente de 80 ó 100 grupos.
Tras esta fase de sana ansiedad, lo que nos encontramos los acérrimos de Banzai fue un disco mucho más duro que el primero, con una batería sonorizada y tocada de manera muy acorde con el título del vinilo, y unas guitarras en plan serrucho que ganaban en gordura muchos enteros, y que lo ponían todo perdido de armónicos maravillosos. Los arreglos, las estructuras, los solos, el orden de las canciones, todo contribuía a satisfacer plenamente a cualquier greñudo de la época, ya que estaba tratado con el mismo esmero que en el disco de debut, pero con un sonido y una actitud más modernos para el momento. Y con una calidad fuera de toda duda, que despuntaba por encima de la mayoría. Los riffs de Luces o No quiero esperar eran auténtica crema para el disfrute de guitarristas principiantes o talludos. Melodías hechas con cuartas o quintas, agresividad y sentido musical todo en uno, como ya había demostrado Salvador Domínguez en sus colaboraciones con Miguel Ríos.
Lo que desconcertaba un poco era que la vena inicial, el origen de esta segunda intentona, no parecía partir del grupo propiamente dicho, entendido éste como piña, como proyecto a largo plazo. Tanto en las fotos como en la propia música y las letras, se percibía cómo una serie de gente se había reunido de pronto en torno a los restos de algo que se quería reavivar, y había ilusión, profesionalidad… pero parecía como si todos estuvieran con un pie dentro y el otro fuera, haciendo currículum, a la espera de ver por dónde soplaba el viento. No ayudaba mucho ver por allí a un teclista que apareció como salido de la nada, en plan fichaje estrella, y que apenas tocaba en el disco. Y lo que tocaba, era clarísimamente un aquí te pillo, aquí te mato. Que me perdonen o maticen los implicados, pero yo como adolescente lo percibía como mi grupo favorito… solo que de alguna manera eso no era un grupo, sino simplemente la obra magna de Salvador Domínguez. De hecho poco tardó en llegar la espantada definitiva (¡oh, no!), y mi percepción se confirmó cuando mi querido Salvador se fue por ahí con el susodicho teclista a formar un extraño grupo llamado Tarzen, con letras en inglés y haciendo una música que para mi gusto rebasaba con creces el nivel de horterada que estaba dispuesto a asumir. Otra intentona a lo grande, otro hostión fugaz. Nada de esto me hizo gracia como espectador.
Por otro lado, este disco es el perfecto ejemplo de cómo en torno a 1984/85 el heavy metal se estableció (al menos en España) como algo cerrado, estático, con una indumentaria y unas maneras musicales fijas, "obligatorias". Con muy pocas excepciones (grupos que ya apuntaban hacia sonidos más duros, alguno que iba por libre, etc), todo aquel que sacara un disco en esta época era o no era heavy. Y si lo era, sus miembros no podían ir por ahí sin alguna muñequera, cinturón de balas o similar. Las melenas, prácticamente obligatorias, incluso aunque fueras calvo, y, de ser posible, pidiendo hora en "la pelu". Los cantantes, todos tenores, y cuanto más agudo llegaran mejor. Los guitarristas, o tocaban deprisa o se iban a la calle. Las portadas y las letras, en general fálicas, lo fueran o no de manera explícita. Los logos, afilados como cuchillas. Qué agobio, qué indigestión, sobre todo cuando todo esto empezó a ser explotado en serio como negocio. La mejor foto fija de esta época que conozco es la parodia de Gigatrón, que a muchos descojona y a otros tantos duele por el mismo motivo: porque está rematadamente bien tomada. Échale un vistazo al resoplante toro de la portada de Duro y potente. ¿Qué es? ¿Qué significa?






Trip metal!!
Por aquel entonces yo no andaba muy al tanto de la evolución del metal español, pero por lo que cuentas sí parece que de este disco se podría datar el origen de ese Heavy parodiado por Gigatrón, y mucho antes por los pamploneses Tijuana in blue, que llegaron a acuñar un término para él, el Trip metal, o trimetal, o como demonios se dijera.
Y al hilo de lo que comentas sobre la pregunta fundamental (heavy o no heavy?), recuerdo una entrevista en la radio a Obús cuando promocionaban Dejarse la piel que llamó un chavalín y le preguntó a Fortu: "Dice un amigo que Obús ya no sois heavys, es verdad?" A lo que Fortu contestó supuestamente indignado y orgulloso: "Chaval, dile a tu amigo que Obús somos muy heavys". Jeje, la verdad es que parecía un poco el circo de la WWE pero al revés, es decir, la WWE es una farsa disfrazada de realidad, mientras que el esperpento hacia el que fue derivando el heavy (y que tan bien describes) llevaba una base auténtica cada vez más envuelta en parafernalia superflua y elitismo.
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